EL AYUNO (referencia Biblia)

Por el R.P. Michael Boniface, fsspx

El ayuno es algo obligatorio:

Covertíos a Mí de todo vuestro corazón; con ayuno, con llanto y gemido. Joel 2, 12

Razgad vuestro corazones y no vuestros vestidos y volveos a Yahvé vuestro Dios; porque Él es benigno y misericordioso, tardo para airarse y de mucha clemencia, y le duele el mal.

San Pablo nos habla de sus frecuentes ayunos. 2 Cor 11, 27

Convertios cada uno de su mal camino y de vuestras obras malas…

¡Lava de malicia tu corazón, Jerusalén para que seas salva!

¿Hasta cuando hospedarás en tu corazón tus maliciosos pensamientos? ( Jeremías, 4, 14).

Valor del ayuno

Clamó al Señor todo el pueblo, con gran instancia, humillaron sus almas con ayunos y oraciones Judit 4,8.

Y Dios salvo al pueblo mediante la santa Mujer Judit del poder  de los asirios

El arrepentimiento les habría valido el perdón,así como Nínive quedó salvada cuando recurrió a la penitencia.

El arrepentimiento borra los crímenes, calma la ira de Dios, trasforma a los hombres, anula la maldición, abre a los pecadores el seno de Dios.

Así se expresan los grandes doctores sobre la contrición del corazón.

La sincera conversión, el verdadero arrepentimiento asegura el perdón de los pecados. Conversión y arrepentimiento o castigo y rechazo. Jeremías, 25, 2-8. Convertíos hijos rebeldes (Jeremías, 3, 14):

  •  “Es preciso apresurarnos dice San Agustín, a emplear los medios que Dios nos da para nuestra conversión, temerosos de que nos falte el tiempo si tardamos”.
  • “No tardes en convertirte al Señor, ni lo difieras de un día para otro; porque de repente sobreviene su ira, y en el día de venganza acabará contigo”[1].
  • “El que promete el perdón no promete el día de mañana” (San Gregorio Magno).
  • “Rompamos, pues, los corazones, para que si alguna mala hierba y engañoso pensamiento hay en nosotros, la arranquemos de raíz, y tengamos limpias las tierras para las semillas de la piedad” (San Juan Crisóstomo).

“Vienen sitiadores de una tierra remota, y lanzan gritos contra la ciudad de Judá. Como guardas de campo están a la redonda de ella, por cuanto se ha rebelado contra Mí, oráculo de Yahvé. Tu conducta y tus malas obras te han valido esto; es el fruto de tu maldad; castigo amargo que te llega hasta el corazón”( Jeremías, 4, 16-18).

Dios insiste sobre esta explicación:

a) “Vuestras iniquidades han trastornado este orden, y vuestros pecados os han privado del bien” (Jeremías, 5, 25).

b) “¡Escucha, oh tierra! He aquí que voy a traer sobre este pueblo calamidades, el fruto de sus mismos designios, porque no atienden mis palabras, y desprecian mi Ley” (Jeremías, 6, 19).

c) “Los malhechores beberán el vino de la ira de Dios” (Apocalipsis, 14, 10).

  • “El que peca mortalmente trabaja para la secunda muerte, es decir por el infierno” (San Ambrosio).

Osaes, 11,8  lament. 3,42.   Joel, 2, 15. nota

CONCLUSION

El tribunal humano juzga y castiga el tribunal de Cristo perdona, sana, llena de riquezas.

La penitencia es un verdadero baño del alma, es sanación, santificación recibida con las lágrimas, limosnas, oraciones.

Es mayor mal no procurar satisfacer a Dios después de haberle ofendido, que de ofenderle, dice San Juan Crisóstomo.

el que tiene corazón contrito se irrita contra si mismo para que Dios le sea favorable. el que se hace su propio juez recibe a Dios como abogado y defensor.

Penitencia o condenación.

La señal de una verdadera  compunción es evitar las ocasiones del pecado.

P Mauricio Meschler, S.J., Explanaciones del libro de los Ejercicios de San Ignacio de Loyola, 6a edición española. 632.

De un ladrón se hizo un penitente, de un penitente se hizo un santo, un bienaventurado. 638.

A los Hebreos en su lucha contra los filisteos  faltaba el espíritu de penitencia, único medio para asegurarse la benevolencia de Dios.   Una cierta piedad formulista cree agradar a Dios sin la reforma interior del corazón. Mons. Straubinger, LA BIBLIA COMENTADA


[1]Ecclesiástico, 5, 8.

¿Qué es la Liturgia Católica?

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El primer deber del hombre es adorar a Dios, rendirle el culto de adoración, de alabanza, de acción de gracias que le es debido. Dar culto de adoración a Dios significa reconocer a Dios como nuestro Creador y Señor. El nos hizo, de El dependemos. Le damos también gracias por todos los beneficios que recibimos de El. Le pedimos perdón por nuestras faltas y pecados y finalmente le pedimos también lo que necesitamos para nuestra vida y salvación eterna. En concreto estos son los cuatro fines de la Santa Misa.

Este culto no es solamente personal, individual, sino y sobre todo es un culto público, ordenado y prescrito por la Iglesia, bajo la moción del Espíritu Santo.

De este culto oficial se ocupa la Liturgia. La palabra Liturgia viene del griego leiton ergon que significa obra o ministerio público. En la Iglesia, “La Liturgia es por lo tanto, el culto público y oficial que la Iglesia Católica rinde a Dios y al mismo tiempo santifica a los fieles”. (1).

El padre Gregorio Martínez de Antoñana escribe: “La Liturgia, en sentido general objetivo, es lo mismo que el culto público de la Iglesia, y puede definirse: el conjunto de acciones, de fórmulas y de cosas con que, según las disposiciones de la Iglesia Católica, se da culto público a Dios” (2).

Como la Iglesia es el Cuerpo místico de Nuestro Señor Jesucristo, quien por medio de ella continúa su función sacerdotal a través de los siglos, en un sentido más teológico y completo puede definirse la Liturgia con el Papa Pío XII: “Es todo el culto público del Cuerpo místico de Jesucristo o sea de la Cabeza y de sus miembros”. Y más brevemente: “Es el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo por la Iglesia” (3). La liturgia es la teología hecha oración.

Pertenecen a la Liturgia: el Santo Sacrificio de la Misa, que es su alma y su centro; el oficio divino, que gira y desarrolla en torno a la Misa. El oficio divino se llama también el Breviario libro que contiene las oraciones oficiales de la Iglesia que cada subdiácono, diacono, sacerdote, obispo y Papa hace ocho veces al día por la Iglesia y todos sus hijos.

Pertenecen también a la Liturgia los Sacramentos, Sacramentales (bendiciones); y todos los ritos y ceremonias, símbolos y vestiduras, vasos y lugares sagrados y aún los cantos y melodías que la Iglesia usa para llevar a cabo este culto público y solemne.

La Liturgia es la vida misma de la Iglesia, del Cuerpo Místico de Cristo. Por eso tiene un poder para la santificación de las almas verdaderamente admirable. Mediante la liturgia católica suben al cielo la adoración, acción de gracias, petición de perdón y de ayuda de parte de los fieles y mediante esta misma liturgia descienden sobre los hombres la misericordia, ayuda, protección de Dios sobre los fieles católicos y su Santa Madre Iglesia.

La liturgia es el medio más poderoso que tiene la Iglesia para convertir las almas; santificarlas y protegerlas; La Liturgia es el medio más poderoso para comunicar la fe católica en el Sacrificio de Cristo renovado sobre el altar con la misma eficacia. Por esta razón desde los primeros siglos se dijo Lex orandi, lex credendi- la ley de la oración, es decir, la manera de rezar, nos dice la ley de la creencia; es decir, la manera de rezar, de dar culto a Dios demuestra lo que creemos.

Durante siglos, la fe católica fue comunicada mediante la liturgia, en la cual están concentradas todas las verdades del Credo católico. En la historia de la Iglesia encontramos los constructores y los destructores de la Liturgia. Cambiar, modificar la Liturgia de la Misa, por ejemplo, puede tener consecuencias incalculables sobre la fe del pueblo y de los sacerdotes; destruir su fe, corromper su moral y precipitarlos en la decadencia y apostasía. Los pueblos protestantes nos dan el ejemplo. Habiendo cambiado su Liturgia, cambió su fe y los hicieron herejes y actualmente ateos en muchos lugares. En el siglo XVI, en Inglaterra, el sacerdote hereje Tomás Cranmer cambió la Liturgia de la Misa del latín al ingles; después de unos años se perdió la fe católica.

Padre Michel Boniface

Fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen María y Candelaria

La fiesta del 2 de febrero está unida al misterio de la Navidad. Celebra al mismo tiempo la Presentación de Jesús en el Templo y la Purificación (legal) de la Santísima Virgen cuarenta días después del nacimiento del Salvador y se llena de luz con la Candelaria o procesión de las candelas, de gran simbolismo pues evoca la manifestación de Cristo, Luz del mundo recibido en el Templo por el anciano Simeón.
La venida del Salvador al Templo es el tema principal de la fiesta, de ahí que sea considerada como fiesta del Señor y por eso conocida también como fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo. Sin embargo nosotros veremos que como en toda la Obra de la Salvación, también en toda la composición de la Misa de este día Nuestra Señora se halla presente e íntimamente relacionen toda ella. Es más, históricamente sabemos que la fiesta del 2 de febrero es una de las más antiguas, si no la más antigua de las fiestas marianas de que se tiene noticias. Celebrada ya en Jerusalén desde el siglo IV, la fiesta de la Purificación pasó después a Constantinopla y luego a Roma, donde la encontramos, en el siglo VII, asociada a una procesión que parece ser anterior a la fiesta de la Virgen.
De la celebración Litúrgica:
Antes de la Santa Misa tiene lugar la bendición de las velas compuesta por cinco oraciones que dado el espacio no puedo compartir en este momento, pero que son sumamente ricas en contenido teológico, bíblico y doctrinal, sobre el sentido de las velas benditas como sacramentales, sobre la gracia infundida en ellas por la oración de la Iglesia y la obra santificadora de Dios Trinidad. Además hacen referencia al misterio celebrado en que Nuestra Señora porta en sus manos a Cristo el Señor que es recibido y anunciado por el Santo Simeón como Luz de las Naciones. Concluidas las oraciones y asperjadas con agua bendita normalmente son entregadas por el Sacerdote a los ministros y a los fieles para que una vez encendidas se dé inicio a la Procesión de la Candelaria, una de las pocas Procesiones Litúrgicas en el estricto sentido de la palabra, que es acompañada con los cantos de la Iglesia que hace suyas las palabras de gozo espiritual, confianza y gratitud de Simeón frente al Mesías Niño.
Terminada la procesión, el sacerdote se reviste con los ornamentos para la Misa que desde el introito, tomado del Salmo 47, celebra la llegada del Señor a su Templo y con Él su justicia, esto es la salvación que nos trae: “Hemos recibido, ¡oh Dios! Tu misericordia en medio de tu Templo; como tu nombre, ¡oh Dios!, resuena tu alabanza hasta los confines del mundo; llena está tu diestra de tu justicia. Ps. Grande es el Señor y muy digno de alabanza, en la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo. Gloria al Padre…”
Como de costumbre, el resumen de los sentimientos que nuestra Madre la Iglesia quiere comunicarnos para que los vivamos como fruto de nuestra Participación al Santo Sacrificio, se encuentra en la oración que llamamos Colecta, que para este día dice: Omnipotente y sempiterno Dios, humildemente suplicamos a tu majestad que, así como tu unigénito Hijo fue en el día de hoy presentado en el templo revestido de nuestra carne, así también hagas que te seamos presentados nosotros con el alma purificada. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo…
La epístola está tomada del libro del profeta Malaquías 3, 1-4; y anuncia con imágenes como el fuego y la lejía, la obra de purificación que realizaría la llegada del Mesías. Esa llegada del Mesías tan lejana para Malaquías, fue anunciada próxima a Simeón y nos es narrado en el pasaje Evangélico de este día (San Lucas 2, 22-32). Aquel anciano santo, desborda de alegría al ver con sus ojos lo que todos los justos del Antiguo Testamento anhelaron. Y prorrumpe en uno de los cánticos más bellos, junto al de Zacarías y el Magnificad de la Santísima Virgen y que diariamente entonamos en el oficio de Completas: “Nunc dimitis…” Ahora Señor, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, según tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, que has preparado a la faz de todos los pueblos, luz para iluminación de las naciones y para gloria de tu pueblo Israel.
El verso del Aleluya es una curiosa, pero bella composición breve, que quise dejar ya para terminar porque encierra el ideal de la vida de los cristianos, que somos seguidores pero a la vez llamados a ser portadores de Cristo, los que con el ejemplo de nuestra vida deberíamos llevar a Cristo a todos los ambientes en que nos desenvolvemos, los que deberíamos llevar a Cristo a esta sociedad que cada día más descaradamente da la espalda y dice No a Cristo.
Dice el texto: Senex púerum portábat; puer autem senem regébat (El anciano lleva al niño, pero el niño guía al anciano). Quiera Dios darnos la gracia de dejarnos guiar, por ese Niño, Dios Encarnado; dejarnos guiar y transformar por sus Palabras, por su Vida, por su Ley, de modo que siendo guiados por Él, le podamos presentar a los otros no solo de palabra sino con nuestro ejemplo y buenas obras y viendo nuestras buenas obras los hombres den gloria a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Nos ayude a conseguir este fin la intercesión de nuestra Señora la Siempre Virgen María, del Señor San José y de los santos Simeón y Ana.
A todos, muchas bendiciones en esta fiesta de la Candelaria.

Rafael Enrique Morán Pineda
Terciario FSSPX.

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Puntos de Educación: … Formar al jefe

(fragmento)

por el R.P. Alberto Hurtado, S.I.

LA EDUCACION DE DIRIGENTES

CUESTIONARIO. ¿Qué cualidades ha de tener un dirigente que tenga pasta de jefe? ¿Cuáles han de ser las aspiraciones centrales de un jefe? ¿Cómo cultivar el idealismo que tanto necesita un dirigente? ¿Cómo fomentar el espíritu de organización?

¡Jefes! ¿Jefes! es el gran clamor de nuestra época. La civilización moderna, así como va nivelando los medios de transporte, de alumbrado, de diversión, va nivelando también los hombres y, por desgracia, nivelándolos por lo bajo. Se va produciendo un tipo de hombres que es standard, como es standard el tipo de autos que se construyen en un año… Todos tienen las mismas aspiraciones: gozar lo más que se pueda, con el mínimo de esfuerzo; apurar la felicidad de la vida con la fruición con que se chupa un buen habano, sin preocuparse de que también la pobre vida humana va a quedar dentro de muy poco reducida a una colilla inútil. Todos lamentan terriblemente este descenso de los valores humanos en la sociedad de nuestros días, envilecimiento de los ideales, falta de esfuerzo, falta de generosidad, inconciencia para juzgar las grandes realidades de la vida, insconstancia es lo comenzado. En el fondo de nuestra época bulle un inmenso egoísmo que empequeñece los hombres, mata los ideales generosos y corre peligro de hacer perecer nuestra sociedad. En estas circunstancias todos los hombres honrados y patriotas claman pidiendo ¡Jefes! ¡Jefes! hombres que sobresalgan de la masa, se impongan por su valor personal, su preparación, sus virtudes.

La Acción Católica también adolece del mismo defecto. Le hacen falta jefes. Las tropas podrían reunirse. Habría muchos soldados de buena voluntad que acudirían presto si encontrasen un jefe que los agrupara y los entusiasmara con ideales superiores encarnados en su misma vida. De hecho donde quiera que aparecen esos jefes, la A.C. cambia de aspecto. Por más abandonado que sea un barrio o un pueblo, por más frío que sea el ambiente de una parroquia, donde aparece un jefe auténtico se agrupan los católicos en torno suyo y renace la vida espiritual. Mil ejemplos podríamos citar para comprobarlo. La gracia del Espíritu Santo no falta. Lo que falta son colaboradores entusiastas de la obra de Dios, que comprendan su misión y se lancen a la conquista de las almas.

¿Qué cualidades se requieren para ser jefe? Un proverbio inglés dice que en toda gran empresa intervienen tres hombres: un soñador,un trabajador, un organizador. El jefe es la síntesis de los tres. Su misión es conducir. El jefe no se improvisa la víspera de un combate; ni cae de las nubes, ni es un artículo de importación. Es un hombre que tiene cualidades extraordinarias y las desarrolla:

Soñador es la primera cualidad que el citado adagio requiere en el jefe. Esto quiere decir idealismo, entusiasmo, corazón grande y generoso, que vibre ante ideales superiores. El jefe no puede considerar la vida únicamente bajo el punto de vista de sus obligaciones, sino de sus posibilidades; no se fija tanto en las sanciones que se seguirán de una determinada conducta cuanto en la belleza de su obrar en el sentido del ideal. Jóvenes de esta pasta los hay y no pocos. La juventud es la edad del heroísmo y la gracia de Dios depositada en los corazones fuerza por abrirse paso en muchas almas hacia planos superiores. El exceso del mal de la época en que nos ha tocado vivir excita en las almas nobles un deseo de cumbres. El jefe debe ser un perpetuo inconformista con el mal de su época; jamás resignado a la vulgaridad, jamás pactando con las pequeñeces e imperfecciones. Es lo suficientemente realista para saber que “es necesario que haya escándalo”, pero al mismo tiempo está lleno de esa confianza “que vence al mundo”. El es una perpetua oposición al mundo en lo que tiene de malo. Nunca se resigna al evangelio del pecado. Por eso es incomprendido: se le tacha de soñador, de quimérico, de quijote, y no por eso se desalienta. Observa el mal, lo juzga con serenidad, pero no lo hace norma de su vida, sino que procura cambiarlo; no es un iluso, sino un hombre de fe.

En cuanto a su vida interior, el jefe aspira a ser un santo. No pacta con la mediocridad. Participa del pensamiento de León Bloy “que la única tristeza que puede tener un cristiano es la de no ser un santo”. Le repugna una vida interior señalada únicamente por los límites del pecado y de la obligación. Aspira a darse enteramente a Dios, y no se asusta al proponerse como ideal de su vida el mismo de San Pablo: “mi vivir es Cristo”. “¿Qué haría Cristo en mi lugar?” es su pregunta en cada una de sus dificultades, y todos sus problemas los soluciona a la luz de ese Cristo cuya vida él prolonga. Y con todo esto no es escrupuloso, ni corazón achicado, pudibundo, ni mojigato… Goza de libertad de espíritu: de esa santa libertad de los hijos de Dios, ausente de miedos y puerilidades.

En cuanto a su acción, el jefe la contempla como integrada en el gran organismo que se llama humanidad, a la cual aspira levantar a la altura de los planes divinos; pretende influir en toda ella por su oración, por sus obras repletas de divinidad, por su incorporación en Cristo y por su influencia personal en el medio en que le cabe actuar. Sin timideces ni falsas humildades es audazmente conquistador; es atrevido, sin dejar de ser prudente; es divino, sin dejar de ser profundamente humano.

Estos ideales los cultiva mediante una formación interior seria. Vida espiritual intensa que procura basarse en un conocimiento íntimo y personal de Cristo. Para eso estudia su religión, conoce sus dogmas, medita cada día la vida de Cristo o sus enseñanzas o los ejemplos de los santos con el fin de asemejarse más a ellos. Uno de los jefes que más ha revolucionado el mundo en la época moderna al leer las vidas de Fco. de Asís y Domingo de Guzmán, decía: “Esto hizo Francisco, esto hizo Domingo, pues eso he de hacer yo”… Excelente escuela de jefes donde se despierta de ordinario la primera chispa de idealismo son los ejercicios espirituales.

Organizador ha de ser quien aspira a ser jefe. ¡Cuánto idealismo quedan en el aire y no logran realizarse jamás, porque el jefe no fué un organizador! Sobre todo, ¡Cuántas influencias no duran más que la vida de la persona, ni van más lejos de su irradiación personal por falta de una organización fuerte en que se encuadren esos ideales. Un jefe no puede contentarse con su acción personal que es muy limitada; eso indicaría falta de ideales. Para que esa acción trascienda más allá se necesita una fuerte organización. Es necesario someterse a una reglamentación, perder horas en movimiento de oficinas, en cartas y tarjetas y listas y cárdexs, en organizarse, por más que protesten los ultraidealistas, que nunca llegan a ser jefes auténticos, porque no tienen el inmenso valor de aceptar las realidades. Pierden su vida en ideales, discursos, en concepciones grandiosas y, tal vez por un verdadero complejo de inferioridad, protestan contra la organización. De ahí que al perderse su influencia personal desaparece su obra sin dejar rastros.

Si hay una obra que requiera organización es la A.C., precisamente por ser “católica”, esto es de proyecciones nacionales, más aun universales. Para una obra de estas proporciones es necesaria una organización, y una aceptación seria aunque no escrupulosa de los reglamentos. De aquí que un jefe de A.C. necesite como condición básica tener cualidades de organizador. No basta la plenitud de sus ideales, la facilidad de su palabra, la simpatía de su persona: ha de ser también profundamente realista y por tanto, también organizador.

Claro está que un hombre meticuloso, que haga de la organización el centro de un movimiento, fracasará. Fracasará también quien pretenda dar a una obra una organización mayor de la que puede soportar en el momento preciso de su desarrollo: esto equivaldría a cargar a David con las armas de Goliat… Y no menos fracasará quien pretenda urgir una organización donde faltan los ideales. Ideales primero, ideales intensos; sin ellos no podrá subsistir una organización; pero después de los ideales, organización.

¡Que nuestros jefes de A.C. colaboren en la organización del movimiento! Que se impongan el prosaico sacrificio de ser exactos en cumplir los acuerdos de los respectivos consejos, en enviar sus actas de oficialización, las tarjetas registros, los cambios de dirección, en exigir el pago de las cuotas, en no faltar a ninguna de las reuniones, en una palabra, en llevar adelante todo el pesado mecanismo de la organización, no porque la organización sea apostolado en sí, sino porque es una condición previa a todo apostolado fecundo, duradero, universal.

Trabajador es la tercera cualidad de un buen jefe. Que no se contente con soñar, ni con borronear planes de organización, sino que se esfuerce por llevarlos a la práctica aceptanto todos los sacrificios que sean necesarios para realizar sus planes. ¡Y cuántos sacrificios trae consigo la realización de cualquiera empresa de importancia, sobre todo si ésta es de orden espiritual! Incomprensiones, críticas, verdaderos boycots de parte de algunos, personalismos estrechos de parte de otros; la inconstancia de los colaboradores, la interpretación errada de sus mejores intenciones…. Esto de parte de los que colaboran con él, sin contar con las dificultades que nacen de uno mismo, que son con frecuencia las mayores; desaliento, pesadez de ánimo, cansancio, aburrimiento de la empresa, solicitaciones a una vida más libre, más alegre, más divertida… El apóstol ha de luchar consigo y con los demás. Si quiere ser en verdad apóstol ha de morir como el grano de trigo, ha de podrirse en la tierra para comenzar a germinar y, tal vez, los frutos no los vea él, sino los que vendrán después.

El jefe ha de ir siempre adelante en el trabajo: ha de enseñar a los otros a trabajar, más con su ejemplo que con palabras; no puede contentarse con ser un burócrata que ordena y contempla los trabajos de los demás.

Trabajo constante ha de ser el del jefe. Constancia es una virtud, por desgracia, muy poco común en nuestras tierras americanas, cuyos habitantes se mueven más por la gana que por el deber. Cuando tienen gana hacen cualquier sacrificio por más árduo que sea; cuando no tienen gana nada ni nadie puede sacarlos de su inercia… Esa vida de gana es una de la peores calamidades que puede ocurrir a un movimiento como el de la A.C.

Finalmente, el trabajo del jefe ha de ser un trabajo alegre. Y la alegría ha de ser una nota que encuadre y eleve todas sus actividades. No ir gimiendo y llorando con la carga; quejándose siempre de su asesor, de sus colaboradores, de los compañeros, de los tiempos que nunca encuentra buenos, de las costumbres que están pervertidas. Un Jeremías no sirve para jefe. Ha de ser alegre, e irradiar su alegría, con una franca y viril sonrisa en los labios, con un cántico en el alma. “Canta y avanza” era una consigna de San Agustín que podría darse a todos los jefes.

CONCLUSIONES. Dar inmensa importancia a la Escuela de Dirigentes, que cada año organiza el Consejo de la A.C.

Dar responsabilidades a los socios para ir descubriendo los que tienen pasta de jefes.

Formarse mediante la meditación, la práctica de los sacramentos, el espíritu de sacrificio para llegar a ser un jefe cristiano. El dirigente cristiano no está para ser servido, sino para servir.

RECAPITULACION. ¿Hay o no crisis de jefes en Chile? ¿A qué se debe esta crisis de jefes? ¿Cómo podríamos formar jefes auténticamente cristianos? ¿Qué podríamos hacer en nuestro Centro por formar mejor a nuestros dirigentes?

***

sermón de san Juan Crusóstomo sobre la traición de judas

XVIII: Homilía primera acerca de la traición de Judas;
y acerca de la Pascua y de la dispensación de los divinos misterios y de no recordar las injurias. En la santa y grande feria quinta.

(Dos son las Homilías sobre la traición de Judas, muy semejantes y en muchos pasos iguales hasta en las palabras. La segunda la pronunció el año mismo en que dijo las 32 primeras sobre el Génesis, aunque no sabemos qué año fue ese; y parece una ampliación o nueva redacción de la primera, de manera que de dos hizo una o de una hizo dos. De aquí la variedad grande que se observa en la redacción de los manuscritos. Por esto, sin establecer comparaciones que nos llevarían muy lejos y no tendrían provecho dada la finalidad de nuestras versiones, simplemente omitiremos la segunda. Es muy de notar el pasaje, que se encuentra en ambas Homilías, sobre la transubstanciación en la Eucaristía y la presencia real de Jesucristo en ella, y ha sido muy citado).

NECESARIA cosa es tratar el día de hoy con vuestra caridad de algunas pocas cosas. Por lo mismo lo haremos en breves palabras; mas no porque os resulte pesada la longitud del discurso. En verdad que no se puede encontrar otra ciudad más deseosa de escuchar sermones espirituales. De manera que no es ese el motivo para que digamos sólo pocas cosas, o sea el no causaros fastidio con lo largo de la exposición; sino porque hay otra causa de la brevedad. Estoy viendo a muchos fieles que se apresuran a la comunión de los venerandos misterios: por esto, a fin de que ni pierdan la participación de aquella mesa ni del todo les falte ésta, se hace necesario ponerles delante con moderación los manjares, para que de ambos lados os venga provecho. Y provistos de este como viático de doctrina, con el debido temor y temblor os acerquéis a aquella comunión veneranda y a la vez temible.

¡Hoy, carísimo, el Señor nuestro Jesucristo fue entregado! ¡Porque, en la tarde de este día, los judíos, tras de apoderarse de El, se marcharon! Pero no te contristes al oír que Cristo fue entregado! ¡Contrístate y llora amargamente, pero no por Jesús sino por el traidor. Judas! ¡Porque el que fue entregado salvó al mundo, pero el traidor perdió su alma! ¡El que fue entregado está sentado a la diestra de Dios Padre en los cielos, mientras que el traidor ahora está en los infiernos soportando el inevitable supücio! ¡Gime por causa de él y llora; por causa de él derrama lágrimas, pues por causa de él lloró Cristo! Porque como lo viera, dice el Evangelista, se turbó y dijo: uno de vosotros me va a entregaré

¡Oh! ¡cuan grande es la misericordia del Señor! ¡El traicionado llora al traidor!; ¡Como lo viera, dice el Evangelista, se turbó y dijo; uno de vosotros me va a entregar! ¿Por qué se entristeció? ¡Para al mismo tiempo mostrar su amor y enseñarnos que siempre debemos llorar no al que sufre el mal sino al que lo hace! Porque esto es peor que aquello. Más aún: aquello no es malo, es a saber el padecer el mal; sino el hacer el mal, esto es en absoluto lo malo. Padecer el mal nos gana el cielo; pero hacer el mal nos es causa de castigo y gehenna. Porque dice El: Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos

¿Ves cómo el sufrir los males tiene como premio y merced ganar el reino de los cielo? Pues oye cómo el obrar el mal trae consigo pena y castigos. Habiendo dicho Pablo a los judíos: mataron al Señor, persiguieron a los projetas, anadió: Cuyo fin será según sus obras. ¿Ves cómo los que padecen persecución alcanzan el reino de los cielos, mientras que los que persiguen se preparan la ira del Señor? Y estas cosas no las he dicho a la ligera, sino para que no nos irritemos contra nuestros enemigos, y los compadezcamos y lloremos y nos dolamos de ellos. Ellos son los que malamente padecen; es a saber, los que son nuestros enemigos, Si de esta manera templamos nuestro ánimo, incluso podremos orar por ellos. Por esto es ya el cuarto día en que os exhorto a que oréis por tos enemigos, a fin de que la doctrina se grabe más profundamente, apoyada en la frecuencia de la exhortación. Por esto, con frecuencia insisto en mis discursos a fin de arrancar el tumor de la ira y contener su ímpetu, para que aquel que viene a hacer oración se acerque sin ira.

Cristo nos exhortó a esto no únicamente en bien de los enemigos, sino también de nosotros los que perdonamos las ofensas de ellos. Más es lo que recibes que lo que das, cuando quitas la ira contra tu enemigo. Dirás: ¿cómo es eso de que mayor es lo que recibo que lo que doy? Si tú perdonas a tu enemigo, a ti se te perdonan los pecados que has hecho contra Dios; porque éstos insanables son y no merecen venia; mientras que aquéllos obtienen perdón y descanso de ellos. Oye a Helí quien decía a sus hijos: Si un hombre ofende a otro hombre, está de por medio Dios para juzgarlo; pero si el hombre ofende a Y ave ¿de quién puede esperar la intervención? De manera que esa llaga no se cura fácilmente ni aun con la oración. No se remedia con la oración, pero sí con el perdón de los pecados del prójimo. Por esto el Señor llamó a aquellos pecados contra Dios diez mil talentos, y en cambio a estos otros los llamó cien denarios. ¡Perdona pues los cien denarios a fin de que se te perdonen los diez mil talentos!.

Pero ¡de orar por los enemigos ya hemos hablado bastante! ¡Volvamps si os place al asunto de la traición! ¡Veamos cómo fue entregado el Señor nuestro! Entonces se fue uno de los doce, llamado Judas Iscariote, a los principes de los sacerdotes, y les dijo: ¿qué me dais y yo os lo entrego? Parece claro esto que se ha dicho y que ya nada se sobreentiende. Pero si alguno cuidadosamente examina cada una de las cosas que se han dicho, daránle mucha materia de contemplación y le presentarán mucha profundidad de sentidos.

En primer lugar es de considerar el tiempo. Porque el Evangelista no simplemente lo indica, puesto que no dice solamente se fue, sino que añadió entonces; entonces se fue. Dime: ¿con qué ocasión y por qué motivo indica el tiempo así? ¿Qué quiere enseñarnos? Porque no a la ligera se dijo ese entonces. Hablando el Evangelista movido por el Espíritu Santo no hablaba en vano ni a la ligera. ¿Qué es pues ese> entonces? Antes de ese tiempo, antes de esa hora, se había acercado la meretriz con el vaso de alabastro con ungüento y había vertido sobre la cabeza del Maestro aquel óleo. ¡Grande cariño le mostró, grande fe, mucha obediencia y piedad! ¡Cambió su vida anterior, se hizo ella mejor y más temperante! Y cuando la meretriz se arrepentía y atraía al Señor hacia sí, entonces el discípulo traicionó al Maestro. Por esto el Evangelista dijo entonces, para que no acusaras al Maestro de debilidad cuando lo vieras traicionado por el discípulo. Porque tanta era la fuerza y virtud del Maestro, que aun a las meretrices las arrastraba a su obediencia. Dirás; ¿cómo es eso? El que pudo arrastrar a las meretrices ¿no pudo errastrar al discípulo? Podía arrastrarlo, pero no quiso que éste obrara el bien por necesidad; no quiso arrastrarlo por la fuerza hacia sí.

Entonces se fue. También ese se fue, tiene alguna materia de contemplación. Porque, no llamado por los príncipes de los sacerdotes, no obligado por alguna necesidad, no coaccionado, sino espontáneamente y de su voluntad libre hizo el mal y concibió aquella traición, y sin tener ningún consejero de su maldad. Entonces se fue uno de los doce. ¿Qué significa eso de uno de los doce? El decir uno de los doce, muestra una terrible acusación contra él. Porque había otros discípulos de Jesús hasta el número de setenta. Pero éstos estaban en segundo lugar y no disfrutaban de tan grande honor, no participaban de tan grande confianza, no participaban de los misterios tanto como los doce. Estos eran los más aprobados, el coro regio, el escuadrón cercano a Cristo. Y de éste se separó Judas. Así pues, para que entiendas que no un simple discípulo lo traicionó, sino de los del escuadrón aprobadísimo, dice: uno de los doce.

¡Y no se avergüenza el que esto escribió, que fue Mateo! ¿Por qué no se avergüenza? Para que aprendas que ellos siempre dicen la verdad y no ocultan ni aquellas cosas que pueden serles de vergüenza. Porque esas mismas cosas que parecen vergonzosas, demuestran la benignidad del Señor que se dignó conceder tan grandes bienes a un traidor, a un ladrón, a un ratero, y lo soportó hasta la última hora. Lo exhortaba, lo amonestaba y tenía todo cuidado de él. De manera que si él no atendió, no fue culpa del Señor. ¡Testigo es la misma meretriz! Porque ella, por atender a sí misma, alcanzó la salud. Así que no desesperes mirando a esa meretriz; pero tampoco te fíes de ti mismo mirando a Judas. Porque ambas cosas son dañosas: el desesperar y el confiarse. La confianza echa por tierra al que estaba en pie; la desesperación impide levantarse al que ha caído. Por esto Pablo exhortaba con estas palabras: Así pues, el que cree estar en pie mire no caigaA Ejemplo tienes de ambas cosas: de cómo el discípulo, cuando creía estar en pie, cayó; y de cómo la meretriz se levantó cuando estaba caída. Nuestro ánimo es inclinado a la caída; nuestra voluntad es voluble: por esto es necesario que por todos lados nos aseguremos y amurallemos.

Entonces se fue uno de los doce, Judas Iscariote. ¿Ves de qué compañía se salió? ¿Ves qué doctrina despreció? ¿Ves cuan grave mal sean la pereza y la desidia? Judas, el que se llamaba Iscariote. ¿Por qué me recuerdas su patria? ¡Ojalá que ni a él mismo lo conociera yo! Judas que se decía el Iscariote, ¿Por qué nombras su ciudad? Porque había otro discípulo de sobrenombre Zelotes. Y para que no naciera un error por causa del mismo nombre, distinguió a éste de aquél: a aquél, por su virtud, lo llamó Zelotes; a éste no lo llamó por su maldad, porque no dijo Judas el traidor. Y eso que convenía, una vez que al otro por su virtud lo había llamado así, a éste lo llamara por su maldad, y dijera: Judas el traidor. Mas, para enseñarte a guardar pura tu lengua de la acusación, perdonó al mismo traidor. Se fue, dice, Judas Iscariote a los príncipes de los sacerdotes y les dijo: ¿qué me queréis dar y yo os lo entregaré? ¡Oh palabra execrable! ¿Cómo pudo salir de la boca? ¿cómo pudo mover la lengua? ¿Cómo no se entorpeció todo el cuerpo? ¿Cómo la mente no enloqueció?

¿Qué queréis darme y yo os lo entregaré? ¿Esto fue, dime, lo que te enseñó Cristo? ¿Acaso no decía: no queráis poseer oro ni plata ni dinero en vuestras bolsas para reprimir en ti esa ya antigua avaricia? ¿No era esto a lo que continuamente exhortaba? Y añadía además: ¡Si alguno te hiere en la mejilla derecha, preséntale la otra! ¿Qué queréis darme y yo os lo entregaré? ¡Oh necedad! ¿Por qué motivo, te pregunto, o por qué acusación pequeña o grande que puedas presentar, entregas al Maestro? ¿Acaso porque te dio potestad sobre los demonios? ¿porque curó ias enfermedades? ¿porque sanó de la lepra? ¿porque resucitó a los muertos? ¿porque se opuso a la tiranía de la muerte? ¿Este pago le vuelves por semejantes mercedes? ¿Qué queréis darme y yo os lo entregaré? ¡Oh necedad! ¡o más bien, avaricia, pues tantos males engendró! ¡El, con el anhelo de aquélla, entregó al Maestro! Porque tal es esa mala raíz: a las almas de que se apodera las enloquece más que el demonio! Engendra, además, el desconocimiento de todo: de sí, del prójimo y de las leyes naturales, y finalmente saca a los hombres de toda razón y los vuelve furiosos y locos.

¡Observa cuántas conveniencias quitó del pensamiento de Judas! ¡La conversación, la convivencia, la compañía en la mesa, los milagros, la doctrina, la exhortación, las admoniciones: la avaricia lo arrojó al olvido de todas estas cosas! Con razón Pablo decía: ¡La avaricia es raíz de todos los malesP ¿Qué queréis darme y yo os lo entregaré? ¡Grande es la necedad de esta palabra! ¿Entregas, dime, a quien todo lo domina, al que impera a los demonios, ordena al mar y es Señor de toda la naturaleza? Pues para reprimir esa arrogancia y manifestar que si no quisiera nunca sería entregado, oye lo que hace. Al tiempo mismo de su prisión, cuando lo acometían armados de palos, lámparas y teas, les dice: ¿A quién buscáis?8 De modo que ignoraban a quién habían de aprehender.

Tan lejos estaba lo de que Judas pudiera entregarlo, que ni aun estando presente El veía al que iba a entregar, a pesar de las teas y de tantas luces. Y dando a entender esto el Evangelista, dice que tenían lámparas y luces y no veían. Todos los días lo amonestaba Cristo y le manifestaba con palabras y con obras que eso de traicionarlo no se le podía esconder. Y no lo acusaba delante de todos y en público para no volverlo más impudente; pero tampoco callaba, a fin de que no se lanzara a la traición sin temor, si creía que se ocultaba. Y así, frecuentemente decía el Maestro: Uno de vosotros me ha de entregar? Y con todo no lo nombraba públicamente. Muchos discursos hacía acerca de la gehenna y del reino; y en ambas cosas demostraba su poder ya en castigar a los pecadores ya en honrar a los justos; pero él todo eso lo despreció y Dios no lo atrajo a sí a la fuerza.

Porque nos hizo capaces de elección entre las buenas y las malas obras, quiere que libremente seamos buenos. Por esto, si no queremos, no nos obliga ni nos necesita: ¡porque el ser bueno a la fuerza, no es ser bueno! Y porque Judas era dueño de su libre albedrio y en su mano estaba el no obedecer y no inclinarse a la avaricia, por esto quedó ciego en su mente y traicionó a su propia salvación. Y dice: ¿Qué queréis darme y yo os lo entregaré? Acusando, pues, el Evangelista, su ceguedad y su locura, dice que al tiempo del prendimiento, Judas estaba junto con ellos: es decir, aquel mismo que les había dicho ¿qué queréis darme y yo os lo entregaré?

Pero no solamente por esto se ve el poder de Cristo, sino además porque al solo hablar El, retrocedieron y cayeron en tierra. Y como ni aun así desistieron de su desvergüenza, al fin El mismo se entregó. Como si les dijera: ¡Hice cuanto estaba de mi parte; declaré mi poder; os demostré que acometíais lo que no debía hacerse; pero, pues persevaráis en vuestra locura, por esto yo me entrego a mí mismo! Todo lo que precede lo he dicho con el objeto de que no acusaran algunos a Cristo, y dijeran: ¿Por qué no cambió el ánimo de Judas? ¿por qué no lo hizo temperante y moderado? Pero ¿cómo convenía hacerlo temperante? ¿por la violencia o por el libre albedrio? Si por la fuerza, ni así se haría mejor; porque nadie se hace mejor a fuerzas. Si por su libre albedrío y elección, Jesús puso todos los medios que podían corregir el libre albedrío y su elección.

Si Judas no quiso tomar la medicina no fue eso culpa del médico, sino suya, pues rechazó la medicina. Pues considera cuántas cosas hizo el Señor para atraerlo a mejores costumbres y volverlo al camino de salvación. Le enseñó toda sabiduría con las obras y con ias palabras, le dio potestad sobre los demonios, le dio facultad de hacer muchos milagros, lo aterrorizó con la amenaza de la gehenna, lo animó con la promesa del reino, le argüyó con frecuencia sus arcanos proyectos, y con todo al comprobárselos no lo descubrió en público, le lavó los pies como a los demás, lo hizo participante de su mesa y sus manjares :10 ¡nada ni pequeño ni grande omitió! Pero Judas voluntariamente permaneció sin enmienda.

Y para que entiendas que éste, aunque pudiera cambiarse, no quiso; sino que todo provino de su desidia, oye cómo, una vez que lo entregó, arrojó los treinta dineros y exclamó: ¡He pecado entregando la sangre justa! 11 ¿Qué es esto? Cuando lo veías hacer milagros no decías: ¡Pequé entregando la sangre justa!, sino “¿Qué queréis darme y yo os lo entregaré?” Y cuando el mal fue adelante y la traición se llevó a cabo y el pecado se consumó, entonces conociste el pecado. ¿Qué aprenderemos de aquí? Que mientras estamos en la desidia, de nada aprovechan las admoniciones; mientras que cuando procedemos con empeño, podemos levantarnos con nuestra propia libertad.

Así le sucedió a éste: que cuando el Maestro lo amonestaba no lo escuchó; y en cambio, cuando ya nadie lo amonestaba, entonces su conciencia propia se conmovió, y se cambió sin que nadie le sirviera de Maestro, y condenó su propio crimen y arrojó los treinta dineros. ¿Qué queréis darme y yo os lo entregaré? Y le presentaron, dice el Evangelista, treinta dineros. ¡Y apreciaron así la sangre que no tiene precio! ¿Por qué recibes, oh Judas, los treinta dineros? ¡A derramar su sangre gratuitamente vino Cristo al mundo! Y tú ¿haces por El pactos y convenciones impudentes? Porque ¿qué cosa más impudente que ese contrato?

Entonces se acercaron los discípulos. ¡Entonces! ¿cuándo? ¡Al tiempo en que estas cosas se hacían; cuando se pactaba la traición; cuando Judas se perdía a sí mismo! Se acercaron a El los discípulos diciéndole: ¿en dónde quieres que preparemos la Pascua? I3 ¿Has observado a los discípulos? ¡Aquél entrega al Señor, éstos cuidan de la Pascua! ¡Aquél hace pactos, éstos preparan el ministerio! ¡Todos ellos, éste y aquéllos, habían brillado por sus milagros, habían enseñado la misma doctrina, estaban dotados de la misma potestad! ¿De dónde vino el cambio? ¡Del propósito! ¡Este es en todas partes la causa de los bienes y de los males! ¿Dónde quieres que te preparemos la comida de la Pascua? ¡Era entonces la tarde! Y porque el Señor no tenía casa, por esto le dicen: ¿Dónde quieres que te preparemos para comer la Pascua? ¡No tenemos hospedaje seguro, no tenemos tienda ni casa! ¡Aprendan aquellos que construyen magníficas casas y amplios pórticos y largos cercados, que Cristo no tuvo en dónde reclinar su cabeza! Por esto le preguntan: ¿En dónde quieres que te preparemos para comer la Pascua? ¿Cuál Pascua? No era aún la nuestra sino que por mientras era la de los judíos. Porque aquélla la prepararon los discípulos, pero la nuestra la preparó El personalmente. Ni sólo la preparó, sino que El mismo se hizo Pascua. ¿En dónde quieres que te preparemos para comer la Pascua?

Era aquella la Pascua judía, la que tuvo su comienzo allá en Egipto. Y ¿por qué motivo la comió Cristo? ¡Porque cumplió con todas las prescripciones legales! Así, cuando era bautizado, decía: ¡Así conviene que nosotros cumplamos toda justicia! Vino a redimir al hombre de la maldición de la Ley. Porque envió, dice Pablo, Dios a su Hijo nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley 15 y para derogar la Ley. Y para que no dijera alguno: la derogó porque no la podía cumplir, por ser ella pesada y onerosa y difícil, una vez que cumplió perfectamente todo lo que tocaba a la

Ley, entonces la derogó. Por esto, pues, celebró la Pascua; porque la Pascua era un precepto de la Ley.

Y ¿por qué la Ley ordenó comer la Pascua? ¡Ingratos eran para con su Benefactor los judíos; y apenas recibido el beneficio se olvidaban de los preceptos divinos! Por ejemplo: cuando apenas habían salido de Egipto, tras de ver dividido el mar y luego de nuevo compactado, y otros innumerables milagros, decían: ¡Hagámonos dioses que nos precedan! ¿Qué dices? ¡Aún están los milagros en las manos, como quien dice, y ya te olvidaste del bienhechor? Así pues: por ser ellos tan insensatos y desagradecidos, Dios los obligó, mediante festividades varias, a recordar sus dones. Y por esto les ordenó inmolar la Pascua. Con el objeto., dice, de que si tu hijo te preguntare ¿qué significa esta Pascua?, le respondas: porque nuestros mayores untaron con la sangre de un cordero, allá en Egipto antiguamente, las puertas, a fin de que al llegar el ángel vengador y verla no se atreviera a entrar y meter allá adentro el castigo.

Con esto, en adelante la fiesta fue un continuo recordatorio de la salvación. Ni solamente ganaban eso de que les recordara los beneficios antiguos, sino otra cosa mayor: el que les prefigurara lo futuro. Porque aquel cordero era figura de otro Cordero espiritual; y una oveja prenotaba a otra. Si aquél era la sombra, este otro era la verdad. Y cuando apareció el Sol de justicia, cesó la sombra: porque con el nacimiento del sol se disipan las sombras. Y por esto, en una y la misma mesa se llevaban a cabo ambas Pascuas, la tipo y la verdadera. A la manera que los pintores en una misma pintura pintan los contornos y dibujan las sombras y finalmente añaden la variedad de los colores, así hizo Cristo. En aquella sola mesa describió la Pascua antigua y añadió la verdadera. ¿En dónde quieres que te preparemos para comer la Pascua? Aquello era la Pascua judía. Pero, una vez que nace el sol, ya no debe dar luz la lámpara. Una vez que se acerca la verdad, apártense las sombras.

Esto lo digo para los judíos que creen celebrar la Pascua; y que con insensato consejo nos presentan los ázimos, ¡ellos los incircuncisos de corazón! ¿Cómo, te pregunto, oh judío, celebras la Pascua? ¡El templo fue arrasado, el altar desapareció, profanado está el Santo de los Santos y ha fenecido toda clase de sacrificios! Entonces ¿cómo te atreves a llevar a cabo lo que es ilegal? En otro tiempo marchaste a Babilonia; y los que te lleve.ron cautivo, te decían: ¡Cantadnos algunos de los cantares de Sión! Y tú te rehusabas. Y declarando esto David, decía: Junto a los ríos de Babilonia, ahí nos sentábamos, y llorando nos acordábamos de Sión. De los sauces de la orilla suspendimos nuestras cítaras. Es decir, el salterio, la cítara, la lira y todos los demás instrumentos músicos. Porque de ésos usaban antiguamente, y con ellos entonaban los salmos. Y al ir a la cautividad los habían llevado consigo, no para usarlos, sino para tener un recuerdo de las costumbres patrias. Porque ahí, los que nos habían llevado cautivos, nos pedían que cantásemos las palabras de nuestros cantares. ¿Cómo cantaremos los cánticos de Y ave en tierra extraña?

¿Qué dices? ¿No cantas el cántico del Señor en tierra extraña y en cambio celebras la Pascua del Señor en tierra extranjera? ¿Veis la ingratitud de alma? ¿Veis la iniquidad? Cuando había enemigos que los obligaban no se atrevían ni siquiera a cantar un salmo en tierra extranjera; y ahora en cambio ¿voluntariamente y sin que nadie los obligue ni les haga violencia, hacen guerra a Dios? ¿Veis cuan impuros son esos ázimos? ¿cuan ilegítima la festividad? ¿cómo esa Pascua judía no es Pascua verdadera? ¡Antiguamente existía una Pascua judía; pero ahora, ya desapareció por haber venido la Pascua espiritual que entonces nos dio Cristo!.

Porque mientras comían y bebían ellos, dice el Evangelista, habiendo tomado Cristo el pan, lo bendijo, lo partió, y dijo: ¡Este es mi cuerpo que por vosotros se quebranta para remi* sión de los pecados! 19 Los iniciados saben el sentido de lo que se dice. Y luego tomó el cáliz, y dijo: ¡Esta es mi sangre que será derramada por muchos, para remisión de los pecados! 20 Y cuando esto decía, estaba presente Judas. ¡Este es, oh Judas,! el Cuerpo que vendiste por treinta dineros! ¡Esta es la sangre sobre la que tú pactabas hace poco con los impíos fariseos!.

¡Oh benignidad de Cristo! ¡Oh demencia y locura de Judas! Porque él lo vendió por treinta dineros, pero luego Cristo no rehusó dar para remisión de sus pecados esa misma sangre al que la había vendido, si éste lo quisiera! ¡Presente estaba Judas y se hacía participante de la mesa sagrada! Porque así como Jesús lavó los pies a éste, lo mismo que a los otros discípulos, así éste fue participante de la misma mesa sagrada, a fin de que no le quedara lugar a excusas, caso de perseverar en su maldad. Porque el Señor, de su parte mostró y puso todo lo que le tocaba, pero aquél permaneció empedernido en su malvada determinación.

Pero se acerca ya el momento de llegarse a la veneranda mesa. ¡Acerquémonos, pues, todos con la debida reverencia y moderación! ¡Que nadie sea un Judas, nadie un malvado, nadie repleto de veneno, ni tal que una cosa revuelva en su boca y otra en el pensamiento! ¡Presente está Cristo! Ahora, aquel mismo que preparó aquella mesa nos ha preparado esta otra. Porque no es un hombre el que hace que las ofrendas se conviertan en el cuerpo y sangre de Cristo, sino el mismo Cristo que por nosotros fue crucificado. De pie está el sacerdote realizando la figura al proferir las palabras; pero la fuerza y la gracia de Dios son de Dios. ¡Este es mi cuerpo!, dice. Y con esta palabra transforma la ofrenda. Y a la manera que la voz aquella: ¡Creced y multiplicaos y llenad la tierra! P fue pronunciada una sola vez, pero perpetuamente da virtud a nuestra naturaleza para la procreación de los hijos, así esta voz, pronunciada una sola vez en la Iglesia en cada mesa, desde aquel tiempo hasta el presente, y hasta la venida de Cristo, hace el sacrificio perfecto.

Así pues, nadie se acerque con disimulo, nadie repleto de maldad, nadie con el pensamiento lleno de pecados, a fin de que no se haga participante para su condenación. Porque, en aquel otro tiempo, en cuanto Judas recibió la oblación, el diablo se apoderó de él, no precisamente burlándose del cuerpo de Cristo, sino burlándose de Judas por su impudencia. Y esto, para que conozcas que de aquellos, sobre todo, que participan indignamente de los sagrados misterios, con frecuencia se apodera el demonio; y se les mete, como entonces aconteció a Judas. Porque los honores ayudan a quienes son dignos de ellos; pero a quienes indignamente los disfrutan a ésos los arrojan a mayores suplicios.

Y no digo esto para aterrorizaros, sino para volveros más cautos. ¡Nadie pues se convierta en Judas; nadie se acerque inficionado con el veneno de la maldad! Porque el sacrificio es un espiritual alimento. Y así como el alimento corporal, cuando cae en estómagos cargados de humores malos, aumenta la enfermedad, no de su natural sino por la enfermedad del estómago, así sucede en los misterios espirituales: porque cuando caen en una alma repleta de iniquidad, más la corrompen y debilitan, no de su natural, sino por la enfermedad del alma del que los recibe. Nadie, traiga, pues, en su interior pensamientos malos; sino, ai revés, purifiquemos nuestra mente; puesto que nos acercamos a un sacrificio limpio, santifiquemos nuestras almas, cosa que puede hacerse en un solo día.

¿Cómo y de qué manera? ¡Si algo tienes contra tu enemigo, depon la ira, cura esa llaga, acaba con la enemistad para que alcances confortamiento en la mesa sagrada. ¡Porque te acercas a un sacrificio venerando y santo! ¡Reverencia lo que está en esa oblación! ¡yace ahí Cristo muerto! Muerto ¿por qué motivo, por qué causa? Para hacer las paces entre el cielo y la tierra, y para hacerte amigo de los ángeles y reconciliarte con el Señor de todos; y para hacer de ti, ¡el enemigo suyo y adversario! un amigo. Dio El su vida por aquellos que lo odiaban ¿y tú guardas enemistades contra tu consiervo? Pero entonces ¿cómo podrás acercarte a la mesa de paz? ¿El no rehusó ni aun morir por ti y tú rehusas perdonar la ira contra tu consiervo, y esto en bien tuyo? ¿Son dignas de perdón tales cosas?

Responderás: ¡me ha dañado, me ha perjudicado! Pero eso ¿qué significa? ¡Daño es de dineros, puesto que aún no te ha herido, como Judas a Cristo! Y con todo, Cristo, aquella sangre que derramó, la ofreció por la salvación de los mismos que la derramaron. ¿Podrás tú alegar algo semejante? ¡Si no perdonas a tu enemigo, no lo dañas a él, sino que tú mismo te dañas! Porque muchas veces has ofendido a Cristo en esta vida y te has vuelto indigno de perdón para la actuación en el juicio futuro; puesto que no hay cosa que más aborrezca Dios que a un hombre que no sabe olvidar las injurias; a un corazón hinchado y a un ánimo inflamado en ira. Porque oye lo que dice: ¡Si vas a presentar tu ofrenda ante el altar y ahí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja ahí tu ofrenda delante del altar, ve primero y reconcilíate con tu hermano, y luego vuelves a presentar tu ofrenda!.

¿Qué es lo que decís? Luego ¿he de perdonar? ¡Sí! dice. Porque este sacrificio fue establecido para conservar la paz con tu hermano; y si tú no haces la paz, en vano participas del sacrificio, puesto que para ti en vano se lleva a cabo. Haz pues en primer lugar aquello por lo que este sacrificio fue instituido, y luego bellamente gozarás de él. Para esto vino el Hijo de Dios: para reconciliar nuestra naturaleza con el Señor de ella. Mas no vino solamente para eso, sino además para que si hiciéramos esto que digo, hacernos El participantes de su propia denominación. Porque dice: ¡Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios!.

Pues lo que hizo el Hijo de Dios hazlo tú en cuanto alcancen tus fuerzas, a fin de que seas pacificador para ti y para los otros. Por esto a ti, una vez pacífico, te llama hijo de Dios. Y por esto mismo, al tiempo del sacrificio, no hace memoria de ningún otro precepto, sino de la reconciliación con tu hermano, mostrando con esto ser ese el máximo precepto de todos. Quería alargarme en mi discurso, pero lo dicho es suficiente para aquellos que cuidan de sí mismos, si lo retienen en su memoria.

Acordémonos, pues, carísimos, constantemente de estas palabras y del ósculo santo y el abrazo temible que nos damos mutuamente. Esto entrelaza nuestras almas y hace que todos seamos un mismo cuerpo, puesto que todos participamos de un mismo cuerpo. ¡Formemos todos un solo y mismo cuerpo, no mezclando nuestros cuerpos sino uniendo nuestras almas con el vínculo de la mutua caridad! Así podremos gozar de esta mesa con entera confianza, Porque, aunque abundemos en infinitas obras de justicia, si no olvidamos las injurias, todo será en vano e inútil; y no podremos sacar de todo aquello ningún fruto para la salvación. Enseñados así de ratas cosas, echemos fuera la ira; y una vez purificada nuestra conciencia, acerquémonos con toda mansedumbre y modestia a la mesa de Cristo, con el cual sea al Padre la gloria, el honor y el poder, juntamente con el Espíritu Santo, ahora y siempre y por tos siglos de los siglos. Amén.

El Bautismo del Señor

Mientras que en el Novus Ordo, esta fiesta es movible, ya sea para el domingo posterior a la Epifanía o si esta se celebra en domingo, para el lunes siguiente; en el Calendario Tradicional la Conmemoración del Bautismo del Señor tiene una fecha fija, el 13 de enero de cada año, justo en el día que alguna vez ocupó la Octava de la Epifanía. Y es que como decíamos precisamente hace ocho días este evento es como una nueva etapa de la “Manifestación” del Señor; como una prolongación de aquella a los Magos de Oriente. Y precisamente este carácter de continuación se ve reflejado en los textos propios de la Misa, pues utiliza los mismos de la Misa del 6 de enero, variando sólo las oraciones y el Evangelio.
Dos elementos quiere subrayar con fuerza esta celebración:
El primero: como el 6 de enero la Manifestación de la Divinidad de Cristo nuestro Señor. Allá lo vimos como Dios escondido tras la apariencia pobre e indefensa del Pequeño Niño nacido en Belén; ahora le vemos formado en la fila de los que acuden a un bautismo de penitencia, pues ha querido nuestro Amado Señor hacerse en todo semejante a nosotros menos en el pecado. Y justo en ese momento según el testimonio del mismo Bautista se manifestó la Divinidad de su Origen (si me permiten la palabra) y de su ministerio o misión pues vio que sobre Él se posaba el Espíritu Santo en forma de paloma como señal de que es Cristo (Ungido); de que es Él quien bautiza con el Espíritu Santo y de que es el Hijo de Dios (Evangelio de San Juan 1, 29-34).
El segundo elemento: Como consecuencia del primero es la obra de transformación divina que Cristo nuestro Señor viene a realizar en la vida humana ya que santificadas por el Bautismo del Señor, las aguas han recibido para siempre el poder de santificar en el Espíritu Santo a cuantos son llamados a recibir el bautismo cristiano.
Estos dos elementos están armónicamente colocados en la Oración Colecta de la Misa del día: “Oh Dios, cuyo Unigénito apareció en la substancia de nuestra carne; haz que merezcamos ser reformados interiormente, por aquel que en el exterior, conocimos ser semejante a nosotros. El cual vive y reina contigo, en unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén”
Dicho esto hago solo una anotación práctica para el caminar litúrgico:
Con esta fiesta se cierra la primera etapa del Año litúrgico: Adviento- Navidad que únicamente encontrará un eco importante con la fiesta de la Purificación de la Virgen/Presentación del Señor al templo 40 días después de la Navidad el 2 de Febrero. Por lo demás tenemos que entre este ciclo y el ciclo de Pascua que comienza de manera remota con el domingo de Septuagésima que este año será 5 de febrero se extiende un período corto de algunas semanas. Sus domingos muy parecidos a los que siguen a Pentecostés, se distinguen por los ornamentos verdes, el Prefacio dominical será el de la Santísima Trinidad (salvo que concurra alguna Fiesta dentro de esos domingos) y se diferencian de los “Tiempos Fuertes” del Año Litúrgico porque no están organizados con relación al desarrollo progresivo del misterio de Cristo, sino que tienen un carácter propio. Evoca la iglesia, las relaciones constantes del pueblo cristiano para con su Dios y nos inculca su espíritu, uniéndonos a su oración y recordándonos su doctrina. A su tiempo, como ahora, intentaremos, ir presentando los elementos propios de cada uno de estos domingos.
Y bueno, mientras escucho mi última tanda de villancicos navideños gracias a los queridos hermanos de la emisora cordimariana… agradezco al Señor por las gracias que nos ha dispensado durante este período de Adviento y Navidad y le pido que nos haga a todos cada día más conscientes del inmenso favor que nos ha hecho al llamarnos a la vida por el Santo Bautismo y de la inmensa responsabilidad que tenemos desde ese día de esforzarnos por conservar encendida la luz de la gracia y sin mancha el vestido que para nuestra alma recibimos, hasta el Día de su Venida . Que nos sea concedida esta gracia es decir la de la perseverancia final por intercesión de nuestra Señora: la Inmaculada, la Madre del Señor, la Siempre Virgen Santa María. Así sea.

Rafaél Enrique Morán Pineda
Terciario FSSPX

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