«He ahí a tu Madre»

“He ahí a tu madre”, con éstas y por éstas palabras de Jesús al discípulo Juan la iglesia le da el sobrenombre a María de MADRE. Y es por ese sentir de la iglesia hacia la Virgen María a través de los siglos ha querido agradarle edificándole templos, esculpiéndole imágenes, creándole obras de artes, ect. Todas como muestras de amor a tan gran mujer. Una mujer que se ha hecho presente también, en el caminar de la iglesia, acompañándola en grandes sucesos como la batalla de Lepanto, las apariciones en Fátima, la tilma de Juan Diego, etc.

Ahora 16 de julio la iglesia se une a Maria en su advocación del Carmen. Una advocación que se remonta a tiempos históricos, cuando los antiguos ermitaños hicieron de su casa el monte Carmelo. Carmelo es un nombre que se deriva de la palabra Karmel o Al-Karem y que se podría traducir como ‘jardín’, En la antigüedad estaba cubierta por viñedos y fue siempre famosa por su fertilidad.

Estos hombres que según cuenta la tradición Carmelita era una comunidad de ermitaños judíos que vivieron en el Monte Carmelo en los tiempos del profeta Elías; aunque no hay evidencia documental de que dicha comunidad existiera, ellos interpretaron la visión del profeta Elías de la nubecilla (1 Rey. 18, 44), como la imagen de la inmaculada concepción. Ellos fundaron la orden de los Carmelitas, los que llevarían al mundo en siglos sucesivos la hoy extendidísima devoción por la Virgen del Carmelo, también llamada Nuestra Señora del Carmen. La orden creció hasta convertirse en una de las mayores órdenes religiosas.

El símbolo más reconocido de la Virgen del Carmen es su escapulario, el cual es un sacramental que la iglesia lo ha recomendado por siglos. Un sacramental es un objeto religioso que la Iglesia ha aprobado como signo que nos ayuda a vivir santamente y aumenta la devoción. Los sacramentales deben mover los corazones a renunciar a todo pecado, incluso al venial. El escapulario, al ser un sacramental, disponen el amor a Dios y a la verdadera contrición del pecado si se recibe con devoción.

La historia del escapulario es la siguiente: En el año 1246 nombraron a San Simón Stock general de la Orden Carmelita. Este comprendió que, sin una intervención de la Virgen, a la orden le quedaba poco tiempo. Simón recurrió a María poniendo la orden bajo su amparo, ya que ellos le pertenecían. En su oración la llamó “La flor del Carmelo” y la “Estrella del Mar” y le suplicó la protección para toda la comunidad.

En respuesta a esta ferviente oración, el 16 de julio de 1251 se le aparece la Virgen a San Simón Stock y le da el escapulario para la orden con la siguiente promesa:

“Este debe ser un signo y privilegio para ti y para todos los Carmelitas: quien muera usando el escapulario no sufrirá el fuego eterno”

Aunque el escapulario fue dado a los Carmelitas, muchos laicos con el tiempo fueron sintiendo el llamado de vivir una vida más comprometida con la espiritualidad carmelita y así se comenzó la cofradía del escapulario, donde se agregaban muchos laicos por medio de la devoción a la Virgen y al uso del escapulario. La Iglesia extendió el privilegio del escapulario a los laicos.

La Santísima Virgen se apareció al Papa Juan XXII en el siglo XIV y le prometio para quienes cumplieran los requisitos de esta devoción que “como Madre de Misericordia con mis ruegos, oraciones, méritos y protección especial, les ayudaré para que, libres cuanto antes de sus penas, (…) sean trasladadas sus almas a la bienaventuranza”.

Muchos Papas, santos y teólogos católicos han explicado que, según esta promesa, quien tenga la devoción al escapulario y lo use, recibirá de María Santísima a la hora de la muerte, la gracia de la perseverancia en el estado de gracia (sin pecado mortal) o la gracia de la contrición (arrepentimiento). Por parte del devoto, el escapulario es una señal de su compromiso a vivir la vida cristiana siguiendo el ejemplo perfecto de la Virgen Santísima.

El Papa Pío XII habló frecuentemente del Escapulario. En 1951, aniversario 700 de la aparición de Nuestra Señora a San Simón Stock, el Papa ante una numerosa audiencia en Roma exhortó a que se usara el Escapulario como “Signo de Consagración al Inmaculado Corazón de María” (tal como pidió la Virgen en Fátima).  El Escapulario también representa el dulce yugo de Jesús que María nos ayuda a sobrellevar. Y finalmente, el Papa continuó, El Escapulario nos marca como hijos escogidos de María y se convierte para nosotros (como lo llaman los alemanes) en un ‘Vestido de Gracia”.

 

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