El Bautismo del Señor

Mientras que en el Novus Ordo, esta fiesta es movible, ya sea para el domingo posterior a la Epifanía o si esta se celebra en domingo, para el lunes siguiente; en el Calendario Tradicional la Conmemoración del Bautismo del Señor tiene una fecha fija, el 13 de enero de cada año, justo en el día que alguna vez ocupó la Octava de la Epifanía. Y es que como decíamos precisamente hace ocho días este evento es como una nueva etapa de la “Manifestación” del Señor; como una prolongación de aquella a los Magos de Oriente. Y precisamente este carácter de continuación se ve reflejado en los textos propios de la Misa, pues utiliza los mismos de la Misa del 6 de enero, variando sólo las oraciones y el Evangelio.
Dos elementos quiere subrayar con fuerza esta celebración:
El primero: como el 6 de enero la Manifestación de la Divinidad de Cristo nuestro Señor. Allá lo vimos como Dios escondido tras la apariencia pobre e indefensa del Pequeño Niño nacido en Belén; ahora le vemos formado en la fila de los que acuden a un bautismo de penitencia, pues ha querido nuestro Amado Señor hacerse en todo semejante a nosotros menos en el pecado. Y justo en ese momento según el testimonio del mismo Bautista se manifestó la Divinidad de su Origen (si me permiten la palabra) y de su ministerio o misión pues vio que sobre Él se posaba el Espíritu Santo en forma de paloma como señal de que es Cristo (Ungido); de que es Él quien bautiza con el Espíritu Santo y de que es el Hijo de Dios (Evangelio de San Juan 1, 29-34).
El segundo elemento: Como consecuencia del primero es la obra de transformación divina que Cristo nuestro Señor viene a realizar en la vida humana ya que santificadas por el Bautismo del Señor, las aguas han recibido para siempre el poder de santificar en el Espíritu Santo a cuantos son llamados a recibir el bautismo cristiano.
Estos dos elementos están armónicamente colocados en la Oración Colecta de la Misa del día: “Oh Dios, cuyo Unigénito apareció en la substancia de nuestra carne; haz que merezcamos ser reformados interiormente, por aquel que en el exterior, conocimos ser semejante a nosotros. El cual vive y reina contigo, en unidad del Espíritu Santo y es Dios por todos los siglos de los siglos. Amén”
Dicho esto hago solo una anotación práctica para el caminar litúrgico:
Con esta fiesta se cierra la primera etapa del Año litúrgico: Adviento- Navidad que únicamente encontrará un eco importante con la fiesta de la Purificación de la Virgen/Presentación del Señor al templo 40 días después de la Navidad el 2 de Febrero. Por lo demás tenemos que entre este ciclo y el ciclo de Pascua que comienza de manera remota con el domingo de Septuagésima que este año será 5 de febrero se extiende un período corto de algunas semanas. Sus domingos muy parecidos a los que siguen a Pentecostés, se distinguen por los ornamentos verdes, el Prefacio dominical será el de la Santísima Trinidad (salvo que concurra alguna Fiesta dentro de esos domingos) y se diferencian de los “Tiempos Fuertes” del Año Litúrgico porque no están organizados con relación al desarrollo progresivo del misterio de Cristo, sino que tienen un carácter propio. Evoca la iglesia, las relaciones constantes del pueblo cristiano para con su Dios y nos inculca su espíritu, uniéndonos a su oración y recordándonos su doctrina. A su tiempo, como ahora, intentaremos, ir presentando los elementos propios de cada uno de estos domingos.
Y bueno, mientras escucho mi última tanda de villancicos navideños gracias a los queridos hermanos de la emisora cordimariana… agradezco al Señor por las gracias que nos ha dispensado durante este período de Adviento y Navidad y le pido que nos haga a todos cada día más conscientes del inmenso favor que nos ha hecho al llamarnos a la vida por el Santo Bautismo y de la inmensa responsabilidad que tenemos desde ese día de esforzarnos por conservar encendida la luz de la gracia y sin mancha el vestido que para nuestra alma recibimos, hasta el Día de su Venida . Que nos sea concedida esta gracia es decir la de la perseverancia final por intercesión de nuestra Señora: la Inmaculada, la Madre del Señor, la Siempre Virgen Santa María. Así sea.

Rafaél Enrique Morán Pineda
Terciario FSSPX

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