EL AYUNO (referencia Biblia)

Por el R.P. Michael Boniface, fsspx

El ayuno es algo obligatorio:

Covertíos a Mí de todo vuestro corazón; con ayuno, con llanto y gemido. Joel 2, 12

Razgad vuestro corazones y no vuestros vestidos y volveos a Yahvé vuestro Dios; porque Él es benigno y misericordioso, tardo para airarse y de mucha clemencia, y le duele el mal.

San Pablo nos habla de sus frecuentes ayunos. 2 Cor 11, 27

Convertios cada uno de su mal camino y de vuestras obras malas…

¡Lava de malicia tu corazón, Jerusalén para que seas salva!

¿Hasta cuando hospedarás en tu corazón tus maliciosos pensamientos? ( Jeremías, 4, 14).

Valor del ayuno

Clamó al Señor todo el pueblo, con gran instancia, humillaron sus almas con ayunos y oraciones Judit 4,8.

Y Dios salvo al pueblo mediante la santa Mujer Judit del poder  de los asirios

El arrepentimiento les habría valido el perdón,así como Nínive quedó salvada cuando recurrió a la penitencia.

El arrepentimiento borra los crímenes, calma la ira de Dios, trasforma a los hombres, anula la maldición, abre a los pecadores el seno de Dios.

Así se expresan los grandes doctores sobre la contrición del corazón.

La sincera conversión, el verdadero arrepentimiento asegura el perdón de los pecados. Conversión y arrepentimiento o castigo y rechazo. Jeremías, 25, 2-8. Convertíos hijos rebeldes (Jeremías, 3, 14):

  •  “Es preciso apresurarnos dice San Agustín, a emplear los medios que Dios nos da para nuestra conversión, temerosos de que nos falte el tiempo si tardamos”.
  • “No tardes en convertirte al Señor, ni lo difieras de un día para otro; porque de repente sobreviene su ira, y en el día de venganza acabará contigo”[1].
  • “El que promete el perdón no promete el día de mañana” (San Gregorio Magno).
  • “Rompamos, pues, los corazones, para que si alguna mala hierba y engañoso pensamiento hay en nosotros, la arranquemos de raíz, y tengamos limpias las tierras para las semillas de la piedad” (San Juan Crisóstomo).

“Vienen sitiadores de una tierra remota, y lanzan gritos contra la ciudad de Judá. Como guardas de campo están a la redonda de ella, por cuanto se ha rebelado contra Mí, oráculo de Yahvé. Tu conducta y tus malas obras te han valido esto; es el fruto de tu maldad; castigo amargo que te llega hasta el corazón”( Jeremías, 4, 16-18).

Dios insiste sobre esta explicación:

a) “Vuestras iniquidades han trastornado este orden, y vuestros pecados os han privado del bien” (Jeremías, 5, 25).

b) “¡Escucha, oh tierra! He aquí que voy a traer sobre este pueblo calamidades, el fruto de sus mismos designios, porque no atienden mis palabras, y desprecian mi Ley” (Jeremías, 6, 19).

c) “Los malhechores beberán el vino de la ira de Dios” (Apocalipsis, 14, 10).

  • “El que peca mortalmente trabaja para la secunda muerte, es decir por el infierno” (San Ambrosio).

Osaes, 11,8  lament. 3,42.   Joel, 2, 15. nota

CONCLUSION

El tribunal humano juzga y castiga el tribunal de Cristo perdona, sana, llena de riquezas.

La penitencia es un verdadero baño del alma, es sanación, santificación recibida con las lágrimas, limosnas, oraciones.

Es mayor mal no procurar satisfacer a Dios después de haberle ofendido, que de ofenderle, dice San Juan Crisóstomo.

el que tiene corazón contrito se irrita contra si mismo para que Dios le sea favorable. el que se hace su propio juez recibe a Dios como abogado y defensor.

Penitencia o condenación.

La señal de una verdadera  compunción es evitar las ocasiones del pecado.

P Mauricio Meschler, S.J., Explanaciones del libro de los Ejercicios de San Ignacio de Loyola, 6a edición española. 632.

De un ladrón se hizo un penitente, de un penitente se hizo un santo, un bienaventurado. 638.

A los Hebreos en su lucha contra los filisteos  faltaba el espíritu de penitencia, único medio para asegurarse la benevolencia de Dios.   Una cierta piedad formulista cree agradar a Dios sin la reforma interior del corazón. Mons. Straubinger, LA BIBLIA COMENTADA


[1]Ecclesiástico, 5, 8.

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¿Qué es la Liturgia Católica?

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El primer deber del hombre es adorar a Dios, rendirle el culto de adoración, de alabanza, de acción de gracias que le es debido. Dar culto de adoración a Dios significa reconocer a Dios como nuestro Creador y Señor. El nos hizo, de El dependemos. Le damos también gracias por todos los beneficios que recibimos de El. Le pedimos perdón por nuestras faltas y pecados y finalmente le pedimos también lo que necesitamos para nuestra vida y salvación eterna. En concreto estos son los cuatro fines de la Santa Misa.

Este culto no es solamente personal, individual, sino y sobre todo es un culto público, ordenado y prescrito por la Iglesia, bajo la moción del Espíritu Santo.

De este culto oficial se ocupa la Liturgia. La palabra Liturgia viene del griego leiton ergon que significa obra o ministerio público. En la Iglesia, “La Liturgia es por lo tanto, el culto público y oficial que la Iglesia Católica rinde a Dios y al mismo tiempo santifica a los fieles”. (1).

El padre Gregorio Martínez de Antoñana escribe: “La Liturgia, en sentido general objetivo, es lo mismo que el culto público de la Iglesia, y puede definirse: el conjunto de acciones, de fórmulas y de cosas con que, según las disposiciones de la Iglesia Católica, se da culto público a Dios” (2).

Como la Iglesia es el Cuerpo místico de Nuestro Señor Jesucristo, quien por medio de ella continúa su función sacerdotal a través de los siglos, en un sentido más teológico y completo puede definirse la Liturgia con el Papa Pío XII: “Es todo el culto público del Cuerpo místico de Jesucristo o sea de la Cabeza y de sus miembros”. Y más brevemente: “Es el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo por la Iglesia” (3). La liturgia es la teología hecha oración.

Pertenecen a la Liturgia: el Santo Sacrificio de la Misa, que es su alma y su centro; el oficio divino, que gira y desarrolla en torno a la Misa. El oficio divino se llama también el Breviario libro que contiene las oraciones oficiales de la Iglesia que cada subdiácono, diacono, sacerdote, obispo y Papa hace ocho veces al día por la Iglesia y todos sus hijos.

Pertenecen también a la Liturgia los Sacramentos, Sacramentales (bendiciones); y todos los ritos y ceremonias, símbolos y vestiduras, vasos y lugares sagrados y aún los cantos y melodías que la Iglesia usa para llevar a cabo este culto público y solemne.

La Liturgia es la vida misma de la Iglesia, del Cuerpo Místico de Cristo. Por eso tiene un poder para la santificación de las almas verdaderamente admirable. Mediante la liturgia católica suben al cielo la adoración, acción de gracias, petición de perdón y de ayuda de parte de los fieles y mediante esta misma liturgia descienden sobre los hombres la misericordia, ayuda, protección de Dios sobre los fieles católicos y su Santa Madre Iglesia.

La liturgia es el medio más poderoso que tiene la Iglesia para convertir las almas; santificarlas y protegerlas; La Liturgia es el medio más poderoso para comunicar la fe católica en el Sacrificio de Cristo renovado sobre el altar con la misma eficacia. Por esta razón desde los primeros siglos se dijo Lex orandi, lex credendi- la ley de la oración, es decir, la manera de rezar, nos dice la ley de la creencia; es decir, la manera de rezar, de dar culto a Dios demuestra lo que creemos.

Durante siglos, la fe católica fue comunicada mediante la liturgia, en la cual están concentradas todas las verdades del Credo católico. En la historia de la Iglesia encontramos los constructores y los destructores de la Liturgia. Cambiar, modificar la Liturgia de la Misa, por ejemplo, puede tener consecuencias incalculables sobre la fe del pueblo y de los sacerdotes; destruir su fe, corromper su moral y precipitarlos en la decadencia y apostasía. Los pueblos protestantes nos dan el ejemplo. Habiendo cambiado su Liturgia, cambió su fe y los hicieron herejes y actualmente ateos en muchos lugares. En el siglo XVI, en Inglaterra, el sacerdote hereje Tomás Cranmer cambió la Liturgia de la Misa del latín al ingles; después de unos años se perdió la fe católica.

Padre Michel Boniface

Fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen María y Candelaria

La fiesta del 2 de febrero está unida al misterio de la Navidad. Celebra al mismo tiempo la Presentación de Jesús en el Templo y la Purificación (legal) de la Santísima Virgen cuarenta días después del nacimiento del Salvador y se llena de luz con la Candelaria o procesión de las candelas, de gran simbolismo pues evoca la manifestación de Cristo, Luz del mundo recibido en el Templo por el anciano Simeón.
La venida del Salvador al Templo es el tema principal de la fiesta, de ahí que sea considerada como fiesta del Señor y por eso conocida también como fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo. Sin embargo nosotros veremos que como en toda la Obra de la Salvación, también en toda la composición de la Misa de este día Nuestra Señora se halla presente e íntimamente relacionen toda ella. Es más, históricamente sabemos que la fiesta del 2 de febrero es una de las más antiguas, si no la más antigua de las fiestas marianas de que se tiene noticias. Celebrada ya en Jerusalén desde el siglo IV, la fiesta de la Purificación pasó después a Constantinopla y luego a Roma, donde la encontramos, en el siglo VII, asociada a una procesión que parece ser anterior a la fiesta de la Virgen.
De la celebración Litúrgica:
Antes de la Santa Misa tiene lugar la bendición de las velas compuesta por cinco oraciones que dado el espacio no puedo compartir en este momento, pero que son sumamente ricas en contenido teológico, bíblico y doctrinal, sobre el sentido de las velas benditas como sacramentales, sobre la gracia infundida en ellas por la oración de la Iglesia y la obra santificadora de Dios Trinidad. Además hacen referencia al misterio celebrado en que Nuestra Señora porta en sus manos a Cristo el Señor que es recibido y anunciado por el Santo Simeón como Luz de las Naciones. Concluidas las oraciones y asperjadas con agua bendita normalmente son entregadas por el Sacerdote a los ministros y a los fieles para que una vez encendidas se dé inicio a la Procesión de la Candelaria, una de las pocas Procesiones Litúrgicas en el estricto sentido de la palabra, que es acompañada con los cantos de la Iglesia que hace suyas las palabras de gozo espiritual, confianza y gratitud de Simeón frente al Mesías Niño.
Terminada la procesión, el sacerdote se reviste con los ornamentos para la Misa que desde el introito, tomado del Salmo 47, celebra la llegada del Señor a su Templo y con Él su justicia, esto es la salvación que nos trae: “Hemos recibido, ¡oh Dios! Tu misericordia en medio de tu Templo; como tu nombre, ¡oh Dios!, resuena tu alabanza hasta los confines del mundo; llena está tu diestra de tu justicia. Ps. Grande es el Señor y muy digno de alabanza, en la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo. Gloria al Padre…”
Como de costumbre, el resumen de los sentimientos que nuestra Madre la Iglesia quiere comunicarnos para que los vivamos como fruto de nuestra Participación al Santo Sacrificio, se encuentra en la oración que llamamos Colecta, que para este día dice: Omnipotente y sempiterno Dios, humildemente suplicamos a tu majestad que, así como tu unigénito Hijo fue en el día de hoy presentado en el templo revestido de nuestra carne, así también hagas que te seamos presentados nosotros con el alma purificada. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo…
La epístola está tomada del libro del profeta Malaquías 3, 1-4; y anuncia con imágenes como el fuego y la lejía, la obra de purificación que realizaría la llegada del Mesías. Esa llegada del Mesías tan lejana para Malaquías, fue anunciada próxima a Simeón y nos es narrado en el pasaje Evangélico de este día (San Lucas 2, 22-32). Aquel anciano santo, desborda de alegría al ver con sus ojos lo que todos los justos del Antiguo Testamento anhelaron. Y prorrumpe en uno de los cánticos más bellos, junto al de Zacarías y el Magnificad de la Santísima Virgen y que diariamente entonamos en el oficio de Completas: “Nunc dimitis…” Ahora Señor, puedes ya dejar ir a tu siervo en paz, según tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, que has preparado a la faz de todos los pueblos, luz para iluminación de las naciones y para gloria de tu pueblo Israel.
El verso del Aleluya es una curiosa, pero bella composición breve, que quise dejar ya para terminar porque encierra el ideal de la vida de los cristianos, que somos seguidores pero a la vez llamados a ser portadores de Cristo, los que con el ejemplo de nuestra vida deberíamos llevar a Cristo a todos los ambientes en que nos desenvolvemos, los que deberíamos llevar a Cristo a esta sociedad que cada día más descaradamente da la espalda y dice No a Cristo.
Dice el texto: Senex púerum portábat; puer autem senem regébat (El anciano lleva al niño, pero el niño guía al anciano). Quiera Dios darnos la gracia de dejarnos guiar, por ese Niño, Dios Encarnado; dejarnos guiar y transformar por sus Palabras, por su Vida, por su Ley, de modo que siendo guiados por Él, le podamos presentar a los otros no solo de palabra sino con nuestro ejemplo y buenas obras y viendo nuestras buenas obras los hombres den gloria a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Nos ayude a conseguir este fin la intercesión de nuestra Señora la Siempre Virgen María, del Señor San José y de los santos Simeón y Ana.
A todos, muchas bendiciones en esta fiesta de la Candelaria.

Rafael Enrique Morán Pineda
Terciario FSSPX.

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