La edad de tu iglesia

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Desde hace unos días, hemos comenzado a publicar en nuestra cuenta de twitter, los fundadores y años de algunas iglesias que ahora en día se propagan por toda la tierra, esparciendo la confusión a su paso en las naciones donde estas llegan a establecerse. Con dichas publicaciones hemos creado el hastach #LaEdadDeTuIglesia.

Los tuits escritos hasta el momento son los siguientes:

Si eres Luterano o evangélico tu religión fue fundada el año 1521 por Martín Lutero ex sacerdote católico.

Si perteneces a la iglesia anglicana de Inglaterra, tu religión fue fundada por Enrique VIII en 1534.

Si eres Presbiteriano, tu religión fue fundada en Escocia pon John Knox, en el año 1560.

Si eres congregacionalista, tu religión fue originada por Roberto Brown, en Holanda en el año 1582.

Les invitamos a que nos sigan bajo la cuenta @exurgedomine

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La Vigilia de Navidad

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El Adviento se clausura el 24 de diciembre con una solemne Vigilia que en la Liturgia, lo mismo que en la vida hogareña y social, es como el alboreo de la Pascua, la sonrisa inicial del Divino Infante, y el primer repique del interminable campaneo que ha de estallar en la “Misa del Gallo”, al oír cantar a los Ángeles: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!”.
Esta Vigilia es posterior a la fiesta de Navidad. A diferencia de todas las demás Vigilias, ésta es de alegría y de alborozo; no obstante que, por no infringir las leyes litúrgicas, no se usa todavía en la Misa “Gloria” ni los ornamentos blancos, y persiste la obligación del ayuno .
En el Oficio de Prima, en los coros de las catedrales y de los monasterios, se canta hoy con pompa inusitada la Kalenda o anuncio de la Navidad, según el Martirologio. El cantor, revestido de pluvial morado y entre ciriales encendidos, inciensa el libro, y comienza el cómputo en recto tono, pero muy solemne, hasta llegar al anuncio mismo del Nacimiento del Señor, en que sube de tono y cambia de melodía.
Reza así el anuncio: “En el año 5199 de la Creación del “mundo, cuando al principio creó Dios el cielo y la tierra; ” en el 2957 del diluvio; en el 2015 del nacimiento de “Abrahán; en 1510 de Moisés y de la salida del pueblo ” de Israel de Egipto, en el 1032 de la unción del rey ” David, en la semana 65 de la profecía de Daniel; en ” la Olimpíada 194; en el año 752 de la fundación de ” Roma, en el 42 del imperio de Octavio Augusto; estando “todo el orbe en paz; en la sexta edad del mundo: Jesucristo crista, Dios eterno e Hijo del eterno Padre, queriendo ” consagrar al mundo con su misericordiosísimo Advenimiento miento, concebido por el Espíritu Santo, y pasados nueve “meses después de su concepción, nació hecho Hombre, de ” la Virgen María, en Belén de Judá.” (Se arrodillan todos los circunstantes, y prosigue el cantor en tono más agudo): “Navidad de N. Señor Jesucristo según la carne”. (Y continúa el acólito el anuncio de los Santos del día siguiente, empezando por Santa Anastasia, de la que en la Misa de la “aurora” ha de hacerse mañana conmemoración).
Este anuncio de la Navidad del Señor, tan solemne y tan grandioso, se parece bastante al que hace el diácono el Sábado Santo, en el canto “Exúltet”, de la Pascua de Resurrección. ¡Lástima que a la casi totalidad de los cristianos se les pase hoy completamente desapercibido!
Al atardecer tienen lugar las primeras Vísperas de Navidad, donde el Salvador aparece como Rey pacífico y magnífico, que viene a tomar posesión de la tierra. “Levantad vuestras cabezas —dice la 5a Antífona—, y ved que se acerca vuestra redención”. Sólo falta ya empezar los Maitines de Noche Buena, cuyo Invitatorio dice textualmente: “Nos ha nacido Cristo: venid, adorémosle”.

TERCER DOMINGO DE ADVIENTO

El Evangelio de la Misa es de san Juan, capítulo I, vers. 19 a 28.
In illo tempore: Miserunt Iudæi ab Ierosolymis sacerdotes et levitas ad Ioannem, ut interrogarent eum: Tu quis es? Et confessus est, et non negavit, et confessus est: Quia non sum ego Christus. Et interrogaverunt eum: Quid ergo? Elias es tu? Et dixit: Non sum. Propheta es tu? Et respondit: Non. Dixerunt ergo ei: Quis es, ut responsum demus his, qui miserunt nos? Quid dicis de teipso? Ait: Ego vox clamantis in deserto: Dirigite viam Domini, sicut dixit Isaias propheta. Et qui missi fuerant, erant ex Pharisaeis. Et interrogaverunt eum, et dixerunt ei: Quid ergo baptizas, si tu non es Christus, neque Elias, neque Prophetas? Respondit eis Ioannes, dicens: Ego baptizo in aqua: medius autem vestrum stetit, quem vos nescitis. Ipse est, qui post me venturus est, quie ante me factus est: cuius ego non sum dignus ut solvam eius corrigiam calceamenti. Hæc in Bethania facta sunt trans Iordanem, ubi era Ioannes baptizans.
En aquel tiempo: Los judíos de Jerusalén enviaron sacerdotes y levitas para que preguntasen a Juan: ¿Quién eres? Él lo confesó, y no negó; y lo volvió a confesar: Yo no soy el Cristo. ¿Quién eres, pues, le preguntaron? ¿Eres Elías? No: dijo él. ¿Eres profeta? No, les respondió. Oyendo esto, le dijeron: Dinos, pues quién eres, para que podamos responder a los que nos han enviado; ¿qué es lo que dices de ti mismo? Entonces les respondió: Yo soy la voz del que clama en el desierto: Ordenad el camino del Señor, como lo ha dicho el profeta Isaías. Y los que habían sido enviados eran de la secta de los fariseos. Entonces le hicieron una nueva pregunta: ¿Por qué bautizas, le dijeron, si no eres ni el Cristo, ni Elías, ni profeta? Juan les respondió, diciéndoles: Yo no administro más que un bautismo de agua; pero hay en medio de vosotros uno a quien vosotros no conocéis. Este es el que debe venir después de mí, que es antes que yo, y del que yo no soy digno de desatar la correa de su calzado. Estas cosas pasaron en Betania del otro lado del Jordán, en donde bautizaba Juan.

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MEDITACIÓN
–Considera cuán poco amado es este amable Salvador de aquellos mismos de quienes es conocido. Representémonos aquí solo aquellas personas cristianas que haciendo profesión de conocer a Jesucristo, no ignoran ni lo que es, ni lo que ha hecho para ganar nuestro corazón, ni lo que está en estado de hacer en favor nuestro. Aquellas personas que, perfectamente instruidas de todos nuestros misterios, no olvidan los señalados beneficios de la redención y de la Eucaristía, y admiran sin cesar la humildad de su encarnación, la pobreza de su nacimiento, la oscuridad de la mayor parte de su vida mortal, las maravillas incomprensibles de la adorable Eucaristía, las humillaciones y sufrimientos de la pasión y la ignominia de su muerte, y que todo esto lo ha obrado por la salud de los hombres; estas personas, repito, ¿aman fervorosamente a Jesucristo? ¿Corresponde su amor a la idea que deben tener de la excelencia y de la majestad del Salvador? ¿Corresponde su amor a sus beneficios? ¿Corresponde al amor que Él nos tiene? ¿Corresponde al Espíritu de nuestra Religión? Y sin consultar más que a la razón, nuestro amor a Jesucristo ¿corresponde a los bienes que nos ha hecho? ¿a los que recibimos de Él todos los días? ¿a los que esperamos en el tiempo y en la eternidad? ¿a los que estamos recibiendo a todas horas? Conocer a Jesucristo, y creer que está continuamente con nosotros sobre nuestros altares; y no tener ni aquel empeño que se tiene por llenar los deberes contraídos con los grandes de quienes se espera todo, y no tener incesantemente presente en el entendimiento un objeto de que el corazón debe estar tan ocupado, y no aprovechar todas las ocasiones de agradar a Aquel que es el árbitro de nuestra suerte eterna; he aquí un misterio de iniquidad incomprensible. Desgraciadamente lo demuestra una experiencia bien triste. Cuando se ama a Jesucristo, agrada todo lo que procede de Él; se tienen en la memoria sus máximas, y ¡qué impresión no hacen en el alma sus ejemplos! Consultemos los sentimientos y toda la conducta de los Santos. Ellos han amado a Jesucristo: ¿qué fidelidad no han tenido todos ellos en conformarse con este divino modelo? ¡Qué transportes de amor por este Salvador amable! ¡Qué continuación en hacerle la corte! ¡Qué alejamiento de todo lo que Él ha mirado con horror! ¡Qué ansia por las humillaciones y los sufrimientos! Tales son las pruebas del amor y de la ternura que se tiene a Jesucristo. ¿Nos ofrece nuestra vida muchas de ellas? ¿Por estas señales reconocemos en nosotros un grande amor al Salvador? Tenemos, es verdad, con frecuencia en la boca los nombres de Jesús y de María; pero son señales estériles, si estos santos nombres no están profundamente grabados en el corazón. Todo nos conduce en el tiempo de Adviento a excitar amor, a abrasar nuestros corazones en este amor, a amar a Jesucristo con ternura. No hay disposición más propia para recibir dignamente este divino Salvador en el día de su nacimiento, que este amor divino.

Tomado del AÑO CRISTIANO por el padre CROISSET

Las etapas del Adviento

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Desde el Papa Nicolás I, en el siglo IX, el Adviento consta de cuatro semanas, cuyos domingos son “estacionales”. Cada dominica tiene su Misa y Oficio propios y hermosísimos, y señala un notable avance hacia el venturoso suceso de Belén. La silueta del Redentor se va perfilando de semana en semana, y adquiriendo nuevos matices y relieves, hasta que, al fin, se le ve aparecer en carne mortal. Paralelamente se va proclamando cada vez más alto la virginal Maternidad de María.
El más célebre de estos domingos es el III, llamado “Gaudete” (alégrate) por la primera palabra del Intróito, y porque traduce a maravilla el espíritu de la liturgia en este día, que es de extraordinaria alegría.
En él suspende la Iglesia todas las manifestaciones exteriores de luto, vistiendo a sus ministros de color rosa y de dalmáticas, engalanando con flores los altares y tañendo el órgano. En las etapas del Adviento, señala este domingo el punto culminante del progresivo ascenso a Belén. Con ser el equivalente al domingo “Laetare”, IV de Cuaresma, no suscita en los fieles tanta alegría como aquél; pero es porque tampoco se hace sentir tanto su ausencia, ya que la tristeza de Adviento es muy moderada y obedece a muy distintas causas, como hemos dicho.
Como a medio camino del Adviento, interpónense las IV Témporas (miércoles, viernes y sábado de la III Semana), que son las que con sus ayunos y abstinencias imprimen a la temporada un cierto tinte de austeridad y penitencia.
Eran éstas las Témporas más importantes del año y las únicas en que, en la antigüedad, se celebraban las Ordenaciones. El miércoles era muy célebre en la Edad Media por su Evangelio “Missus est”, que inmortalizó San Bernardo con sus cuatro popularísimos sermones sobre las alabanzas de María. En él se proclamaban ante el pueblo los candidatos para las Ordenaciones.
Pero la más amena y alentadora de todas es la etapa última, que abarca del 17 al 25, y que, con su repertorio de antífonas propias, a cada cual más vibrante, nos pone al Salvador ocho días antes de nacer, casi al alcance de la mano: “Ecee veniet, dice, Ecce jam venit, De Sion veniet, Egredietur Dóminus, Constantes estofe”, etc., y con la fiesta de la Expectación, al menos en España 5, nos en vuelve anticipadamente en un ambiente de cuna.

El ciclón de Vaticano II

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Queridos Amigos,
A las 11 de la mañana, el 9 de Agosto de 1945, los habitantes de Nagasaki en el Japón experimentaron los métodos del ejército americano a las órdenes de la francmasonería: en instantes, 70 000 muertos –todos civiles inocentes- sin hablar de las séquelas mortales para millares de heridos. La explosión de la bomba atómica había creado en su epicentro un desplazamiento de aire yendo a la velocidad de 2 km por segundos, es decir 60 veces la velocidad de un ciclón. El vacío causado por el aire desplazado del epicentro fue tal que atrajo un ciclón levantando todo en grandes superficies, polvo barro, múltiples escombros, humo…
Semejante horror es solo una pequeña imagen de la bomba del 13 de octubre de 1962 (día de la 1° congregación después del inicio solemne del 11) que lanzo en Roma el cardenal Lienart, cuando subvirtió completamente el concilio Vaticano II el mismo día de su apertura. Y desde 50 años… nos morimos de los efectos del Concilio. Millares de sacerdotes, religiosos y religiosos han dejado su santo estado religioso. Las vocaciones se agotan. Por ejemplo, a inicio de los años 50, se ordenaban 1000 sacerdotes en Francia; en 2006 se ordenaron 98. Y los hechos de los últimos años muestran que todos están lejos de perseverar.
En América latina, millares de católicos abandonan a su iglesia cada día.
Es el primer efecto causado por la bomba de Vaticano II : el vacío de la Iglesia, y ¡qué vacío! ¡Qué velocidad! Pero el secundo efecto, como en Nagasaki, es que este vacío atrae un gigantesco ciclón, el del error: las sectas, las falsas religiones, la droga, la impureza y la muerte del cuerpo y ciertamente la del alma en el infierno eterno (como lo decía la Virgen en Fátima el 13 de julio de 1917); así 8000 latinos se pasan a las sectas cada día. Todavía en Francia, 4500 brujos hacen daño, lo mismo que 1000 astrólogos. Cuentan también 12000 suicidios logrados por año. Se podría alargar la lista de desgracia! Amigos católicos, somos todos testigos –y aun victimas- de este ciclón devastador que arruina la Iglesia desde 40 años, esta pasión que sufre la Iglesia desde Vaticano II. En Nagasaki en este triste 9 de Agosto de 1945, una niña de 19 años que había podido con tiempo refugiarse, encontró al salir de su escondite dos cuerpos quemados, sin piel, hinchados como calabazas; se arrastraban en tierra gimiendo como graznidos diciendo: “Mizu, mizu, agua, agua”, pero nadie estaba para dársela. Más allá, otras víctimas gritaban lo mismo: “Mizu, mizu”; encontrando un charquito de agua, arrastrada una de ellas logro beber y se derrumbó, varios hicieron lo mismo.

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Estos hechos reales, tan horribles que sean, no son nada comparados con las almas que mueren por toda la eternidad a causa de los hombres que no les dan el agua de la gracia sacramental o les dejan tomar el agua contaminada de las falsas religiones. En ambos casos (la bomba y el concilio) no viene mal recordar los mismos aplausos de la prensa liberal a estos avances tecnológicos y humanos…
Lejos de desalentarnos, tal situación debe empujar nuestro celo por nuestra santa religión. Si nos damos cuenta del efecto devastador del ciclón de vaticano 2, fuimos también testigos del poder de la oración, en particular del Rosario: ¡cuántas personas, familias y comunidades religiosas han logrado conservar la fe verdadera gracias a esta oración y a la protección del corazón Inmaculado de María! Sigamos aprovechando el tiempo para meditar estos misterios de Jesús viviendo en María, y podremos ver muchas almas regresar a la fe, esperando con ansia que la jerarquía de la Iglesia regrese y abrase la Tradición.

Carta de los dominicos de Avrillé, n°41, marzo 2007. Traducción del P. Gardere
Priorato de Guatemala 9 XII 2012
50 años del inicio del concilio Vaticano II (5)

8 de Diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María.

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“Escuchen estas nuestras palabras todos nuestros queridísimos hijos de la católica Iglesia, y continúen, con fervor cada vez más encendido de piedad, religión y amor, venerando, invocando, orando a la santísima Madre de Dios, la Virgen María, concebida sin mancha de pecado original, y acudan con toda confianza a esta dulcísima Madre de misericordia y gracia en todos los peligros, angustias, necesidades, y en todas las situaciones oscuras y tremendas de la vida. Pues nada se ha de temer, de nada hay que desesperar, si ella nos guía, patrocina, favorece, protege, pues tiene para con nosotros un corazón maternal, y ocupada en los negocios de nuestra salvación, se preocupa de todo el linaje humano, constituida por el Señor Reina del cielo y de la tierra y colocada por encima de todos los coros de los ángeles y coros de los santos, situada a la derecha de su unigénito Hijo nuestro Señor Jesucristo, alcanza con sus valiosísimos ruegos maternales y encuentra lo que busca, y no puede, quedar decepcionada.”

Extracto de la carta apostólica “INEFFABILIS DEUS”, Dada el 8 de diciembre de 1854 por su Santidad Pío IX, en la cual proclamo el dogma de la Inmaculada Concepción de María.

Tiempo de adviento

El tiempo litúrgico de adviento, que da comienzo al año eclesiástico, celebra el advenimiento o venida de Cristo a la tierra.

Primera venida: con carne mortal como Redentor.
Segunda venida: en gloria y majestad como Juez.
Tercera venida: invisible y personal como Santificador.

Los textos litúrgicos se refieren ya a una, ya a otra de estas venidas, pues las tres integran la obra del Salvador.
La litúrgia de adviento nos prepara a celebrar dignamente las solemnidases de Navidad. Válese de la predicación del Bautista, el ángel del Señor que iba delante del Mesías preparando al pueblo de Dios con la penitencia a recibir el don celestial.
El Adviento es tiempo de penitencia, como se ve por el color morado de los ornamentos. lo llamarón en la Edad Media. Bueno será juntar con la oración, el ayuno y la mortificación corporal. En las Misas del Tiempo (no en las del Santoral) omítese el “Gloria in excelsis Deo” y el “Ite, Missa est”, que se sustituye por el Benedicamus Domino.