Como el Rin había comenzado a desembocar en el Tíber

 

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La tarde del lunes 15 de octubre, al menos treinta y cuatro listas distintas de candidatos se habían preparado y entregado al Sec General del Concilio, quien las hizo imprimir en un folleto de veintiocho páginas titulado listas de Padres conciliares propuestos por las Conferencias Episcopales para la elección de las Comisiones Conciliares.

Todo el martes 16 de octubre se empleó en introducir los nombres de los 160 candidatos en las urnas. Del escrutinio, trabajo tedioso porque existían unos 380.00 nombres escritos a mano, se encargó el alumnado del Pontificio Colegio de la Urbe. En la III Congregación General, el sábado 20 de octubre, el Secretario General anunció que el Papa Juan, a propuesta del concilio, había derogado el art. 39 del Reglamento del Concilio, que exigía mayoría  absoluta (la mitad más uno) en todas las elecciones. Ahora bastaba la mayoría  relativa, y los dieciséis Padres conciliares que recibiesen el mayor número  de votos para cada comisión  se considerarían elegidos para ella.

El resultado de estas elecciones fue notablemente satisfactorio para la alianza europea. De los 109 candidatos presentados por la alianza, 79 resultaron elegidos, que suponía  un 49% de los puestos. Cuando se proclamaron los nombramientos papales, éstos incluían ocho candidatos más de los adelantados por la alianza europea. Los candidatos de la alianza constituían el 50% de los miembros elegidos para la Comisión Teológica, la más importante. En la Comisión Litúrgica la alianza tenía una mayoría de 12 a 4 entre los miembros electos, y de 14 a 11 una vez realizadas las designaciones papales.

Ocho de cada diez candidatos propuesto por la alianza europea ocuparon un puesto en la comisiones. Alemania y Francia estaban representadas en todas las comisiones, salvo en una. Alemania tenía once representantes; Francia, diez. Holanda y Bélgica obtuvieron cuatro puestos cada una; Austria, tres; y Suiza, uno.

Pero el resultado de la elección no satisfizo a todos. Uno de los obispos africanos dijo que se había sobreentendido que, a cambio del apoyo africano para todos los candidatos de la alianza  en la Comisión  Teológica, la alianza apoyaría a todos los candidatos africanos para la Comisión  de las Misiones; sin embargo, sólo tres de los nueve candidatos de África habían sido elegidos. Por otra parte, no fue elegido ninguno de los quince superiores generales propuestos como candidatos por la conferencia de Superiores Generales, aunque representaban a com

unidades sobremanera competentes en liturgia, educación, misiones y vida religiosa.

En el último momento se anunció que el Papa Juan nombraría nueve miembros para cada comisión, en lugar de los ocho previstos en el Reglamento. De los noventa que designó, ocho eran superiores generales. De los 250 Padres conciliares elegidos o nombrados para las diez comisiones conciliares, 154 (el 62%) habían trabajado en una comisión preparatoria, y por tanto tenían experiencia  previa.

Tras esta elección, no parecía demasiado difícil prever qué grupo estaba lo bastante organizado como para asumir el liderazgo del Concilio Vaticano II. El Rin había comenzado a desembocar en el Tíber.

“El Rin desemboca en el Tíber” edic. Criterio pág. 20-24

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