Ser pobre no es cosa nueva.

San Pío X

San Pío X

San Pío X fue un Papa pobre que nunca fue servido más que por dos de sus hermanas para las que tuvo que solicitar una pensión para que no se quedaran en la miseria a la hora de su muerte. San Pío X siempre se sintió indigno del cargo de Papa e incluso no permitía lujos excesivos en sus recámaras y sus hermanas que lo atendían no gozaban de privilegio alguno en el Vaticano. Era evidente que Pío X se sentía desconcertado y tal vez un poco escandalizado, ante la pompa y la magnificencia del ceremonial en la corte pontificia. Cuando era patriarca de Venecia, prescindió de una buena parte de la servidumbre y no toleró que nadie, fuera de sus hermanas, le preparase la comida.

La sencillez de sus hábitos personales y la santidad de su carácter se ponían de manifiesto en su costumbre de visitar cada domingo, alguno de los patios, rinconadas o plazuelas del Vaticano, para predicar, explicar y comentar el Evangelio de aquel día, a todo el que acudiera a escucharle.

Humilde, muy humilde era aquel Papa que en su “Testamento espiritual” dejaría escrito a sus hijos e hijas: «Nací pobre, he vivido pobre, muero pobre».

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Los Bienes de la Cruz

Louis Marie Grignon de Montfort

La cruz es buena y preciosa por infinidad de razones:

1. Nos asemeja a Jesucristo;
2. Nos hace dignos hijos de Dios Padre, dignos miembros de Jesucristo y templos dignos del Espíritu Santo. Dios Padre corrige a cuantos adopta por hijos. El Señor educa a los que ama y da azotes a los hijos que reconoce por suyos. El Hijo recibe como suyos. EL Hijo recibe como suyos solamente a los que llevan la cruz. El Espíritu Santo talla y pule las piedras vivas de Jerusalén celeste, es decir, los predestinados;
3. Ilumina el entendimiento y le comunica una sabiduría que no le podrán dar todos los libros de la tierra. Quien no ha sido probado, sabe bien poco;
4. La cruz, llevada dignamente, se convierte en fuente, alimento y testimonio de amor. Enciende en los corazones el fuego del amor divino, desapegándolos de las criaturas. Mantiene y acrecienta ese amor, y así como la leña alimenta el fuego, la cruz alimenta el amor. Comprueba del modo mas claro que se ama a Dios. Porque es la misma prueba de que Dios se sirvió para manifestarnos su amor. Y la que Dios nos pide para demostrarle el nuestro;
5. Es fuente abundante de toda suerte de dulzuras y consolaciones y engendra en el alma la alegría, la paz y la gracia;
6. Por último, produce en quien la lleva una riqueza incomparable de la gloria para la eternidad.

Si conocieras el valor de cruz, mandarías hacer novenas -a ejemplo de San Pedro de Alcántara– para conseguir esa exquisita porción del paraíso; dirías con Santa Teresa: “¡O padecer o morir!”; con Santa María Magdalena de Pazzis: “¡No morir, sin padecer!”. O pedirías, con San Juan de la Cruz, solamente la gracia de padecer por Jesucristo: “¡Padecer y ser despreciado por ti!”.
Entre todas las cosas terrenas, la única que se aprecia en el cielo es la cruz, decía este Santo, después de su muerte a una sierva de Dios. Nuestro Señor dijo a uno de sus servidores: “Tengo cruces tan preciosas, que es todo cuanto mi queridísima Madre -siento tan poderosa como es- puede alcanzar de Mí en favor de sus fieles servidores”.

AMOR DE LA SABIDURÍA ETERNA, N 175 – 177″, Por San LUIS MARIA GRIGNION DE MONTFORT

Tomado de Boletin trismestra de la Tercera Orden de la FSSPX, Distrito de America del Sur, ·El terciario y las cruces· Octubre-Noviembre-Diciembre 2012