Los Bienes de la Cruz

Louis Marie Grignon de Montfort

La cruz es buena y preciosa por infinidad de razones:

1. Nos asemeja a Jesucristo;
2. Nos hace dignos hijos de Dios Padre, dignos miembros de Jesucristo y templos dignos del Espíritu Santo. Dios Padre corrige a cuantos adopta por hijos. El Señor educa a los que ama y da azotes a los hijos que reconoce por suyos. El Hijo recibe como suyos. EL Hijo recibe como suyos solamente a los que llevan la cruz. El Espíritu Santo talla y pule las piedras vivas de Jerusalén celeste, es decir, los predestinados;
3. Ilumina el entendimiento y le comunica una sabiduría que no le podrán dar todos los libros de la tierra. Quien no ha sido probado, sabe bien poco;
4. La cruz, llevada dignamente, se convierte en fuente, alimento y testimonio de amor. Enciende en los corazones el fuego del amor divino, desapegándolos de las criaturas. Mantiene y acrecienta ese amor, y así como la leña alimenta el fuego, la cruz alimenta el amor. Comprueba del modo mas claro que se ama a Dios. Porque es la misma prueba de que Dios se sirvió para manifestarnos su amor. Y la que Dios nos pide para demostrarle el nuestro;
5. Es fuente abundante de toda suerte de dulzuras y consolaciones y engendra en el alma la alegría, la paz y la gracia;
6. Por último, produce en quien la lleva una riqueza incomparable de la gloria para la eternidad.

Si conocieras el valor de cruz, mandarías hacer novenas -a ejemplo de San Pedro de Alcántara– para conseguir esa exquisita porción del paraíso; dirías con Santa Teresa: “¡O padecer o morir!”; con Santa María Magdalena de Pazzis: “¡No morir, sin padecer!”. O pedirías, con San Juan de la Cruz, solamente la gracia de padecer por Jesucristo: “¡Padecer y ser despreciado por ti!”.
Entre todas las cosas terrenas, la única que se aprecia en el cielo es la cruz, decía este Santo, después de su muerte a una sierva de Dios. Nuestro Señor dijo a uno de sus servidores: “Tengo cruces tan preciosas, que es todo cuanto mi queridísima Madre -siento tan poderosa como es- puede alcanzar de Mí en favor de sus fieles servidores”.

AMOR DE LA SABIDURÍA ETERNA, N 175 – 177″, Por San LUIS MARIA GRIGNION DE MONTFORT

Tomado de Boletin trismestra de la Tercera Orden de la FSSPX, Distrito de America del Sur, ·El terciario y las cruces· Octubre-Noviembre-Diciembre 2012

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