“Concilio: ¿Qué decís de ti mismo?”

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En el inicio, analizando algunas cosas, no es necesario entenderlo todo. Cuando los frutos enferman a todos los que los comen, no se detiene uno a examinar detenidamente al árbol que los lleva para dejar de comerlos.
Cuando el pastor empieza a aullar lúgubremente como un lobo, las ovejas huyen de él instintivamente, sin necesidad de reflexión alguna. Y tal fue la actitud de varios feligreses católicos, hace 50 años, cuando el concilio Vaticano II (1962-1965), sus reformas y la nueva liturgia (1969) llegaron alborotando a la Iglesia católica. Algunos, desamparados huyeron; otros encontraron felizmente en su camino algunos sacerdotes fieles a la Tradición. Otros muchos más desgraciadamente se perdieron en el camino…
Pero, LUEGO de la reacción instintiva viene el tiempo del DICERNIMIENTO. Pues hay que entender lo que pasa: ¿el árbol es realmente malo, o temporalmente infectado por un parasito? ¿El pastor es un lobo disfrazado de pastor, o es el pastor legítimo padeciendo súbitamente licantropía? En todo caso ¿cómo explicar semejante crisis en la Iglesia a quien Jesucristo prometió el triunfo sobre las puertas del infierno?
Cincuenta años después de vaticano II, es el problema que aborda Monseñor Tissier de Mallerais en un sustancioso estudio titulado “¿Qué es un concilio pastoral?”. Allí Monseñor no se demora sobre los errores conciliares que ya fueron examinados y denunciados varias veces… pero le hace la pregunta “¿Concilio que dices de ti mismo, de tus intenciones, tus métodos y tu autoridad?” Esta admitido que Vaticano II no fue un concilio común. Pues por sí mismo se definió como “pastoral”; y ¿qué quiere decir esta palabra “pastoral”?
Refiriéndose a las fuentes más autorizadas –el padre Congar (que fue como el profeta del concilio antes de ser uno de sus actores), Juan XXIII (según su discurso de apertura del concilio), Pablo VI (en el discurso de clausura), y Joseph Ratzinger (teólogo del concilio y futuro papa)- Monseñor Tissier demuestra que, por su intención y sus métodos, y por ende su naturaleza, Vaticano II escapa o se excluye de las condiciones necesarias para ser del magisterio autentico instituido por Nuestro Señor Jesucristo. No tiene por lo tanto autoridad de magisterio; lo que explica que contenga errores. Queriendo por principio abrirse al mundo, adoptar su lenguaje y asimilarse sus ideas –en vez de proclamar la verdad atemporal revelada por J.C. y condenar los errores que se le oponen- ¿Cómo extrañarse que vuelva a presentar en definitiva en vez de buena enseñanza, una mezcla mediocre de verdades cristianas diluidas con errores modernas?
El Concilio Vaticano II fue también ante todo un concilio pacifista. Concilio que se negó a la lucha en contra del error, esperanzado en la ilusión de verse entendido y lograr el desarme de los enemigos de la Iglesia. Los resultados fueron totalmente contrarios. Sin embargo no murió la ilusión, y cincuenta años más tarde, el hastío o cansancio puede afectarnos también. ¡Que la Virgen Inmaculada nos guarde de toda concesión en la Verdad!

Boletín “Lettre des dominicains d’Avrillé” n°61 de junio de 2012, Traducción del P. Gardere FSSPX.

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