SS Apóstoles Pedro y San Pablo

San Pedro y San Pablo - Fernádnez Navarrete

San Pedro, príncipe de los apóstoles, cabeza visible de la Iglesia de Jesucristo, columna inmoble de la fe, como habla el concilio Efesino, piedra y hasta de la religión, como se explica el Calcedonense, vicario de Jesucristo en la tierra, cimiento dice San Agustin, sobre que se fundó, y sobre que subsiste la santa Iglesia; se llamaba Simon antes de suvocación al apostolado. Fue de Bethsaida, pueblo pequeño, hijo de Jonas, de condición muy oscura, pescador de profesión, pero hombre de mucha bondad. No se sabe de cierto el año de su nacimiento; solo es muy verosímil que era de más edad que el Salvador.

San Pablo, apóstol, doctor de las gentes y oráculo del mundo, fue judío de la tribu de Benjamin, y se llamaba Saulo. Nació en Tarso, ciudad celebre de Cílicia, dos años después del nacimiento de nuestro Señor: por su nacimiento era ciudadano romano, privilegio que concedió el emperador Augusto a los tarsenses en premio de su fidelidad. Su padre, que profesaba la secta de los fariseos, le envió a Jerusalén, siendo aun muy niño, para que le educase y le instruyese en ella Gamaliel, enseñándole la doctrina de la ley y de las tradiciones.

Himno 

La eterna Luz hermosa con ardores

Este día feliz ha iluminado,

Coronado de bellos resplandores

Los Príncipes del sacro Apostolado:

Y franqueando a los reos la carrera,

Que conduce a los gozos de la Esfera.

El Maestro del mundo y el Portero

Del celestial Alcazar, los sagrados

padres de Roma, que del mas severo

Tribunal son los jueces señalados,

Este muriendo en Cruz, aquel a espada

En el Senado logran hoy la entrada.

O feliz Roma, ilustre, esclarecida,

Pues eres con la sangre consagrada,

De dos príncipes nobles, y teñida

Con su coral, te miras adornada:

Tú mereces el ser dichosamente

Entre las hermosas excelente.

Sea a la Trinidad la gloria dada

El honor y alabanza sempiterna,

El gozo y potestad mas elevada

En unidad perfecta, que gobierna

Todas las cosas sabia y rectamente

Por los siglos sin fin eternamente.

Amen.

Tomado de: “Novísimo Año Cristiano, o ejercicios devotos para todos los días del año, P. Juan Croisset”

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