Santa Ana, Madre de la Santísima Virgen.

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No se puede formar concepto más noble, más elevado ni mas cabal del extraordinario mérito, de las heroicas virtudes y de la sublime santidad de Santa Ana, que diciendo fue madre de la Madre de Dios. Esta augusta cualidad comprende todos los honores, excede todos los elogios; y así como el mismo Espíritu Santo no pudo decir cosa mayor de María, que decir que de ella nació Jesús, de qua natus est Jesus, así también no es posible elogio más glorioso de santa Ana, que afirmar que de ella nació Maria.

Meditación de la devoción a Santa Ana

Considera que la devoción a los Santos se funda en el amor que Dios les tiene, y en el que ellos tiene a Dios; en la dicha que gozan de ser agradables a Dios y amigos suyos; de poseerle sin temor de perderle ni de caer jamas en su desgracia; en el valimiento que logran con él; y en fin, en la caridad con que nos miran desde aquella feliz estancia de la gloria. Todos los Santos merecen nuestra veneración, nuestro profundo respeto, nuestro amor y nuestra confianza. Pero entre todos los Santos después de la Reina de todos ellos, ¿Quién merecerá más que santa Ana nuestra veneración y nuestros cultos? Fue abuela de Jesucristo según la carne, madre de la santísima Virgen; pues ¡qué clase tan distinguida en aquella augusta corte! ¡cuanto será su valimiento con su nieto el Salvador del mundo, con el Dios de todo consuelo y padre de misericordia! Si se hubieran hallado diez solo hombres justos en las cinco ciudades más abominables de la tierra, en atención a ellos se hubiera aplacado la cólera de Dios. ¡Cuántas veces perdonó a un pueblo ingrato, impío y duro a ruegos de su siervo Moises! ¡Cuántas se movió a compasión el mismo Dios! por explicarme de esta manera; ¡Cuántas dejó de castigar a príncipes y vasallos irreligiosos en consideración de David! Pues ¿Quién ha de imaginar que un Dios de infinita bondad deje de hacer el mayor aprecio de la abuela de su querido Hijo, y madre de una Hija tan privilegiada y tan querida? En cierto modo se puede decir que la sangre de santa Ana corrió por la venas de Jesucristo; por tanto parece que esta gran Santa tiene particular derecho a sus méritos, a sus favores y a sus gracias; baste que se interese por alguno para que sea dichosa su suerte. ¿Negara Cristo cosa alguna a su Madre? ¿y la Madre de Dios podrá negarla a la suya? De alguna manera se pudiera decir que su valimiento con Dios todo lo puede, y que su poder es sin limites. ¿Qué confianza mejor fundada que la que estriba en el valimiento de la que fue madre de la Madre de Dios? pues ¿Qué devoción mas justa? Dichosos aquellos que se la profesan particular a la mayor Santa que parece hay e el cielo después de María, y que llenos de confianza en su poderosa protección, la honran constantemente toda la vida.

Para la imagen: Después de tu Hija eres bendita del Altisimo sobre todas las mujeres de la tierra. (Judith xiii)

Tomado de: Ejercicios devotos para todos los días del año, P. Juan Croisset de la compañía de Jesús, enero de 1854.

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