Por la paz en Siria.

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El papa Francisco ha convocado a una jornada de oración y ayuno por la paz en Siria, les compartimos las palabras que Nuestra Señora en sus apariciones en Fátima, específicamente en su tercera aparición, les dijo a los pastorcitos:

“Es necesario rezar el rosario para que se termine la guerra. Con la oración a la Virgen se puede obtener la paz. Cuando sufran algo digan: ‘Oh Jesús, es por tu amor y por la conversión de los pecadores’”.

Así mismo es su cuarta aparición les dice:

“Recen, recen mucho y hagan sacrificios por los pecadores. Tienen que recordar que muchas almas se condenan porque no hay quién rece y haga sacrificios por ellas”.

Desde esta aparición los tres niños se dedicaron a ofrecer todos los sacrificios posibles por la conversión de los pecadores y a rezar con más fervor el Rosario.

El Papa Pío XII decía que esta frase era la que más le impresionaba del mensaje de Fátima y exclamaba: “Misterio tremendo: que la salvación de muchas almas dependa de las oraciones y sacrificios que se hagan por los pecadores”.

MORTIFICACIÓN DEL CUERPO

1o Limítese, tanto como pueda, en materia de alimentos, a lo estricta‐ mente necesario. Medite estas palabras que San Agustín dirigía a Dios: “Me habéis enseñado, oh Dios mío, a tomar los alimentos sólo como reme‐ dios. ¡Ah, Señor!, ¿quién de entre nosotros no sobrepasa aquí el límite? Si hay uno solo, declaro que este hombre es grande y que debe grandemente glorificar vuestro nombre”.
2o No tome nada entre las comidas, a menos que haya alguna necesidad o razones de conveniencia.
3o Practique la abstinencia y el ayuno, pero practíquelos solamente bajo la obediencia y con discreción.
4o No le está prohibido saborear alguna satisfacción corporal, pe‐ ro hágalo con una intención pura y bendiciendo a Dios.
5o Regule su sueño, evitando en esto toda relajación y molicie, sobre todo por la mañana. Si puede, fíjese una hora para el acostarse y el levantarse, y oblíguese a ella enérgicamente.
6o En general, no tome descanso sino en la medida de lo necesario; entréguese generosamente al trabajo, y no ahorre esfuerzos y penas. Tenga cuidado de no extenuar su cuerpo, pero guárdese también de halagarlo: desde que lo sienta dispuesto a rebelarse, por poco que sea, trátelo como a esclavo.
7o Si siente alguna ligera indisposición, evite el ser cargoso para los demás por su mal humor; deje a sus hermanos el cuidado de quejarse; por lo que mira a usted, sea paciente y mudo como el divino Cordero que llevó verdaderamente todas nuestras enfermedades.
8o Reciba dócilmente, y soporte humilde, paciente y perseverante‐ mente la mortificación penosa que se llama enfermedad.

Tomado de BOLETINES TRIMESTRALES DE LA TERCERA ORDEN, abril – junio, 2011, “¿CÓMO PRACTICAR LA MORTIFICACIÓN? POR EL CARDENAL MERCIER”.

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