¡Aferrarse a la Tradición y al Rosario!

corazón de maria

“El misterio del eclipse de la Iglesia nunca fue mayor. Se presentan para nosotros momentos durísimos. No tenemos que ilusionarnos. Está claro que la única solución es mantener fuertemente lo que tenemos, conservarlo, no dejar que se pierda de ninguna manera…

“El Papa San Pío X dijo que la esencia de todo católico era aferrarse firmemente al pasado, y que en este sentido todo católico es tradicional. El Papa actual dice exactamente lo contrario: ‘olvídense del pasado, marchen hacia la incertidumbre del futuro…’

“Ciertamente necesitamos al Corazón Inmaculado de María. Estamos viviendo el Secreto de Fátima. Sabemos lo que debemos hacer: rezar, rezar, rezar y penitencia, penitencia, penitencia. Rogar al Corazón Inmaculado de María, medio que nos ha sido dado precisamente para estos momentos difíciles… y rezar el rosario.”

“Pueden estar seguros”, dijo Mons. Fellay, “que se acerca una nueva Cruzada del Rosario. Acudamos al Rosario. Recémoslo todos los días. Vivimos en una época muy peligrosa para la fe y necesitamos esta protección celestial que se nos prometió y otorgó. ¡A nosotros nos corresponde usarla!… Debemos progresar en la intimidad con la Virgen María y Dios.”

Extracto del sermón de Mons. Fellay en Kansas City, el 13 de octubre de 2013

(Fuente : Catholic Family News/sspx.org – Traducción castallena DICI n°283 del 18/10/13)

Hacer, Hacer y Hacer

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Hasta todos o casi todos los católicos no hemos hecho otra cosa que pedirle a Dios que Él haga, que Él obre, que Él realice, que solamente Él haga algo o todo por la suerte de la iglesia en nuestra Patria. Y por eso todos o casi todos los católicos no hemos hecho otra cosa, en nuestra Patria, que rezar, sumergirnos en éxtasis, quedarnos dentro de nuestras iglesias de rodillas en espera de que Dios solamente lo haga todo.

Y su Santidad Pío XI, ha venido a decirnos clara y terminantemente que hemos estado en un gravísimo error, al esperarlo todo exclusivamente de la acción de Dios y al abstenernos de hacer algo por la causa de la victoria de la causa de Dios y de su iglesia. Por este en su Carta Apostólica, ha dicho que se necesita la acción católica y, por tanto, la acción de católicos.

Una acción, es cierto, que cuenta con Dios como fuente y autor fundamental de todo bien; pero una acción que, aparte de contar con Dios consista en que cada católico, a demás de rezar, a demás de orar, a demás de practicar las ceremonias esenciales del culto, desarrolle esfuerzos enérgicos, organizados y constantes para restablecer el orden cristiano en los espíritus y en las conciencias. Ha llegado el momento de hacer algo, de hacer, es preciso hacerlo entender.

No solamente de que Dios haga sino de que cada católico haga algo por la victoria de la causa de Dios. Por esto en estos momentos angustiosos de prueba y en los instantes en que desaparezca la prueba, en todo momento la divisa de todo católico de ser esta:

Hacer, Hacer y Hacer

Anacleto González Flores, “El plebiscito de los mártires”. Mártir Mexicano, Cristero.

Presentación de la Santísima Virgen

Presentación Virgen María en el Templo

“Desde niña, estuvo llena del Espíritu Santo y conforme crecía en edad iba creciendo en gracia amando a Dios con todo su corazón y siempre muy lejos hasta de la sombra del pecado. Despreciaba todos los bienes de la tierra y daba a los pobres cuanto podía. En la mesa guardaba la templanza, que no tomaba sino lo preciso para el sustento corporal. Habiendo entendido, por la lectura de los libros santos, que para redimir al mundo había Dios de nacer del vientre de una doncella, se inflamó tanto en el amor divino, que no pensaba más que en Dios, ni se complacía en ninguna cosa fuera de Dios, excusando el trato de la gentes y de sus mismos padres, para que no le quitasen a Dios de la memoria. Por último, deseaba ardientemente alcanzar el tiempo de la venida del Mesías, para tener la suerte de ser esclava de aquella virgen felicísima que había de merecer la dicha de ser su Madre”

De las revelaciones de Santa Brígida.

PAPA SAN LEON MAGNO

San León Magno, Papa

Martirologio Romano: Memoria de san León I, papa, doctor de la Iglesia, que, nacido en Etruria, primero fue diácono diligente en la Urbe y después, elevado a la cátedra de Pedro, mereció con todo derecho ser llamado “Magno”, tanto por apacentar a su grey con una exquisita y prudente predicación como por mantener la doctrina ortodoxa sobre la encarnación de Dios, valientemente afirmada por los legados delConcilio Ecuménico de Calcedonia, hasta que descansó en el Señor en Roma, donde en este día tuvo lugar su sepultura en San Pedro del Vaticano (461).


Etimología: León = Aquel hombre audaz, imperioso y valiente, es de origen latino

El Papa León, que nació en Toscana a fines del siglo IV, es recordado en los textos de historia por el prestigio moral y político que demostró ante la amenaza de los Hunos de Atila (a los que logró detener sobre el puente Mincio) y de los Vándalos de Genserico (cuya ferocidad mitigó en el saqueo de Roma del 455). Elevado al solio pontificio en el 440, en sus 21 años de pontificado (murió el 10 de noviembre del 461) llevó a cabo la unidad de toda la Iglesia alrededor de la sede petrina, impidiendo usurpaciones de jurisdicción, arrancando de raíz los abusos de poder, frenando las ambiciones del patriarcado constantinopolitano y del vicariato de Arles.

Desafortunadamente, no existen muchas noticias biográficas de él. Al Papa León no le gustaba hablar mucho de sí en sus escritos. Tenía una idea elevadísima de su función: sabía que encarnaba la dignidad, el poder y la solicitud de Pedro, jefe de los apóstoles. Pero su posición de autoridad y la fama de rigidez y hieratismo no le impedían comunicar el calor humano y el entusiasmo de un hombre de Dios, que se notan por los 96 Sermones y por las 173 cartas que han llegado hasta nosotros. Sobre todo las homilías nos muestran al Papa, uno de los más grandes de la historia de la Iglesia, paternalmente dedicado al bien espiritual de sus hijos, a los que les habla en lenguaje sencillo, traduciendo su pensamiento en fórmulas sobrias y eficaces para la práctica de la vida cristiana.

Sus cartas, por el estilo culto, demuestran su rica personalidad. De espíritu comprensivo y previsor, se destacó también por su impulso doctrinal, participando activamente en la elaboración dogmática del grave problema teológico tratado en el concilio ecuménico de Calcedonia, pedido por el emperador de Oriente para condenar la herejía del monofisismo.

Su famosa Epistola dogmatica ad Flavianum, leída por los delegados romanos que presidían la asamblea, presentó el sentido y también las fórmulas de la definición conciliar, creando así una efectiva unidad y solidaridad con la sede de Roma. León fue el primer Papa que recibió de la posteridad el epíteto de “magno”, grande, no sólo por las cualidades literarias y la firmeza con la que mantuvo en vida al decadente imperio de Occidente, sino por la solidez doctrinal que demuestra en sus cartas, en sus sermones y en las oraciones litúrgicas de la época en donde se ven evidentes su sobriedad y precisión características.

Murió el año 461.

¿Qué ha cambiado?

Coronación Pío XII

 

“Recibid la tiara adornada con las tres coronas (que simbolizan los poderes imperial, real y sacerdotal), y sabed que sois el padre de los príncipes y de los reyes, quien gobierna el universo terrestre, el vicario de Jesucristo, nuestro Salvador, para quien es el honor y la gloria por los siglos de los siglos”

Algo a cambiado en nuestra iglesia…

 

 

El rey que no reina

Cristo Rey

 

¡Cristo Rey quiere reinar! Él manifiesta esta voluntad en la oración delPadrenuestro compuesto por Él mismo y que rezamos todos los días: Adveniat regnum tuum, venga a nosotros tu reino. Quiere conquistar las almas, las familias, las sociedades y el mundo entero. Para extender su cetro en el universo envió a sus apóstoles y discípulos a enseñar a todas las naciones. Esta misión se viene perpetuando desde hace dos mil años por los sacerdotes y los misioneros, y no finalizará sino cuando el Rey de reyes vuelva en gloria el último día para juzgar a los vivos y a los muertos.

Sin embargo, duele comprobar que este discurso claro haya desaparecido hoy en día de la boca de las autoridades de la Iglesia Católica. En nombre de la libertad religiosa exaltada durante el Concilio Vaticano II, ya no hay nadie que defienda los derechos de Dios sobre los hombres y la sociedad. Ayer los Papas pedían a los gobernantes proteger y sostener la Iglesia, como así también ajustar las leyes civiles a la ley divina expresada en los Mandamientos. ¡En la actualidad todo es al revés! Lo único que la Santa Sede pide a las autoridades civiles es que concedan libertad a la Iglesia Católica: la libertad de coexistir junto a las otras religiones. Leamos estas palabras del Papa Pablo VI dirigidas a los gobernantes: “¿Y qué pide ella de vosotros, esa Iglesia, después de casi dos mil años de vicisitudes de todas clases en sus relaciones con vosotros, las potencias de la tierra (…) no os pide más que la libertad: la libertad de creer y de predicar su fe; la libertad de amar a su Dios y servirle; la libertad de vivir y de llevar a los hombres su mensaje de vida”.

Ayer los Papas pedían a los Estados que volviesen a Cristo para recuperar la paz y la tranquilidad. Hoy el Papa Francisco propone diálogo y encuentro como únicos remedios a los males de nuestra época. Lo vemos en lo que decía en las últimas Jornadas Mundiales de la Juventud, durante cuyo transcurso se masacró a la liturgia y se ultrajó la Sagrada Eucaristía: “El único modo de que una persona, una familia, una sociedad, crezca; la única manera de que la vida de los pueblos avance, es la cultura del encuentro, una cultura en la que todo el mundo tiene algo bueno que aportar, y todos pueden recibir algo bueno a cambio (…) Hoy, o se apuesta por el diálogo, o se apuesta por la cultura del encuentro, o todos perdemos. Por aquí va el camino fecundo”.

Monseñor Lefebvre no cesó de enseñar la fe en Cristo Rey, del cual fue un heraldo. He aquí lo que decía en un sermón:

“No hay más que un nombre sobre la tierra para transformar las almas, la civilización, incluso los cuerpos, la sociedad y la economía. Es el nombre de Jesucristo. No hay que ir a buscar a otra parte. Se quiere transformar la sociedad, se la quiere hacer viable, se quiere hacerla santa; se quiere hacerla también económicamente sana, políticamente sana: el medio es nuestro Señor Jesucristo. Me fui de África con la convicción de que no había más que un medio para salvar las almas y, al mismo tiempo, para darles una civilización cristiana aquí abajo, de hacerlas participar un poco aquí en la tierra, mediante la felicidad que da la gracia, de la felicidad del cielo: ese medio es el reino de Nuestro Señor Jesucristo”.

Tomado de: “El Rey rechazado”, revista Iesus Christus, Padre Christian Bouchacourt, Superior de Distrito América del Sur. 

Para leer articulo completo: http://www.fsspx-sudamerica.org/fraternidad/index.php

San Martín de Porres

san martin de porres

Religioso dominico, peruano.

La vida de San Martín nos enseña:

  • A servir a los demás, a los necesitados. San Martín no se cansó de atender a los pobres y enfermos y lo hacía prontamente. Demos un buen servicio a los que nos rodean, en el momento que lo necesitan. Hagamos ese servicio por amor a Dios y viendo a Dios en las demás personas.
  • A ser humildes. San Martín fue una persona que vivió esta virtud. Siempre se preocupó por los demás antes que por él mismo. Veía las necesidades de los demás y no las propias. Se ponía en el último lugar.
    A llevar una vida de oración profunda. La oración debe ser el cimiento de nuestra vida. Para poder servir a los demás y ser humildes, necesitamos de la oración. Debemos tener una relación intima con Dios
  • A ser sencillos. San Martín vivió la virtud de la sencillez. Vivió la vida de cara a Dios, sin complicaciones. Vivamos la vida con espíritu sencillo.
  • A tratar con amabilidad a los que nos rodean. Los detalles y el trato amable y cariñoso es muy importante en nuestra vida. Los demás se lo merecen por ser hijos amados por Dios.
  • A alcanzar la santidad en nuestra vidas. Por alcanzar esta santidad, luchemos…
  • A llevar una vida de penitencia por amor a Dios. Ofrezcamos sacrificios a Dios.