Primer Domingo de Adviento

"El cielo y la tierra pasarán; más mis palabras no pasarán".

“El cielo y la tierra pasarán; más mis palabras no pasarán”.

El primer domingo de Adviento es el primer día del año eclesiástico, y el principio de un tiempo privilegiado que precede a la fiesta de Navidad, y que en la intención de la iglesia no es otra cosa que una preparación para esta gran fiesta. Desde que se ha celebrado el día del nacimiento del Salvador, ha exhortado la Iglesia a los fieles a que se preparen para la celebración de esta día venturoso, y ella misma les ha dado ejemplos por las oraciones que ha multiplicado en este tiempo y por los ejercicios de penitencia que les ha dictado.
Como el Adviento no es otra cosa, según el espíritu de la Iglesia que un tiempo destinado antes de la fiesta de Navidad para prepare por medio de la oración, el ayuno y los ejercicios de piedad a celebrar y hacerse favorable el advenimiento, esto es, la venida de Jesucristo, designada por la palabra Adviento; no hay practicas de penitencia y devoción que los fieles no hayan puesto en uso durante este santo tiempo.

Oración de la Misa de este día

Haced, Señor, que resplandezca vuestro poder, y venid, a fin de que con el auxilio y la protección de vuestra gracia, seamos libres y salvos de los peligros ejecutivos, que nos amenazan por nuestros pecados. Así re lo suplicamos a ti, Señor, que siendo Dios, vives y reinas con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos. Así sea.

Breve meditación del evangelio del día, san Lucas capítulo XXI vers. 25 a 36

Considera que las disposiciones con que debemos recibir al Salvador que nace, se hallan en las circunstancias de su nacimiento: la humildad no descendió jamas tan bajo; la mortificación no fue nunca tan lejos; ni en tiempo alguno fue tan perfecta la dulzura. En el tiempo en que todo el universo estaba en paz, durante el silencio mas profundo de la noche, en tales circunstancias es cuando ha nacido el Salvador. Estas son las virtudes que se deben de adquirir durante Adviento; en esto debemos ejercitarnos, si queremos hallarnos en las santas disposiciones que se necesitan para hacer provechosa la celebridad del día de su nacimiento. Por esto la Iglesia nos dice hoy con el Apóstol que es tiempo de despertarnos y salir de nuestra somnolencia, porque nuestra salud esta próxima; ella nos dice que el Adviento es un tiempo de retiro, de oración, de penitencia, que es tiempo de santidad.

Tomado de “Año Cristiano” del P. Juan Croisset

En Lourdes, bajo el estandarte de Cristo Rey

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Mons. Tissier de Mallerais

El Lunes, 27 de octubre 2014, al final de la peregrinación de Lourdes, el obispo Bernard Fellay, superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, concedió a La Porte Latine (LPL) una entrevista. La prensa progresista, que al parecer fue el único que ha vuelto a publicar esta entrevista, sólo mencionó unas pocas frases, insistiendo en ciertos pasajes y omitiendo otros. APIC, el 30 de octubre: “Es una locura! Es absolutamente loco! “; La Croix, el 30: “Estos son los cargos más violentos desde el inicio del pontificado de Francisco”; La Vie (ex-católica), el día 31: “El obispo Fellay está furioso” y “obispo Fellay fue particularmente virulenta”. Ninguna de estas agencias de prensa menciona lo que el obispo Fellay dijo en su sermón el domingo: “No tenemos derecho a quedarnos paralizados, tenemos que seguir adelante, tenemos que reconquistar, y esto sólo puede hacerse en el nombre de la Señor. En cuanto a Dios y buscar la ayuda prometida por Dios “El domingo día 26, había declarado: “Nos permite vencer este miedo (…) que paraliza, que nos impide avanzar, que nos hace correr el riesgo de que se encrespa hasta a nosotros mismos en la cara de una amenaza, con el fin de defender lo que está bueno. Pero Nuestro Señor nos dice que la luz no es para ponerla debajo de un celemín, diciendo a los Apóstoles: “Vosotros sois la luz (del mundo)” (Mateo 05:14). Un alma en estado de gracia es la luz “.

La Porte Latine – Buen día, Su Excelencia. Gracias por responder a las preguntas de La Porte Latine para los fieles de Francia, que no fueron capaces de ayudar en este magnífico peregrinación usted. ¿Cómo resumiría esta peregrinación?

Monseñor Fellay – De hecho, magnífica es la palabra correcta. Una muy, muy, muy hermosa peregrinación, con una convergencia perfecta: la ayuda de la organización central de la peregrinación [1], que puso todo lo que necesitábamos a nuestra disposición, el Buen Dios que hizo de que teníamos absolutamente hermoso clima, hermosos días de finales de otoño que hacen de las ceremonias tan serena como deben de ser …… Creo que esa es la palabra que yo usaría: serenidad, era muy tranquilo y hermoso. Creo que las almas eran capaces de elevarse hasta Dios, unirse a Dios, gracias a la Santísima Virgen, y rogarle por todas las gracias que necesitan, lo que necesitamos. Verdaderamente una hermosa peregrinación de acción de gracias.

LPL – Hemos tenido varias consagraciones durante esta peregrinación. ¿Puedes hablar sobre ellas, ya que también incluyen a todos los fieles de la Sociedad?

Monseñor Fellay – De hecho, fueron renovaciones. No creo que haya habido consagraciones directas, a excepción tal vez de hoy que era realmente más que una petición a San Pío X; pero claro, él es nuestro patrón, y todo ya está en sus manos. La renovación de la consagración de la Sociedad y del Distrito de Francia al Inmaculado Corazón de María es el mismo que el de Fátima, como Lourdes es un sitio de las apariciones de la Virgen, y los mensajes son en realidad la misma: insisten en una muy profunda y muy íntima devoción a la Santísima Virgen, al Inmaculado corazón. Aquí, es el Inmaculado Corazón; en Fátima, es Doloroso e Inmaculado Corazón; pero es la misma Virgen. Así que es una consagración importante para nosotros, ya que es claramente manera de mostrarnos los medios para encontrar protección y ayuda en los momentos difíciles que estamos viviendo a través del cielo; el Inmaculado Corazón es verdaderamente el medio señalado por Dios, por el Cielo. Consagración al Sagrado Corazón, así, y a Cristo Rey. Es muy querido para nosotros, y muy importante.

Lo que me recuerda de algo muy esclarecedor que el Arzobispo Lefebvre dijo sobre el combate y los problemas actuales en la Iglesia; hizo una conexión con Cristo Rey, diciendo: “Es porque los prelados, nuestros prelados, los jefes de la Iglesia, ya no tienen ningún cuidado o preocupación por el reino y reinado de Nuestro Señor Jesucristo de que las cosas van mal”, y él incluso fue tan lejos como para decir que no podemos seguirlos; y es cierto, es un lenguaje que ya no es entendido hoy. Creo que es una de las mayores desgracias; es una manera de hacer la realeza de Nuestro Señor Jesucristo una especie de teoría, que ya no deseamos poner en práctica … Posiblemente por individuos … pero para las sociedades, reconociendo que las sociedades, países, naciones, pertenecen a Nuestro Señor, es simplemente considerada hoy como una idea de Marte, incluso en la Iglesia. Es una tragedia profunda, pues el mismo Señor de Naciones es nuestro Salvador; Él está a la cabeza de todas las naciones y de la Iglesia, y Él es al mismo tiempo el Salvador, el único que nos puede salvar. Para quitar una parte – la parte que incluye la vida humana, es decir, el mundo; tenemos un alma y un cuerpo – está muy grave, de hecho, es lo que los enemigos de la Iglesia querían: quitarle el cetro de Nuestro Señor. Este combate ha sido abandonado, y los pasos del arzobispo Lefebvre, que siempre vio esto como algo muy, muy serio, y estamos muy seguros de que tenemos razón. Así que renovar esta consagración, solicitada por Pío XI, es muy importante; se trata de una protesta enviada al cielo, diciendo: muchos han dado la espalda a usted, pero no a nosotros! Deseamos estar contigo.

LPL – Y esta última petición a San Pío X hoy en día?

Monseñor Fellay – San Pío X es nuestro patrón. Así que le pedimos de verdad para mantenernos, para protegernos, para que interceda desde el cielo para este trabajo que se ha colocado bajo su patrocinio, y desea seguir su ejemplo y se benefician de su intercesión. La gente puede decir lo que quieran, pero San Pío X fue verdaderamente un gran Papa, un santo. Fue canonizado en el nombre de su sacerdocio. Por supuesto, el Papa es, por así decirlo, la cumbre del sacerdocio – Soberano Pontífice – y que, también, es un buen programa. Hay que recordar que él, San Pío X, es nuestro modelo.

LPL – católicos, y especialmente a los fieles de la Sociedad, están preocupados por una serie de preguntas sobre los recientes acontecimientos. El primero es el de los cristianos de Oriente que están siendo masacrados en estos días. ¿Cuál es su opinión sobre lo que está sucediendo?

Monseñor Fellay – En primer lugar, una inmensa compasión, pero también, no hay duda de que si vemos hoy esta forma extremadamente agresiva del Islam en estos países, es porque había un cierto orden establecido que ha sido recientemente volcado completamente. Hasta ahora, los cristianos vivían en estos países con todo el honor y el respeto que se les debe, podríamos decir desde el principio. Cuando el Islam llegó, bajo Mahoma, que no eran tan bárbaros como lo son hoy; que, también, es un signo de los tiempos. Conviene que la gente piensa, pero da la impresión de que nadie piensa. Tratan de etiquetarlo como una especie de extremismo y se detienen allí. Lo que está ocurriendo allí es grave, realmente muy, muy serio. Una vez más, cuando ya no queremos el reinado de Nuestro Señor, así, sufrimos las consecuencias: son justo debajo de nuestros ojos.

LPL – Los medios de comunicación está hablando mucho sobre Sínodo de la Iglesia Católica. ¿Qué debemos pensar en ello? ¿Qué debemos esperar?

Monseñor Fellay – No hay nada que esperar. No hay necesidad de esperar, la dirección se ha dado, y es claro. Simplemente hay que decir: es evidente. Es obvio que quieren banalizar la situación de los que viven en adulterio, y verdaderamente en un estado de pecado. Desean que sea banal, y eso es muy, muy, muy serio. Cuando jugamos con la moral, estamos jugando con los mandamientos de Dios. Haberse atrevido, durante dos semanas, dejar preguntas de opinión, que no dejan lugar para la opinión. ¡Es la palabra de Dios!. Todo lo que tenemos que decir es: “Amén”. Debemos, por supuesto, pensar en cómo ayudar a estas personas, siempre debemos pensar en eso. Pero ciertamente no les ayudamos, diciéndoles que hay una puerta abierta cuando no la hay. ¡La puerta que se está abriendo una puerta al infierno! Estos prelados que han recibido el poder de las llaves, es decir, de abrir las puertas del cielo, se están cerrando, y la apertura de las puertas del infierno. Es increíble! Es una locura! Absolutamente loco! Y como ya he dicho, la dirección se ha trazado. Es cierto que este Sínodo no debía tomar una decisión; se supone que es un primer paso, pero se han dado los primeros pasos, la dirección se ha trazado, y no es difícil de adivinar lo que hará el siguiente sínodo. A menos que haya una reacción mucho más fuerte que la que vemos hoy en día, y por desgracia, dudo que habrá. Por desgracia, no va a ser.

LPL – ¿Qué debemos pensar de la beatificación de Pablo VI?

Monseñor Fellay – Simplemente no es grave. La conclusión es que cualquier persona puede ser un santo, sobre todo si son pro Vaticano II. Todo lo que este  con el Vaticano II es ahora santo, beatificado, canonizado. Una vez más, se trata de una forma de hacer que la santidad sea banal. Ya no es grave, sólo que no es serio. Me duele, nos duele profundamente. La religión está siendo ridiculizada. Un santo debe brillar por su virtud, su virtud heroica; él debe ser un ejemplo a seguir. Y es triste decirlo, pero lo que están haciendo aquí es una broma.

LPL -Nos va a terminar con lo que la prensa se salió de su sermón de ayer: “No temas!” Para los fieles que no estaban en esta Misa, ¿puedes decirles lo que deben salir de ella?

Monseñor Fellay – Lo que dije debe ser entendida de la manera correcta. No me acaba de decir “No temas,” así como así. Dije que humanamente hablando, hay razones muy graves en todos los lados para tener miedo, sino que debemos responder a esta temor humano con un punto de vista sobrenatural, al escuchar a Nuestro Señor que sabían que los Apóstoles tenían miedo: el miedo no es nada nuevo.

Este miedo ha existido desde los Apóstoles. Es una de las armas más poderosas de los enemigos de la Iglesia, sobre todo del diablo, para paralizar la acción apostólica de la Iglesia. Se trata de asustar, para aterrorizar. Debemos superar este miedo, pero no por la búsqueda de medios humanos. Los hombres tienen la tentación, ya sea a dejarse atemorizar por la realidad antes que ellos, o para tratar de arreglar los problemas por sí mismos. Para ambos, la verdadera respuesta es la dada por Nuestro Señor cuando dijo: “No temas,” porque tenemos que buscar ayuda en Él. “Nostrum adjutorium en Nomine Domini,” nuestro auxilio está en el Nombre del Señor. Debemos mirar a Dios. Y en una crisis tan terrible como ésta, es lo único que nos queda. En lo que a hombres se refiere, es más, no hay esperanza. La situación de la Iglesia es una catástrofe sin nombre. Así que realmente hay razón para tener miedo. Pero nosotros no tenemos el derecho de quedarnos paralizados, tenemos que seguir adelante, tenemos que reconquistar, y que sólo se puede hacer en el Nombre del Señor. Acudir y buscar la ayuda prometida por Dios.

Cuando Dios le preguntó a los apóstoles a salir a todo el mundo, Él debe haber dicho a ellos “No teman”, pero también dijo, “Cuenten conmigo. Siempre voy a estar con ustedes”. “No temas”, Ese es el mensaje de verdad.”

 
(fuente: LPL – NO.304 DICI fecha 7 de noviembre de 2014)

[1] Las autoridades y los servicios del santuario de Lourdes.

Al servicio de la Santa Iglesia Católica

Lefebvre-Conducting-Ordination

El 21 de noviembre de 1974, hace 40 años, el arzobispo Marcel Lefebvre hizo esta declaración, que se ha convertido desde entonces en la profesión de Fe de la Fraternidad San Pío X: “Nos adherimos con todo nuestro corazón y con toda el alma a la Roma católica, tutor de la fe católica y de las tradiciones necesarias para el mantenimiento de esta fe, a la Roma eterna, maestra de sabiduría y verdad. Debido a esta adhesión nos negamos a tener que seguir las tendencias de la Roma neomodernistas y neoprotestantes, como se manifestó claramente durante el Concilio Vaticano II, y después del Concilio en todas las reformas resultantes”.

Y el fundador de Econe añadió: “Para asegurar nuestra salvación, la única actitud de fidelidad a la Iglesia y a la doctrina católica, es un rechazo categórico a aceptar la Reforma. Es por esta razón por la que, sin ningún tipo de rebelión, amargura o resentimiento, seguimos nuestro trabajo de la formación de los sacerdotes bajo la estrella del antiguo Magisterio, en la convicción de que no podemos hacer mayor servicio a la Santa Iglesia Católica, al Soberano Pontífice, y para las generaciones futuras”.

El 21 de noviembre de 2014, 40 años después, el Superior General escribió a los amigos y benefactores de la Sociedad de San Pío X: “Mientras que por un lado la visión de la Iglesia desfigurado profundamente nos entristece, por otro, cantamos todos día el Magníficat por las maravillas del Todopoderoso todavía nos permite hacer realidad “y mencionó: “los 200 seminaristas y 40 pre-seminaristas en seis seminarios en cuatro continentes. “En los Estados Unidos, su creciente número nos ha obligado a construir una nueva, en Virginia … Y la construcción de muchas iglesias en todo el mundo también sirve para demostrar el dinamismo de la Fe. Sí, en verdad, la fe puede mover montañas!”.

Tomado de dici.org

Carta a los Amigos y Bienhechores n° 83

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Queridos amigos y bienhechores,

Hace ya 17 años, el futuro Benedicto XVI presentaba su visión del futuro de la Iglesia: entonces parecía muy pesimista. Preveía una tal fragmentación del Cuerpo Místico que quedaría reducido a un conjunto de pequeños grupos aún vivos, pero en medio de una decadencia generalizada.

“Tal vez debemos decir adiós a la idea de una Iglesia que reúne a todos los pueblos. Puede ser que estemos en medio de una nueva era de la historia de la Iglesia, constituida de un modo totalmente diferente, donde el cristianismo existirá más bien bajo el signo del grano de mostaza, en pequeños grupos aparentemente sin importancia, pero que vivirán intensamente para luchar contra el mal y sembrar el bien en el mundo…” [1]

“Se parecerá menos a las grandes sociedades, será más bien la Iglesia de las minorías, se perpetuará en los pequeños círculos vivos, donde gente convencida y creyente actuará según su fe. Pero es precisamente de ese modo que volverá a ser, como dice la Biblia, «la sal de la tierra»” [2].

Visión desastrosa del futuro de la Iglesia

¿Esta visión es fruto de la sagacidad personal del cardenal Josef Ratzinger, o se inspira en otra fuente, como el secreto de Fátima? Sólo él puede saberlo. De todos modos, gradualmente y sobre todo después del Concilio, asistimos a la lenta desaparición de la Iglesia tal como se presentó durante al menos 1.500 años, es decir como una sociedad que impregnó profundamente toda la vida humana y todo el cuerpo social, procurando formar un todo profundamente armonioso con lo temporal, incluso si el poder temporal a menudo trató de avanzar sobre el poder espiritual de la Iglesia. Desde la Revolución francesa estamos viendo no solamente la desaparición de los dos poderes, sino también una voluntad incesante de combatir y de reducir la influencia tan beneficiosa de la Iglesia sobre la sociedad humana. Desde el postconcilio, con la disminución espantosa del número de las vocaciones sacerdotales, con la pérdida de cientos de miles de religiosos y religiosas que habían entregado su vida por Dios y el prójimo, esta presencia de la Iglesia en los colegios, en los hospitales, en la vida social y política, prácticamente ha desaparecido. No se toma ninguna medida seria para frenar esta desaparición catastrófica de la Iglesia de la sociedad. Ha quedado reducida a la sacristía. Y lo que es aún peor, en los países donde la Iglesia había prodigado sus beneficios, en países que antaño se llamaban cristianos, incluso las iglesias y las sacristías están vacías… Ya no estamos tan lejos de la visión casi profética del cardenal Ratzinger.

Pero a estos elementos exteriores se agregan otros, propios de la vida interna de la Iglesia. Son las señales de una debilidad ante un enemigo ya no exterior, sino a partir de ahora interior. Se disuelven cada vez más claramente la unidad de la fe y la unidad de gobierno en la santa Iglesia; en cuanto a la unidad litúrgica, con las aperturas realizadas por la nueva misa en la dirección a la “creatividad”, sobre todo con la multiplicación de las oraciones eucarísticas, hace ya tiempo que voló en mil pedazos. En lo referente a la moral, el último Sínodo sobre la familia es una trágica manifestación de la proliferación de opiniones contradictorias que reina en este ámbito, y que la autoridad parece ya no poder contener, cuando no es ella misma la que las favorece…

En medio de este desastre, señalado por muchos observadores, nadie duda que nuestra modesta Fraternidad aparece como “un pequeño grupo aparentemente sin importancia, pero que vive intensamente para luchar contra el mal y sembrar el bien en el mundo…” Si por una parte nos duele profundamente ver a la Iglesia desfigurada, por otra, cantamos todos los días el Magnificat por las maravillas que el Todopoderoso nos permite realizar todavía.

***

La familia cristiana

Quisiéramos darles en breves líneas un panorama del desarrollo actual de la Fraternidad, que a pesar de los golpes que recibe de todas partes, no cesa de transmitir la gracia de Dios, y fortificar las almas en su dura y peligrosa peregrinación hacia el Cielo. Desde hace mucho tiempo nos damos cuenta que se debe prestar una atención muy particular a la familia cristiana, hogar sagrado donde nacen los niños destinados no solamente a la vida sobre esta tierra, sino a la vida del Cielo. Hay algo aterrador y diabólico en el refinamiento de la crueldad que se está empleando para atacar este santuario, desde la vida del niño por nacer en el seno de su madre.

¡Ante el número de familias numerosas que cultivan serenamente la virtud y buscan la gloria de Dios sin descuidar, antes al contrario, sus deberes con el prójimo y la sociedad, no podemos sino dar gracias a Dios y admirar el trabajo tan eficaz de la gracia! Sí, queridas familias, aunque la vida cristiana conlleva sus exigencias, la ayuda de Dios, la gracia, nunca falta, sean cuales fueren las circunstancias que reclaman frecuentemente un cierto heroísmo de vuestra parte. Por el simple hecho de vuestras vidas cristianas y vuestros esfuerzos, dais la prueba de que esta vida incluso hoy es posible, y que quienes abandonan los mandamientos de Dios para buscar otros caminos más complacientes con el mundo moderno, son derrotistas que han perdido el espíritu de fe que debería animar a todo católico.

La escuela católica

Esta vida de fe necesita ser protegida, y para poder desarrollarse requiere la escuela católica. Es algo que siempre ha constituido una preocupación mayor de la Iglesia, a tal punto que establece como obligación grave de los padres velar por la educación católica de sus hijos, amenazando, incluso hoy, con sanciones a los que falten a tal deber [3].

Estamos frente a una preocupación grave y muy concreta: ¿dónde encontrar hoy colegios auténticamente católicos, en donde la enseñanza de la fe penetre verdaderamente todas las disciplinas, establecimientos en los que se preparen los futuros padres y madres de familia a los combates necesarios en este mundo para conquistar el Cielo?

Por esta razón, uno de nuestros mayores esfuerzos se refiere a los colegios. A ellos consagramos, en el mundo entero, la mayor parte de nuestros recursos, tanto humanos como materiales. Y de hecho, un centenar de colegios, de diversos tamaños, forman para el mañana a miles de cristianos convencidos.

Los Ejercicios espirituales de San Ignacio

Si la familia y la escuela brindan una protección indispensable a los jóvenes en formación, ¿qué hacer para sostener a los que abandonan el hogar familiar y entran en el mundo? Nos preocupa grandemente la perseverancia de estos jóvenes adultos en el bien y la virtud, y la conservación de sus almas en estado de gracia en un mundo tan pervertido. Para ello no encontramos antídoto más fuerte que los Ejercicios espirituales de San Ignacio, que consideramos desde luego como uno de los mayores tesoros y medios de santificación puestos en nuestras manos – después del Sacrificio de la Santa Misa. Están hechos realmente para nuestro tiempo, y son capaces de dar el valor, la fortaleza y el heroísmo que requieren hoy todas las almas de buena voluntad. Por esta razón, invitamos instantemente a no descuidar tal medio. Sin duda alguna, consideramos los Ejercicios espirituales como una de las punta de lanza de la Fraternidad, y la causa de este verdadero milagro de la gracia que constituye hoy la vida cristiana.

El sacerdote y la Santa Misa

Pero la vida sobrenatural no sería posible sin el sacerdote, instrumento privilegiado, querido y elegido por Dios para difundirla en el Cuerpo Místico, en particular por el sacrificio de la Santa Misa. El vínculo íntimo que debe unir al sacerdote y la Misa, es el testamento que nos legó Mons. Lefebvre, pues la Misa es la fuente de toda santificación y el sacerdote, más aún que los demás, debe nutrirse en ella, para luego alimentar con ella a las almas que le están confiadas: “Por ellos Yo me santifico, decía Nuestro Señor, para que ellos también sean santificados en la verdad” (Jn. 17, 19).

Este misterio constituye el corazón de nuestros seminarios. Velamos por ello con celoso cuidado, y atendemos a todo lo que puede servir para engalanar las ceremonias litúrgicas. La belleza de los signos exteriores refleja la sublimidad de los misterios por los que se opera nuestra Redención. De este modo, estas ceremonias, grandiosas e íntimas a la vez, son como un preludio del Cielo.

Tal es el gozo y el privilegio diario de nuestros cerca de 200 seminaristas, así como de los casi 40 preseminaristas repartidos en nuestros 6 seminarios en los 4 continentes. En los Estados Unidos, debido a su creciente número, nos hemos visto obligados a construir un nuevo seminario, en Virginia, que debería quedar techado en la próxima primavera.

A esto se agrega la construcción de bastantes iglesias, un poco en todo el mundo, lo cual muestra el dinamismo de la fe. ¡Sí, realmente, la fe puede mover montañas! Creo que sólo la fe puede explicar este fenómeno que supera las fuerzas humanas. Gracias a Dios, vuestro ardiente celo y constante generosidad hacen posibles tales obras. Os agradezco profundamente. Cuenten con la oración agradecida de los seminaristas, sacerdotes, religiosos y religiosas, que cada día piden a Dios que os retribuya tantos beneficios, al ciento por uno.

Que Nuestra Señora os mantenga en la caridad y en la paz, queridos amigos, y que su Corazón Inmaculado, os conduzca a la bienaventuranza eterna.

[1] Le Sel de la Terre, Flammarion 1997, p. 16 (traducción de la redacción)
[2] Ibid. p. 214.
[3] Cf. Código de 1917, canon 2319, § 2-4; Código de 1983, canon 1366.

Letter to Friends and Benefactors no. 83
Brief an die Freunde und Wohltäter Nr. 83
Carta aos Amigos e Benfeitores n° 83
Lettre aux Amis et Bienfaiteurs de la Fraternité Saint-Pie X – n°83
Lettera agli amici e benefattori n° 83

DICI

IN CHRISTO OMNIA Instaurar en Cristo todas las cosas Un mismo programa de acción.

padre-trejo

Estimados Lectores, por primera vez tengo la alegría de dirigirme a ustedes encomendando el Distrito a la Virgen Inmaculada para que Ella, sin atender a la personal miseria, lo proteja cual poderosa Reina. Cabe recordar aquí, agradeciendo, los once años de trabajo intenso y abnegado del querido Padre Bouchacourt, quien ha sido ahora nombrado Superior del gran Distrito de Francia, su tierra natal. Que nuestra Buena Madre nos conceda aquí y allí la gracia de la santidad de nuestra vocación y la fidelidad a la Iglesia y a la obra de nuestro venerado fundador.

El presente número de esta revista conmemora el centenario de San Pío X en su ingreso en la gloria celestial. Es ocasión propicia y providencial para que, evocando figura y doctrina de nuestro santo Patrono, recordemos los lineamientos de acción para una verdadera restauración. Abordaremos en esta editorial la primera encíclica de San Pío X, “E supremi apostolatus”, publicada en la fiesta de San Francisco de Asís de 1903. Las citas serán de dicho documento.

I — 1914 y 2014, un contexto común

Algún lector podría objetar falta de actualidad evocar la doctrina de un Papa que hace cien años moría. En efecto, la situación presente es distinta al inicio del siglo XX. Lo del ébola, por ejemplo, es de último momento. La crisis económica, la aparición del Estado Islámico con sus decapitaciones, dos obispos vestidos de blanco en Roma —uno emérito y otro en funciones, dicen—, los osados ensayos de reconocimiento institucional de lo contra-natural (promovido por el lobby gay), son realidades tan actuales e inimaginables ante las cuales el mensaje de nuestro Patrono podría parecer fuera de tiempo. Sin embargo, en una lectura rápida de la encíclica citada, podemos verificar que hay muchos elementos comunes entre el tiempo de San Pío X y el nuestro: tristeza y angustia en el panorama mundial, sombras de guerra y deseos de paz, rechazo de Dios y establecimiento de un orden sin Cristo o anticristo.

Primer punto común: una situación mundial desalentadora y agobiante, desesperante. “Tristísima es la situación en la que se encuentra la humanidad, humani generis conditio afflictissima”, la describía San Pío X. Y hoy, ¿cómo se vive? Robo y violencia, inseguridad y delincuencia, vida desenfrenada y corrupción, fracasos matrimoniales y desunión, falta de instrucción y ausencia de humana formación, desempleo e inflación, son algunos de los tantos elementos del mundo moderno que no transmite sino una tristeza y desesperanza galopante.

Segundo elemento común: rumores de guerra y aspiraciones de paz. San Pío X vivió una situación de confrontación mundial: “E supremi apostolatus” describe la vigilia del estallido como “una lucha de todos contra todos, fere omnium in omnes pugna”, y de hecho murió en vísperas del inicio de la Primera Guerra. Nosotros, ¿sufrimos la amenaza de una gran guerra? Recientemente el Papa Francisco advertía sobre una presente tercera guerra mundial por la cantidad de conflictos locales y la amenaza de nuevas guerras. Quizás. El tiempo lo dirá.

En todo caso, los rumores de guerra angustian el corazón. Las sombras de muerte debilitan la razón. Ante esta pesadumbre de temor y pánico, el alma clama, ayer y hoy, por la paz. “El deseo de paz conmueve sin duda el corazón de todos y no hay nadie que no la reclame con vehemencia”.

– El rechazo de Dios: “apártate de nosotros”. Otro elemento que perdura desde el tiempo de San Pío X: el rechazo de Dios. “La sociedad actual, más que en épocas anteriores, está afligida por un íntimo y gravísimo mal que la está llevando hasta la muerte… Es la defección y la separación de Dios, defectio abscessioque a Deo”. Esta es la causa de la muerte del mundo. “Contra su Autor se han amontonado las gentes y traman las naciones planes vanos; parece que de todas partes se eleva la voz de quienes atacan a Dios: apártate de nosotros”. “No se tiene en cuenta la ley de su poder supremo en las costumbres, ni en público ni en privado”. Hoy, basta abrir el periódico para constatar la actualidad del análisis de San Pío X. Burlas y odio contra Dios y su Iglesia son el amargo pan cotidiano de nuestra existencia. ¡Apártate de nosotros!

– Un orden sin Cristo o anticristo. “Quien considere todo esto tendrá que admitir de plano que esta perversión de las almas es como una muestra, el prólogo de los males que debemos esperar en el fin de los tiempos; o incluso pensará que ya habita en este mundo el hijo de la perdición de quien habla el Apóstol”.

Este orden social sin Cristo —o más bien, anticristo— consiste en quitar la religión, destruir la piedad, impugnar los documentos de la fe revelada (revelatae fidei documenta oppugnari), apartar a Dios del hombre.

¿Y qué hará el hombre al quedarse sin Dios? Él mismo se hará dios: “Esta es la señal propia del Anticristo… El hombre mismo, con temeridad extrema ha invadido el campo de Dios, exaltándose por encima de todo aquello que recibe el nombre de Dios… Se ha consagrado a sí mismo este mundo visible como si fuera su templo, para que todos lo adoren. Se sentará en el templo de Dios, mostrándose como si fuera Dios”.

II – El Concilio que promovió el culto al Hombre

Vemos aquí un factor propio de nuestro tiempo que San Pío X no sufrió, aunque quizás con temor intuyó. Un mal acaecido entre 1914 y 2014: Vaticano II, que oficializó un vuelco antropocéntrico de la religión católica. Lo que San Pío X (Papa verdaderamente santo, aclaración ex professo intercalada al compararlo con algunos nuevos supuestos beatos y santos)(1) señalaba sobre el culto al hombre, se ha hecho realidad, ay, en el mismo templo santo de Dios que es la Iglesia: “nosotros —y más que nadie— tenemos el culto del hombre”, orgulloso proclamó Pablo VI al terminar el Concilio. El culto del hombre…

Vale la pena recordar brevemente la homilía citada, del 7 de diciembre de 1965, siendo ella paradigmática. Pablo VI reconoce allí que la característica de este Concilio ha sido su gran interés por el hombre moderno. “El valor del Concilio es grande porque todo se ha dirigido a la utilidad humana”. Ha sido un cambio de actitud —del habitus mentis en el texto latino— en comparación a los últimos tiempos de la Iglesia cuando se enfrentaba abiertamente al mundo. Adrede se evitó la condena y el enfrentamiento al Hombre moderno: “La religión, es decir, el culto del Dios que se ha querido hacer hombre, se ha encontrado con la religión —porque tal es—, esto es, el culto del hombre que se quiere hacer Dios. ¿Qué ha sucedido? ¿Un choque, una lucha, una condenación? Certamen, proelium, anathema? Podía haber sido pero no se produjo… Un inmenso amor a los hombres todo lo ha penetrado…” El motivo invocado para este cambio es entonces la caridad… Aquí uno sorprendido le podría preguntar al Concilio: ¿sólo ustedes han tenido caridad? Los Papas anteriores, los obispos durante veinte siglos, han llegado a un enfrentamiento con el mundo ¡¿por no tener caridad?!

El Papa conciliar continúa: “Vosotros, humanistas modernos, que renunciáis a la trascendencia de lo supremo, atribuid al Concilio siquiera este mérito y reconoced nuestro nuevo humanismo: también nosotros —y más que nadie— tenemos el culto del hombre, nos etiam, immo nos prae ceteris, hominis sumus cultores”. Incluso afirma que la Iglesia se ha hecho, en cierta manera, sierva y esclava de la humanidad: Ecclesia quodammodo se professa est ancillam humani generis. Concluye Pablo VI recordando que este Concilio, si bien es auténtico, no es magisterio infalible y que toda su riqueza doctrinal viene de que está al servicio del Hombre.

Ésta será, lo verificamos con el paso de los años, una nueva modalidad en la Iglesia: los que enseñan, tienen autoridad pero ya no invocan la infalibilidad. Son los órganos auténticos de magisterio —Papa, obispos, concilio—, sí, pero con un nuevo lenguaje y nuevo discurso pues ya no versa sobre la verdad de la divinidad sino principalmente sobre los problemas de la humanidad y de su divinización… Hay un riesgo inmenso de desvincular así la autoridad de la verdad de Dios, pues poder sin sumisión a la verdad fácilmente degenera en maquiavelismo o en autoritarismo.

III – Instaurarlo todo en Cristo

1914 y 2014. Algunos elementos comunes (angustia generalizada, rumores de guerra, rechazo de Dios) y uno propio de nuestros tiempos (el culto del hombre en el templo santo, la Iglesia). ¿Qué hacer?

“En nuestro pontificado no tenemos sino un propósito: instaurarlo todo en Cristo, para que efectivamente todo y en todos sea Cristo” (Ef. 1, 10 y Col. 3, 11), sentenciaba el Papa Santo Pío X. El remedio, entonces, era —es y será siempre— Jesucristo, el Dios hecho hombre. Para salvar al mundo y traer la paz es necesario que Cristo reine, que su doctrina se extienda, que su Ley guarde y su amor florezca. Que Cristo vuelva a ser el fundamento de la vida social y privada. “Si alguno nos pide una frase simbólica, que exprese nuestro propósito, siempre le daremos sólo esta: instaurare omnia in Christo!

“Es necesario afirmar y revindicar el supremo dominio de Dios sobre los hombres y las criaturas, de modo que su derecho a gobernar y su poder reciban culto y sean fielmente observados por todos. Lo cual se realizará por Jesús el Cristo pues nadie puede poner otro fundamento, fuera del que está ya puesto, que es Cristo Jesús (I Cor 3, 11)”. ¿Y por qué camino llegar a Cristo? Por la Iglesia. “Cristo encomendó su doctrina y los preceptos de sus leyes a la Iglesia, la enriqueció con sus dones de gracia y salvación; a ella sola, a la Iglesia católica, apostólica y romana. Así debemos empeñarnos en hacer volver la sociedad humana a la doctrina de la Iglesia: ut consociationem hominum ad Ecclesiae disciplinam revocemus”. Éste era, en resumidas cuentas, el programa de acción de nuestro Santo Patrono.

– El “omnia in Christo” de Monseñor Lefebvre. A Monseñor Lefebvre muchos le preguntaban el motivo por el cual había dado a la Fraternidad el nombre y el patronazgo de San Pío X. ¿Por la bandera antimodernista enarbolada? “Sí, era cierto, pero no lo era lo primero —contaba recientemente Monseñor Tissier de Mallerais, testigo presencial de esos primeros años—, la primera intención para nombrarlo nuestro patrono era la centralidad que San Pío X había dado al misterio de Jesucristo, centralidad reflejada en el in Christo omnia y la preocupación que tuvo por la formación y santidad sacerdotal. Ese había sido su primer motivo”.

Ciertamente, el que cree y ama a Jesucristo, lucha fieramente contra lo que atenta contra su doctrina y santidad. De ahí la lucha contra el modernismo declarada abiertamente por San Pío X y sostenida por nuestro fundador. El progresismo religioso y doctrinal diluye la verdad de Nuestro Salvador y destrona a Cristo poniéndolo al servicio del mundo y de los poderes que lo gobiernan.

Contra ese modernismo, por el honor y verdad de Cristo, se ha de luchar. Así, Monseñor Lefebvre nos legó, como inefable herencia, la fe y la Misa de siempre, el sacerdocio católico, los sacramentos canales de la gracia y de la transformación de las almas, el amor por el reino de Cristo que es la Iglesia. Lo que él había recibido, nos transmitió: en Cristo, todo; sin Cristo, nada.

– Nuestro “todo en Cristo”. Y éste debe ser nuestro combate, nuestra bandera: volver al fundamento puesto por Dios que es Cristo Jesús. “Habrá que proclamar con más firmeza las verdades transmitidas por la Iglesia, toda su doctrina sobre la santidad del matrimonio, la educación doctrinal de los niños, la propiedad de los bienes y su uso, los deberes para y con quienes administran el Estado”, palabras de San Pío X que guardan extraordinaria actualidad en medio de la crisis sin precedentes que vivimos. Proclamar la doctrina a tiempo y a destiempo, defender el matrimonio verdadero, llevar el catecismo verdadero, apoyar la educación cristiana en nuestras escuelas, pelear por el bien común, y cuántas lecciones más podemos sacar de los textos de nuestro Patrono.

Todo en Cristo, sin Cristo nada.

Que el programa de acción de San Pío X, legado de nuestro fundador, se encarne en nuestras vidas por el amor a la doctrina y Misa de siempre, por el deseo de que Cristo sea todo en todos. Que la Virgen Santa nos conceda esta gracia. Con mi bendición.

Padre Mario Trejo
Superior de Distrito América del Sur

NOTAS:

1. Sobre beatificaciones y canonizaciones posteriores al Vaticano II, ver números 134 y 145 de nuestra revista.

Tomado de la revista IESUS CHRISTUS 147, Editorial.

A propósito de la notificación de Mons. Sereraro

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RORATE CÆLI, 12-Nov-2014, publica una traducción del comunicado de la FSSPX en Italia con respecto a la pretendida sanción del obispo de Albano.
Después de que Monseñor Marcello Semeraro, de Albano, Italia, Secretario del Consejo Pontificio de la Reforma (el Consejo de Nueve cardenales) declaró solemnemente “fuera de la comunión con la Iglesia católica” a todos los fieles que acuden a las misas y recibir los sacramentos de sacerdotes de la Sociedad de San Pío X (FSSPX / SSPX). También amenazó a sus fieles con un “camino penitencial especial”. El distrito local de dicha Sociedad hizo la siguiente declaración, que publicamos aquí para el registro de los acontecimientos en curso:

ALBANO, Italia – 31/10/2013 (Comunicado de prensa)

En una notificación de fecha 14 de octubre de este año, el obispo Marcello Semeraro, Ordinario de la diócesis de Albano Laziale (Italia), ha hecho declaraciones particularmente odiosas sobre la Sociedad de San Pío X, con el fin de mantener a los fieles fuera de las misas celebradas por nuestra sociedad y de la enseñanza de la religión que se les da a los jóvenes, declarando que la sociedad no era “una institución de la Iglesia Católica”.

“El Obispo Semeraro, no puede desconocer el hecho de que la Sociedad de San Pío X se erigió con la aprobación del obispo de Friburgo (Suiza) el 1 de noviembre de 1970, y que este establecimiento fue ratificado por Roma con un decreto emitido por el cardenal Wright, Prefecto de la Congregación para el Clero el 18 de febrero de 1971.

La casa en sí, de la Sociedad en Albano, con su oratorio semipúblico para la administración de los sacramentos, fue erigida canónicamente por el decreto del predecesor de obispo Semeraro, el obispo Raffaele Macario el 22 de febrero, 1974 (Protocolo n. 140/74).

A pesar de los problemas con las autoridades eclesiásticas que se desarrollaron después de las desviaciones de la fe y la liturgia provocada por el Concilio Vaticano II, y a pesar de los intentos ilegítimos de suprimir nuestra sociedad a causa de su fidelidad a la Tradición de la Iglesia, la misma Santa Sede , a través de la Comisión Ecclesia Dei romana, afirmó que uno puede cumplir con sus obligaciones domincales “por asistir a una misa celebrada por un sacerdote de la Sociedad de San Pío X” (18 de enero, 2003) y, como todo el mundo sabe, ya no considera los obispos de esa misma sociedad fuera de la comunión con la Iglesia católica.

Es muy extraño que el obispo Semeraro interviniera de esta manera cuando se ha hecho el campeón del ecumenismo en su diócesis. En 2009 se concedió a la Iglesia de San Francesco en Genzano, que fue construido con los trabajos y sacrificios de nuestros antepasados para el culto católico, a los cismáticos y herejes. El 28 de enero de este año se organizó una vigilia ecuménica en la catedral para orar con las personas que ciertamente no están “en comunión con la Iglesia católica”, como un pastor evangélico luterano y un obispo ortodoxo.

En el mes de noviembre se han programado, en la diócesis, solamente tres reuniones ecuménicas , y el obispo presidirá en uno de ellos, apoyando así las religiones que niegan las verdades de la fe que han sido definidas por la Iglesia y la difusión de la falsa doctrina de indiferentismo, que dice que toda religión es útil para la salvación. No parece importarle que esto contradice abiertamente la enseñanza del Magisterio perenne de la Iglesia, en particular, del Papa Pío XI en su encíclica Mortalium Animos.

Además del 26 de marzo al 28 de este año, la casa de los Padres Somaschi en Albano fue sede del Primer Foro de homosexuales cristianos, en el que la práctica de la sodomía fue defendida, en principio, ¡como un acto de amor verdadero!

Todo esto es posible en la diócesis… ¡Pero que no asistan a las misas o clases de los que la mano por la Tradición de la Iglesia en la doctrina y la liturgia!

Esta incoherencia flagrante es un síntoma evidente de la terrible crisis que está afectando a toda la Iglesia y que se manifestó de nuevo recientemente en el último Sínodo, en el que, bajo el pretexto de la misericordia, ¡no había discusión sobre la posibilidad de cambiar el sexto mandamiento de Dios y de abandono de la indisolubilidad del matrimonio cristiano!

La Sociedad de San Pío X, siguiendo el ejemplo de su fundador, continuará transmitiendo en su totalidad el depósito de la fe y de la moral católica, tomando abiertamente lado contra todos los errores que intentan distorsionarla, sin temor de amenazas o de sanciones canónicas injustas, porque ni el obispo Semeraro ni ningún otro miembro de la jerarquía eclesiástica nunca serán capaces de cambiar este depósito. Como San Pedro dijo: “Es mejor obedecer a Dios antes que a los hombres.”

Todos los que desean recibir los sacramentos como la Iglesia siempre les ha administrado, o para recibir una auténtica catequesis para sus hijos, la formación de adultos, la dirección espiritual y la comodidad de los enfermos, será siempre bienvenida en nuestras capillas.”

Sociedad de San Pío X, Distrito de Italia

La Porte Latine – Jean-Paul et Jacques bufé, 27 de octubre 2014 – en francés; Alimentación Traducción Inglés. [Traductor: Rigoberto Ortiz] Artículo original.

Tomado de: Stat Veritas blog

¿Qué unidad está siendo ofrecida a la Sociedad de San Pío?

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07.11.2014
El 20 de octubre de 2014, en una entrevista concedida al semanario Famille chrétienne francés, el arzobispo Guido Pozzo (en la foto), secretario de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, ha explicado – después de la reunión entre el cardenal y obispo Fellay Müller (23 de septiembre) – el objeto de la discordia entre Roma y la Fraternidad San Pío X: “los aspectos controvertidos tienen que ver en parte con la evaluación de la situación eclesial desde el Concilio Vaticano II y las causas que produjeron un cierto tumulto teológico y pastoral en el período del post concilio, y, más generalmente, en el contexto moderno. Y en parte, tienen que ver con cuestiones específicas relacionadas con el ecumenismo, el diálogo con las religiones del mundo y la cuestión de la libertad religiosa”.
A la pregunta, “¿Hay alguna manera de disociar un acuerdo jurídico de una discusión doctrinal? Para configurar una prelatura personal, sin dejar de perseguir a los debates sobre los puntos teológicos polémicos, en una escala más a largo plazo”, el prelado romano respondió: “La Congregación para la Doctrina de la Fe siempre ha considerado la superación de los problemas doctrinales como la condición indispensable y necesaria para proceder a un reconocimiento canónico de la fraternidad” y agregó: “Permítanme, sin embargo, señalar que la superación de las dificultades doctrinales no significa que las posiciones de la FSSPX sobre determinados aspectos que no son del dominio de la fe, sino más bien la preocupación de temas pastorales o de la enseñanza prudencial del Magisterio, los que tienen que ser retirados o cancelados por la Fraternidad. El deseo de proseguir el debate y en un estudio más profundo de temas tales como estos que son un problema para la Fraternidad San Pío X, en vista de las ultimas especificaciones y aclaraciones, no sólo es aún posible, pero – al menos en mi opinión- es deseable y debe fomentarse. En consecuencia, no pedimos que sean menos exigentes en un cierto número de temas“.
Un poco más adelante, el arzobispo Pozzo afirmó: “No es cierto que la Santa Sede desea forzar la Fraternidad San Pío X a capitular. Por el contrario, se les invita a ponerse a su lado, en un contexto común de principios doctrinales necesarias para garantizar una común adhesión a la fe ya la doctrina católica sobre el Magisterio y la Tradición, mientras que todavía deja espacio para el estudio y la exploración de determinados aspectos y formulaciones de los documentos del Concilio Vaticano II, y en ciertas reformas que siguieron, pero que no se refieren a cuestiones dogmáticas o doctrinalmente indiscutibles. No hay duda de que las enseñanzas del Concilio Vaticano II tienen un grado muy variable de la autoridad y el carácter convincente“.
Comentario:
En esta entrevista, el arzobispo Pozzo no dijo si él estaba hablando en su propio nombre – excepto cuando se especifica “por lo menos en mi opinión” – o en nombre de sus superiores. Tampoco sabemos si debemos considerar estas aperturas hacia la Sociedad de San Pío X como similares a las que Francisco ha hecho recientemente hacia los carismáticos. En un discurso pronunciado ante los miembros de la Fraternidad Católica de Comunidades y Asociaciones Carismáticas de Alianza, el 31 de octubre de 2014, el Papa insistió fuertemente en la noción “de unidad en la diversidad”. “La unidad no es uniformidad, no significa necesariamente hacer todo junto, o pensando de la misma manera, o la pérdida de la propia identidad”, explicó. “La unidad es en la diversidad, que es exactamente lo contrario, que es reconocer y aceptar con alegría las diferencias que el Espíritu Santo concede a cada persona y colocarlos al servicio de todos los miembros de la Iglesia.” Y le preguntó a su audiencia “no hay que olvidar que la Renovación Carismática es, por su propia naturaleza ecuménica”. En un sentido amplio como “contexto ecuménico “, las cuestiones doctrinales mencionadas por el arzobispo Pozzo son ciertamente de una importancia muy relativa.
(Fuentes: Famille chrétienne / APIC – DICI NO.304 07 de noviembre 2014).

Amenazas de excomuniones a la FSSPX pueden ser ilegales.

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LONDRES, 4 de noviembre de 2014 – La Federación Internacional Una Voce, que busca promover las tradiciones, particularmente las tradiciones litúrgicas de la Iglesia Católica Romana dentro de las estructuras oficiales de la iglesia, cuestionaron hoy la legalidad de una “notificación” fechada el 14 de octubre de 2014 emitida por la Sede Romana de Albano, Italia, donde afirma la excomunión de quienes reciban los sacramentos de, o asistan a servicios religiosos por la Sociedad de San Pío X (SSPX).

La Federación cuestiona la legalidad de otra “notificación”, en términos similares, de S.E.R. Mons. Óscar Sarlinga, obispo de la Diócesis de Zárate-Campana en la Argentina, publicada el 3 de noviembre de 2014.

La Federación, que es un movimiento laico independiente de cualquier comunidad sacerdotal o religiosa, cree que la preservación de la doctrina, legislación y justicia, así como buena práctica pastoral, dentro de la iglesia es importante. La Federación cree que estas “notificaciones” tienden a implicar que cualquier persona que haya asistido a los servicios de la SSPX no es o no será bienvenida en las parroquias en estas diócesis.

Este punto de vista es claramente contradictorio con el énfasis del Sumo Pontífice, Papa Francisco, respecto a la misericordia y perdón, así como la “apertura de corazón”, solicitada por el Papa Benedicto XVI como un preludio a una sanación o reparación de divisiones “en el corazón de la iglesia”.

El obispo de Albano, Italia, es S.E.R. Mons. Marcello Semeraro, portavoz de prensa de la Conferencia Episcopal Italiana y Secretario del Consejo interno Pontificio compuesto por 9 consejeros.

La Federación está solicitando a la Santa Sede que aconseje que estas “notificaciones” están parcialmente incorrectas y que requieren ser modificadas con el fin de cumplir con la ley canónica y las decisiones de la Santa Sede.

TRASFONDO

El 14 de octubre de 2014, la Cancillería de la Diócesis de Albano emitió una notificación a los párrocos afirmando que quien asiste a los servicios de la SSPX, incluyendo, al parecer, los niños, tal modo “rompen a comunión con la iglesia católica” y sólo pueden ser readmitidos a la Iglesia después de “un camino personal adecuado de reconciliación”. La notificación dice:

“Los fieles católicos no pueden participar en la misa, ni solicitar o recibir los sacramentos de o en la Sociedad (SSPX). Actuando lo contrario significaría romper la comunión con la iglesia católica. Por lo tanto, cualquier fiel católico que solicite y recibe los sacramentos en la Sociedad de San Pío X, se colocará él mismo, de facto, en la condición de no estar en comunión con la Iglesia Católica. Una readmisión a la Iglesia Católica debe ser precedida por una trayectoria personal adecuada de reconciliación, según la disciplina eclesiástica establecida por el Obispo.”

S.E.R. Mons. Óscar Sarlinga, obispo de Zárate-Campana en Argentina, en una carta a su diócesis con fechada el 3 de noviembre de 2014, establece:

“No es lícito para los fieles católicos participar en la celebración de la Misa en estas condiciones, ni solicitar ni recibir los sacramentos por parte de los sacerdotes de la mencionada “Sociedad de San Pío X”, incluyendo en lugares privados convertidos en lugares de culto, y sin excluir, en caso de obstinación, también incurrir en sanciones “ferendae sententiae” que pueden aplicar, según el espíritu eclesial y la protección de los fieles. En el caso de ruptura de la comunión eclesiástica por los motivos fundados antes mencionados, para ser readmitido en la Iglesia Católica (y eventualmente de la eliminación de la censura canónica), una trayectoria personal de reconciliación será necesaria, según la disciplina asesorada por la Santa Sede y la propia Diócesis, establecida por el Obispo diocesano”.

RESUMEN CANÓNICO

La actitud de la Santa Sede siempre ha sido que los fieles laicos que reciben los sacramentos de sacerdotes de la SSPX no están excomulgados. Los ejemplos son los siguientes.

A. En 1991, S.E.R. Mons. Joseph Ferrario, obispo de Honolulu (Hawái, EE.UU.), declaró que seis laicos católicos quedaron excomulgados por motivos cismáticos al haber solicitado los servicios de un obispo de la SSPX para administrar el sacramento de la Confirmación. Estos apelaron ante la Santa Sede que, a través de S.E.R. Joseph Cardenal Ratzinger como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, declaró dicho Decreto inválido porque su acción, aunque considerada reprochable, no constituía un cisma.

B. El 5 de septiembre de 2005, la Santa Sede, a través de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, afirmó que “los fieles que asisten a las Misas de la fraternidad mencionada no están excomulgados, y los sacerdotes que las celebran tampoco no lo están — de hecho los últimos, de hecho, están suspendidos.” (Protocolo n. 55/2005, firmado por el entonces Secretario de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, Mons. Camille Perl).

C. El 27 de septiembre de 2002, citado y reafirmado el 18 de enero de 2003, la Santa Sede, a través de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, afirmó “En sentido estricto usted puede cumplir con el precepto dominical asistiendo a una misa celebrada por un sacerdote de la Sociedad de San Pío X.” (Cartas firmadas por Mons. Camille Perl).

“Para romper la comunión con la Iglesia Católica”, es decir, excomunión, sólo puede incurrirse donde hay tanto una “violación externa de una ley o precepto” y es “gravemente imputable por dolo o culpabilidad” (canon 1321) y sólo si el castigo adecuado es propiamente la excomunión.

La excomunión no es la pena adecuada para quienes “participan en la misa” o “solicitan o reciben los sacramentos” por parte de los sacerdotes de la SSPX o en lugares de culto administrados por la SSPX. Por lo tanto:

A. Por consiguiente no es correcto que se incurrió en la excomunión en tal modo.

B. En ningún caso, los menores de 16 años no pueden incurrir en una penalidad (canon 1323.1); Esto aplicaría a los menores de esta edad que recibieron el Bautismo o la Confirmación.
Aún basando un argumento canónico en la suposición de que la SSPX no tiene ningún estatuto canónico dentro de la Iglesia y que sus sacerdotes están suspendidos, tras la ordenación sin las cartas dimisorias, no quiere decir que aquellos fieles laicos que busquen los sacramentos por parte de estos sacerdotes cometen un acto ilegal.

Afirmar lo contrario también entra en conflicto con la disposición canónica (canon 1335) para la suspensión de cualquier prohibición de la celebración de los sacramentos o sacramentales, o el ejercicio de potestad de gobierno, cuando uno de los fieles lo solicita para “cualquier razón justa”.

Además, las notificaciones parecen impugnar el decreto de la Congregación para los Obispos, fechado el 21 de enero de 2009 respecto al levantamiento de las excomuniones de los obispos de la SSPX y en cambio parecen que quieren volver a imponer las excomuniones, dentro de cada diócesis, contrariamente al decreto emitido por esta Congregación de la Santa Sede.

Por otra parte, sería incongruente por el legislador levantar la excomunión de los Obispos (de la SSPX) al imponer o mantenerla en los fieles laicos a quienes ministran.

CONCLUSIÓN

La Federación está obligada así a cuestionar las notificaciones ya que parecen socavar la legislación pontificia y el Derecho Canónico.

Tomado de Stat Veritas

Comunicado de la Casa General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X respecto a la beatificación del Papa Pablo VI

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Tras la clausura del Sínodo extraordinario sobre la familia, el Papa Francisco llevará a cabo el domingo el 19 de octubre de 2014 la beatificación del Papa Pablo VI. La Fraternidad Sacerdotal San Pío X quiere expresar sus más serias reservas sobre las beatificaciones y canonizaciones de los últimos Papas, cuyos abreviados procesos infringen la sabiduría de las reglas seculares de la Iglesia

Pablo VI es, por cierto, el Papa de la Encíclica Humanae Vitae[1], que aportó luz y reconfortó a las familias católicas cuando los principios fundamentales del matrimonio eran fuertemente atacados, igual que lo han sido — de manera escandalosa — por algunos miembros del Sínodo que está por acabar.

Pablo VI, empero, es también el Papa que condujo a término el Concilio Vaticano II, introduciendo en la Iglesia un liberalismo doctrinal expresado a través de errores como la libertad religiosa, la colegialidad y el ecumenismo. De aquí se siguió una gran trastorno, que él mismo reconoció el 7 de diciembre de 1968: “La Iglesia se encuentra en un momento de inquietud, de autocrítica, incluso se diría que de autodestrucción. Es como si la Iglesia se dañara a sí misma”. Al año siguiente reconocía: “En muchos aspectos, el Concilio no nos ha dado hasta ahora tranquilidad, más bien ha suscitado trastornos y problemas nada útiles para reafirmar el Reino de Dios en la Iglesia y en las almas”. Llegó a esta expresión de alarma el 29 de junio de 1972: “El humo de Satanás ha entrado por alguna grieta en el templo de Dios: la duda, la incertidumbre, la problemática, la inquietud, la insatisfacción, el enfrentamiento están a la orden del día…”. No hizo más que una comprobación, sin tomar las medidas necesarias para detener esta autodestrución.

Pablo VI es el Papa que, con una finalidad ecumenista, impuso la reforma litúrgica de la Misa y de todos los ritos de los sacramentos. Los cardenales Ottaviani y Bacci denunciaron esta nueva misa por alejarse “de forma impresionante, en el conjunto como en el detalle, de la teología católica de la Santa Misa, tal como fue formulada en la XXIIª sesión del Concilio de Trento” [2]. Sobre estos pasos, Monseñor Lefebvre declaró que la nueva misa está “impregnada de espíritu protestante”, vehiculizando en sí misma “un veneno perjudicial para la fe”[3].

Durante su pontificado numerosos sacerdotes fueron perseguidos, e incluso condenados, por su fidelidad a la misa tridentina. La Fraternidad Sacerdotal San Pío X recuerda con dolor la condena infligida en 1976 a Monseñor Lefebvre, declarándolo suspendido a divinis por su apego a esta misa y por su categórico rechazo de las reformas. Solamente en 2007, por un Motu Proprio de Benedicto XVI, se reconoció el hecho de que la Misa tridentina nunca había sido abrogada.

Siguiendo los pasos de su fundador, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X renueva su adhesión a la Tradición bimilenaria de la Iglesia, persuadida de que esta fidelidad, lejos de ser una crispación pasajera, aporta el remedio saludable a la autodestrucción de la Iglesia.

Menzingen, 17 de octubre de 2014

[1] 25 de julio de 1968.
[2] En Breve examen crítico de la nueva misa, carta-prólogo de los cardenales Ottaviani et Bacci, 3 setiembre de 1969, § 1.
[3] Carta abierta a los católicos perplejos, Albin Michel, 1985, pág. 43