Asunción de la Santísima Virgen

IMG_8407

Dichosa me llamarán todas la generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el Poderoso.

“María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo”. San Agustín.

Dogma proclamado por Pío XII, según el cual al final de su vida terrestre, la Virgen María fue elevada en cuerpo y alma, a la gloria del cielo. Así el 1 de noviembre de 1950 se publicó la bula Munificentissimus Deus en la cual el Papa, basado en la tradición de la Iglesia católica, tomando en cuenta los testimonios de la liturgia, la creencia de los fieles guiados por sus pastores, los testimonios de los Padres y Doctores de la Iglesia y por el consenso de los obispos del mundo, declaraba como dogma de fe la Asunción de la Virgen María.

Anuncios

ALMA QUE TIENE CON PERSEVERANCIA ORACIÓN (Vida, cap. XIX, 4)

 La oración perseverante en la crisis espiritual de Santa Teresa

Estimados Lectores:

Este año se cumple el quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, madre y maestra de las almas que rezan. En la editorial de este número a ella consagrado, permítanme evocar el papel fundamental de su perseverante oración que le permitió salir de una crisis espiritual que le duró dieciocho años.

Santa Teresa de JesúsLa crisis espiritual de Santa Teresa de Ávila

Es curioso hablar de “crisis espiritual” en un alma santa pues parece señalar un período de oscura confusión y peligrosa enfermedad de un espíritu que sufre por superar una etapa. Sin embargo ella misma lo revela: “más de dieciocho años pasé esta batalla”. (1)

Dieciocho años confiesa Teresa. Se refiere al tiempo de su plena juventud: desde los veinte años, fecha de ingreso al convento, hasta los casi treinta y nueve cuando finalmente se dio su “conversión”. (2) Dieciocho años, y no es poco. Casi la tercera parte de su vida.

¿En qué consistió esta crisis? Fue un tiempo, no de muerte espiritual –como la produce un pecado mortal–, sino de tibieza y enfermedad, de turbación y lucha interior, de batallas y escaramuzas perdidas, de caídas y levantadas, de no caminar plenamente derecho sino chueco ante el Señor.(3) En concreto, la joven religiosa no tenía el suficiente recogimiento como le exigía su consagración. Mucha vida apostólica, en detrimento de los tiempos de oración y soledad. Correspondencia en amistad excesiva y no plenamente divina. Celo por la causa de Dios, sí, pero celo imprudente. Esto produjo un debilitamiento espiritual que la distanció de la vida de oración. Debía cortar algunas preocupaciones humanas para preocuparse más del espíritu. En sus escritos ella llama a esos momentos “ocasiones”, es decir, situaciones donde la caridad se enfriaba.(4)

Cabe aquí preguntarnos cómo una religiosa contemplativa podía distraerse en una vida social excesiva. Es que nuestra Santa vivió en los tiempos en que algunas órdenes religiosas sufrían el relajamiento de algunas sanas costumbres de la vida consagrada. De hecho, Teresa de Ávila corregirá con el tiempo esas desviaciones fundando los carmelos reformados exigiendo completa pobreza y quitando honras y distracciones mundanas:

Me hizo harto daño no estar en monasterio encerrado; porque la libertad –que las que eran buenas podían tener con bondad– para mí, que soy ruin, hubiérame llevado al infierno…

Es grandísimo peligro monasterio de mujeres con libertad, cuando están autorizadas las honras y recreaciones del mundo, y tan mal entendido a lo que están obligadas…

Y advierte del peligro que pueden ser los conventos (y seminarios) donde no se vive la ascética cristiana predicada por Nuestro Señor. Líneas de extrema actualidad tras la crisis conciliar:

Que los padres tomen mi consejo: que quieran más casar a sus hijas muy bajamente, que meterlas en monasterios semejantes… Pensando que se van a servir al Señor y a apartar de los peligros del mundo, se hallan en diez mundos juntos; que la mocedad y sensualidad y demonio las convida e inclina a seguir algunas cosas que son del mismo mundo.(5)

Un temperamento social y “amiguero”

Una de las causas, entonces, de los años difíciles fue un convento con excesivas libertades. La otra fue el temperamento muy amiguero y social de Teresa, que correspondía amistad por amistad. Si veía que una persona se preocupaba por ella, ella se preocupaba en retribuir atenciones, sin discreción de la oportunidad o conveniencia:

Esto tenía yo de gran liviandad y ceguedad, que me parecía virtud ser agradecida y tener ley a quien me quería. ¡Maldita sea tal ley, que se extiende hasta ser contra la de Dios! ¡Que yo fuera ingratísima, Señor, con el mundo, y contra Vos no lo fuera un punto!(6)

Ay, de los malos confesores

Otro factor que influyó fue el papel mal cumplido de parte de los confesores que no le advertían acertadamente el estado de su alma. No duda en escribir:

Estaba todo el daño en no quitar de raíz las ocasiones y en los confesores, que, a decirme en el peligro que andaba y que tenía obligación a no traer aquellos tratos, sin duda creo se remediara. (7)

Y así Santa Teresa aborda un problema que es también de nuestros tiempos: los confesores “manga ancha”, tan condescendientes que no señalan el error, que no dicen lo que está mal o que, peor aún, llaman bien a lo mal. Ejemplo actual: permitir comulgar a los adúlteros en pecado mortal… No es cuestión de condenar ni de hundir al que quiere salir. Sino de indicar con misericordia lo que está mal para que se corrija y salga. Es peor dejar en el fango del pecado al que ha de ser juzgado por el justo Juez.

Gran daño hicieron a mi alma confesores medio letrados… He visto que es mejor, siendo virtuosos y de buenas costumbres, no tener ningunas; porque ni ellos se fían de sí sin preguntar a quien las tenga buenas, ni yo me fiara… Lo que era pecado venial decíanme que no era ninguno; lo que era gravísimo mortal, que era venial. Esto me hizo tanto daño…(8)

Un año sin oración mental

Rodeadas de tantas ocasiones y distracciones, el espíritu de la joven Teresa se empezó a debilitar y a enfriar. El demonio le había hecho un astuto entramado de donde difícilmente podría salir. Su natural alegre y social aunado a un convento de muchas libertades, junto a confesores que no la corregían acertadamente antes bien la tranquilizaban en su mediocridad, la llevaron a un estado donde ella empezó a “escaparle” a Nuestro Señor, a esquivar los momentos donde lo encontraba cara a cara, que es la oración. El demonio la tentaba para que dejase la oración mental… Ella seguía cumpliendo todos los oficios y tiempos de oración común del convento pero ya no buscaba el tiempo a solas con Nuestro Señor. Y así Teresa, la llamada a ser madre de contemplación, durante más de un año dejó la oración…

Pues así comencé de pasatiempo en pasatiempo, de vanidad en vanidad, de ocasión en ocasión… que ya yo tenía vergüenza de en tan particular amistad como es tratar de oración, tornarme a llegar a Dios… Que, como crecieron los pecados, comenzóme a faltar el gusto y regalo en las cosas de virtud… (9)

La joven religiosa cumplía en todo lo las normas de la casa pero no daba ni un paso más, debilitada como estaba por tantas distracciones y ocasiones.

Este fue el más terrible engaño que el demonio me podía hacer debajo de parecer humildad, que comencé a temer de tener oración, de verme tan perdida; y parecíame era mejor andar como los muchos, y rezar lo que estaba obligada y vocalmente, que no tener oración mental y tanto trato con Dios, y que engañaba a la gente…(10) Estuve un año, y más, sin tener oración…(11)

El Señor que por un sacerdote corrige: volver a la oración

Un año, y más, andaba la pobre Teresa sin buscar un rato a solas con su Dios cuando en eso muere su papá y tiene oportunidad de conocer al sacerdote que confesaba a su padre, el dominico Fray Vicente Barrón. Este buen confesor le llama la atención. El inicio de la conversión llega por el consejo de aferrarse a la oración.

Duré en esta ceguedad… hasta que un Padre dominico, gran letrado, me desengañó… (12)

Me confesé con él, y tomó a hacer bien a mi alma con cuidado y hacerme entender la perdición que traía… Y poco a poco, comenzándole a tratar, tratéle de mi oración. Díjome que no la dejase, que en ninguna manera me podía hacer sino provecho. Comencé a tornar a ella, aunque no a quitarme de las ocasiones, y nunca más la dejé.(13)

Buen letrado nunca me engañó.(14)

Alma por dieciocho años dividida

Alentada por el buen consejo, Teresa, a pesar de sus miserias y ocasiones, no dejará en adelante la oración en la cual el Señor le hará notar sus faltas. Los ratos de silencio frente a Dios se convertirán en donde sentirá su espíritu dividido.

Pasaba una vida trabajosísima, porque en la oración entendía más mis faltas. Por una parte me llamaba Dios; por otra, yo seguía al mundo. Dábanme gran contento todas las cosas de Dios; teníanme atada las del mundo..

Parece que querí
a concertar estos dos contrarios –tan enemigo uno de otro– como es vida espiritual y contentos y gustos y pasatiempos sensuales. En la oración pasaba gran trabajo, porque no andaba el espíritu señor sino esclavo; y así no me podía encerrar dentro de mí (que era todo el modo de proceder que llevaba en la oración) sin encerrar conmigo mil vanidades.(15)

Más de los dieciocho años pasé esta batalla y contienda de tratar con Dios y con el mundo. (16)

Aferrada con perseverancia a la oración, Teresa obtuvo por fin la conversión.

Acaecióme que, entrando un día en el oratorio, vi una imagen de Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal…

Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía, y arrojéme cabe Él con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle.(17)

Y si bien, confiesa ella, muchas veces había hecho esta oración con lágrimas y dolor, esta vez aprovechó más pues, luego de tantas caídas y caídas, ya no confiaba nada en sí:

Esta vez de esta imagen que digo, me parece me aprovechó más, porque estaba ya muy desconfiada de mí y ponía toda mi confianza en Dios.

Le dije entonces que no me había de levantar de allí hasta que hiciese lo que le suplicaba. Creo cierto me aprovechó, porque fui mejorando mucho desde entonces.(18)

Esto sucedió en la cuaresma de 1554, a los casi treinta y nueve años de Teresa. Con la conversión se cerró una difícil etapa de su vida. Un ciclo terminaba para comenzar otro.

A partir de la fecha, nuestra Santa avanzó con pasos agigantados por el camino de la santidad pues libre y liviana estaba al no estar a nada atada.

El desposorio espiritual tuvo lugar poco tiempo después,(19) llegando luego la fecundidad apostólica propia del matrimonio espiritual (20) cuando Dios la llamó a formar parte del ejército de santos reformadores de la vida religiosa del siglo XVI.

No sin causa he ponderado tanto este tiempo de mi vida…

Concluyendo, detengámonos en las lecciones que Teresa sacó de estos años de miserias a los cuales dedicó largos capítulos de sus obras. Ciertamente fue el tiempo que permitió Dios para que se fraguase temple y espíritu de la gran santa de la oración. La que había sido destinada para ser madre de las almas que rezan, debía ella conocer las pruebas y avatares de tal camino. Así la Iglesia recibió en Teresa el don de una madre buena que conoce las dificultades de la vida –pues las tiene ya andadas– y que alienta a sus hijos a no desfallecer. En sus libros constantemente transmite misericordia y ánimo, confianza en Dios y desconfianza en sí.(21)

Sabe de lo que habla. Dieciocho años estuvo en batalla. Es por eso, queridos lectores, que hemos querido acercarles estos textos. La lectura de sus obras –a veces difícil por el español antiguo, la vivacidad de su pluma y la elevación de lo que trata– hace un grande bien pues anima a las almas que van de ocasión en ocasión, de pasatiempo en pasatiempo a aferrarse a la oración.

No sin causa he ponderado tanto este tiempo de mi vida… Por no estar arrimada a esta fuerte columna de la oración… pasé este mar tempestuoso casi veinte años.(22)

Escríbolo para consuelo de almas flacas, como la mía, que nunca desesperen ni dejen de confiar en la grandeza de Dios. Aunque después de tan encumbradas, caigan, no desmayen, si no se quieren perder del todo; que lágrimas todo lo ganan.(23)

Que no desmaye nadie de los que han comenzado a tener oración… Sabe el demonio traidor que alma que tenga con perseverancia oración la tiene perdida y que todas las caídas que la hace dar la ayudan, por la bondad de Dios, a dar después mayor salto en lo que es su servicio. (24)

Padre Mario Trejo

Superior de Distrito América del Sur

NOTAS:

1. Trata de este tiempo en los primeros diez capítulos de su autobiografía o Vida. La edición que citaremos en adelantes es la de “Obras Completas de Santa Teresa” de la B.A.C., año 1986.

2. Fue en la cuaresma de 1554, habiendo ella nacido el 28 de marzo de 1515. Cfr. capítulo IX de Vida.

3. “Por no estar arrimada a esta fuerte columna de la oración, pasé este mar tempestuoso casi veinte años, con estas caídas y con levantarme y mal –pues tornaba a caer– y en vida tan baja de perfección, que ningún caso casi hacía de pecados veniales, y los mortales, aunque los temía, no como había de ser, pues no me apartaba de los peligros” (Libro de su Vida, capítulo 8, n° 2).

4. El Papa que la canonizó, Gregorio XV en 1622, afirmó que nuestra Santa nunca manchó su alma con pecado mortal.

5. Libro de su Vida, capítulo 7, n° 3 y 4.

6. Tener ley –explica la Real Academia Española– significa tener lealtad, fidelidad, amor. Libro de su Vida, capítulo 5, n° 4.

7. Libro de su Vida, capítulo 6, n° 4.

8. Libro de su Vida, capítulo 5, n° 3.

9. “Tenía vergüenza de en tan particular amistad como es tratar de oración”, Vida, capítulo 7, n° 1. En el capítulo siguiente, Santa Teresa define a la oración como un trato de amistad: “no es otra cosa oración mental sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”, Vida, capítulo 8, n° 5.

10. Vida, capítulo 7, n° 1.

11. Vida, capítulo 7, n° 11.

12. Vida, capítulo 5, n° 3.

13. Vida, capítulo 7, n° 17.

14. Vida, capítulo 5, n° 3.

15. Vida, capítulo 7, n° 17.

16. Vida, capítulo 8, n° 3.

17. Vida, capítulo 9, n° 1.

18. Vida, capítulo 9, n° 3.

19. Sólo dos años después, en mayo de 1556.

20. En noviembre de 1572.

21. Cuando Santa Teresa recuerda sus años de caídas y levantadas, con belleza reconoce que Dios lo permitió “para que más se vea quién Vos sois, Esposo mío, y quién soy yo” (Vida, capítulo 4, n° 3).

22. Vida, capítulo 8, n° 1 y 2.

23. Vida, capítulo 19, n° 3.

24. Vida, capítulo 19, n° 4.