Nuestra Señora de Guadalupe

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Le dijo:—”Escucha , hijo mío el menor, Juanito. ¿a donde te diriges?

Y él le contestó:—”Mi Señora, Reina, Muchachita mía, allá llegaré, a tu casita de México Tlatilolco, a seguir las cosas de Dios que nos dan, que nos enseñan quienes son las imágenes de Nuestro Señor: nuestros Sacerdotes”.

En seguida, con esto dialoga con él, le descubre su preciosa voluntad; le dice: “sábelo, ten por cierto hijo mío el mas pequeño, que yo soy la perfecta siempre virgen santa María, madre del verdaderísimo dios por quien se vive, el creador de las personas, el dueño de la cercanía y de la inmediación, el dueño del cielo, el dueño de la tierra. mucho quiero, mucho deseo que aquí me levanten mi casita sagrada en donde lo mostrare, lo ensalzare al ponerlo de manifiesto: lo daré a las gentes en todo mi amor personal, en mi mirada compasiva, en mi auxilio, en mi salvación: porque yo en verdad soy vuestra madre compasiva, tuya y de todos los hombres que en esta tierra están en uno, y de las demás variadas estirpes de hombres, mis amadores, los que a mi clamen, los que me busquen, los que confíen en mi, porque allí les escuchare su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores y para realizar lo que pretende mi compasiva mirada misericordiosa, anda al palacio del obispo de México, y le dirás como yo te envió, para que le descubras como mucho deseo que aquí me provea de una casa, me erija en el llano mi templo; todo le contaras, cuanto has visto y admirado, y lo que has oído y ten por seguro que mucho lo agradeceré y lo pagaré, que por ello te enriqueceré, te glorificaré; y mucho de allí merecerás con que yo retribuya tu cansancio, tu servicio con que vas a solicitar el asunto al que te envió. Ya has oído, hijo mío el menor, mi aliento, mi palabra; anda, haz lo que este de tu parte“.

E inmediatamente en su presencia se postró; le dijo:—”Señora mía, Niña, ya voy a realizar tu venerable aliento, tu venerable palabra; por ahora de Ti me aparto, yo, tu pobre indito”.

Tomado del NIkan Mopuoa.

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Aparición de la Santísima Virgen en Lourdes

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Desde el 11 de febrero hasta el 16 de julio de 1858 cuatro años después de la definición de la Inmaculada Concepción por Pío IX, se apareció la Virgen Santísima dieciocho veces a Bernardita Soubirous, pastorcita de catorce años en la gruta de la roca Massabille, en Lourdes. El 25 de marzo dijo a esta niña: «Yo soy la Inmaculada Concepción». Desde entonces se ha convertido Lourdes en un centro de peregrinación, donde multitudes de todo el mundo se suceden, deseosas de testimoniar su devoción a María. Innumerables curaciones y conversiones han hecho de el un lugar privilegiado de gracia, al mismo tiempo que de oración.

¡Oh Dios!, que por la Inmaculada Concepción de la Virgen preparaste a tu Hijo digna morada, te rogamos, suplicantes que, celebrando la aparición de la misma Virgen, consigamos la salud del alma y del cuerpo.

Oración Colecta de la Santa Misa del día.

Fiesta de la Candelaria

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Fiesta de la Presentación del Señor, 2 de febrero 
Fiesta de la Presentación del Señor, llamada Hypapante por los griegos: Cuarenta días después de Navidad, Jesús fue conducido al Templo por María y José, y lo que podía aparecer como cumplimiento de la ley mosaica era realmente su encuentro con el pueblo creyente y gozoso, manifestándose como luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo Israel.

Para cumplir la ley, María fue al Templo de Jerusalén, a los cuarenta días del nacimiento de Jesús

Esta fiesta ya se celebraba en Jerusalén en el siglo IV.

La festividad de hoy, de la que tenemos el primer testimonio en el siglo IV en Jerusalén, se llamaba hasta la última reforma del calendario, fiesta de la Purificación de la Virgen María, en recuerdo del episodio de la Sagrada Familia, que nos narra San Lucas en el capitulo 2 de su Evangelio. Para cumplir la ley, María fue al Templo de Jerusalén, a los cuarenta días del nacimiento de Jesús, para ofrecer su primogénito y cumplir el rito legal de su purificación. La reforma litúrgica de 1960 y 1969 restituyó a la celebración el título de “presentación del Señor” que tenía al principio: la oferta de Jesús al Padre, en el Templo de Jerusalén, es un preludio de su oferta sacrifical sobre la cruz.

Este acto de obediencia a un rito legal, al que no estaban obligados ni Jesús ni María, constituye una lección de humildad, como coronación de la meditación anual sobre el gran misterio navideño, en el que el Hijo de Dios y su divina Madre se nos presentan en el cuadro conmovedor y doloroso del pesebre, esto es, en la extrema pobreza de los pobres, de los perseguidos, de los desterrados.

El encuentro del Señor con Simeón y Ana en el Templo acentúa el aspecto sacrificial de la celebración y la comunión personal de María con el sacrificio de Cristo, pues cuarenta días después de su divina maternidad la profecía de Simeón le hace vislumbrar las perspectivas de su sufrimiento: “Una espada te atravesará el alma”: María, gracias a su íntima unión con la persona de Cristo, queda asociada al sacrificio del Hijo. No maravilla, por tanto, que a la fiesta de hoy se le haya dada en otro tiempo mucha importancia, tanto que el emperador Justiniano decretó el 2 de febrero día festivo en todo el imperio de Oriente.

Roma adoptó la festividad a mediados del siglo VII, y el Papa Sergio I (687-701) instituyó la más antigua de las procesiones penitenciales romanas, que salía de la iglesia de San Adriano y terminaba en Santa María Mayor. El rito de la bendición de los cirios, del que ya se tiene testimonio en el siglo X, se inspire en las palabras de Simeón: “Mis ojos han visto tu salvación, que has preparado ante la faz de todos los pueblos, luz para iluminar a las naciones”. Y de este rito significativo viene también el nombre popular de esta fiesta: la así llamada fiesta de la “candelaria”.

Santísima Virgen María es Madre de Dios

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Sabemos que la Santísima Virgen María es Madre de Dios porque es Madre de Jesucristo, que es Dios verdadero.

Referencias bíblicas: “El Ángel le dijo: No temas, María concebirás en tu seno y darás a luz a un hijo, a quién pondrás por nombre Jesús, Él será grande y llamado Hijo del Altísimo, el HIJO engendrado será santo, será llamado Hijo de Dios” (San Lucas 1, 30-36). Jesucristo es Dios y hombre al mismo tiempo (San Juan 1,1-14). Se ama y honra a su Madre pero no se adora, puesto que adorar es reconocer a Dios como el Creador y Señor. Se adora a Dios sólo y se ama y respeta a sus hijos y siervos, nada más.

Segundo Domingo después de la Epifanía.

"Haced lo que él os dijere"... "Quodcumque dixerit vobis, facite".

“Haced lo que él os dijere”… “Quodcumque dixerit vobis, facite”.

El evangelio domina por su simbolismo que es doble: las bodas figuran la alianza; el agua cambiada en vino, la superioridad de la alianza sobre la antigua con el anuncio de la Eucaristía  “¿Por qué ha de extrañar que asista el Señor a unas bodas si ha venido a este mundo para despojarse?” Esto comenta San Agustin en maitines y comenta, uno tras otro, ambos simbolismos.

Todos los Padres han visto en el milagro de Caná el anuncio de la Eucaristía, de la transformación de nuestras almas bajo la acción de Cristo.

“Envió el Señor su palabra y los sanó; y los arrancó de la muerte. Alaben al Señor por sus misericordias y sus maravillas en favor de los hijos de los hombres”.

Gradual de la Santa Misa del Día.

Cruzada del Rosario 2014

Cruzada

“La Santísima Virgen, en estos últimos tiempos en los que vivimos, ha dado una eficacia nueva al rezo del rosario. De tal manera que ahora no hay problema, por más difícil que sea, ya sea temporal o, sobre todo, espiritual, ora se refiera a la vida personal de cada uno de nosotros, de nuestras familias del mundo o de las comunidades religiosas, o al bien de los pueblos y naciones; no hay problema, repito, por más difícil que sea, que no podamos resolver con el rezo del santo rosario. Con el santo rosario nos salvaremos, nos santificaremos, consolaremos a Nuestro Señor y obtendremos la salvación de muchas almas. Finalmente, (el otro medio que salvará al mundo es) la devoción al Inmaculado Corazón de María, nuestra Santísima Madre, considerándola como la sede de la misericordia, de la bondad y del perdón, y la puerta más segura para entrar al cielo”.Entrevista de Sor Lucía con el Padre Fuentes, 26 de diciembre de 1957.

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Inmaculada Concepción de María

Inmaculada Concepción

 

¡Tota pulchra es! ¡Toda hermosa eres, María, no hay en ti mancha de pecado original!

Este grito de admiración con que comienza el oficio de la Inmaculada Concepción responde muy bien al sentimiento de la humanidad, que lleva en sí la mancha del pecado, ante pureza inmaculada de la Santísima Virgen.

Su fiesta actual, instituida por Pío IX con motivo de la proclamación del dogma, el 8 de diciembre de 1854, tenía ya sus precedentes. Desde el siglo VIII se celebraba en Oriente una fiesta de la Concepción de la Virgen, fiesta que volveremos a encontrar en el siglo IX en Irlanda y España, y en el siglo XI en Inglaterra. Estas fiestas antiguas son testimonio de un culto tradicional a la pureza inmaculada de la Virgen María. La solemne definición de Pío IX no hizo más que precisar su sentido y afirmar la fe constante de la iglesia.

¡Oh Dios!, que por la Inmaculada Concepción de la Virgen, has preparado digna morada a tu Hijo; te suplicamos que, así como por la muerte prevista de este tu Hijo la has preservado de toda mancha, nos concedas también, por la intercesión de María, llegar puros hasta ti.

Oración de la Santa Misa de la Inmaculada Concepción de María.

 Grande fue el daño que hizo la culpa a nuestros primeros padres y a toda su posteridad, pues perdiendo la gracia y demás dones de que los había Dios enriquecido, atrajeron sobre sí y sobre sus descendientes todo género de males. Pero de esta desgracia general a bien tuvo el Señor eximir a aquella Virgen esclarecida que eligió por Madre el segundo Adán, Jesucristo, reparando la pérdida causada por el primero; privilegio muy conveniente  digno de las tres personas de la Santísima Trinidad, preservándola el Padre como Hija, el Hijo como Madre y el Espíritu Santo como Esposa suya.

“Virgen sin corrupción, Virgen por gracia exenta de toda mancha de pecado” San Ambrosio.

Presentación de la Santísima Virgen

Presentación Virgen María en el Templo

“Desde niña, estuvo llena del Espíritu Santo y conforme crecía en edad iba creciendo en gracia amando a Dios con todo su corazón y siempre muy lejos hasta de la sombra del pecado. Despreciaba todos los bienes de la tierra y daba a los pobres cuanto podía. En la mesa guardaba la templanza, que no tomaba sino lo preciso para el sustento corporal. Habiendo entendido, por la lectura de los libros santos, que para redimir al mundo había Dios de nacer del vientre de una doncella, se inflamó tanto en el amor divino, que no pensaba más que en Dios, ni se complacía en ninguna cosa fuera de Dios, excusando el trato de la gentes y de sus mismos padres, para que no le quitasen a Dios de la memoria. Por último, deseaba ardientemente alcanzar el tiempo de la venida del Mesías, para tener la suerte de ser esclava de aquella virgen felicísima que había de merecer la dicha de ser su Madre”

De las revelaciones de Santa Brígida.

SOBRE EL SANTO ROSARIO Y SUS BONDADES

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Las plegarias a María. El Santo Rosario

Entre las varias plegarias con las cuales últimamente Nos dirigimos a la Virgen Madre de Dios, el Santo Rosario ocupa sin duda un puesto especial y distinguido.

Esta plegaria, que algunos llaman el salterio de la Virgen o Breviario del Evangelio y de la vida cristiana, ha sido descrita y recomendada por Nuestro Predecesor de feliz memoria, León XIII, con estos vigorosos rasgos: grandemente admirable es esta corona tejida con la salutación angélica, en la que se intercala la oración dominical, y se une la obligación de la meditación interior: es una manera excelente de orar… y utilísima para la consecución de la vida inmortal.

Y esto se deduce también de las mismas flores con que está formada esta mística corona. Efectivamente, ¡qué oraciones pueden hallarse más apropiadas y más santas?

La primera es la que el mismo Nuestro Divino Redentor pronunció cuando los discípulos le pidieron enséñanos a orar [6]; santísima súplica que así como nos ofrece el modo de dar gloria a Dios, en cuanto nos es dado, así también considera todas las necesidades de nuestro cuerpo y de nuestra alma. ¿Cómo puede el Padre Eterno, rogado con las palabras de su mismo Hijo, no acudir en nuestra ayuda?

La otra oración es la salutación angélica, que se inicia con el elogio del Arcángel Gabriel y de Santa Isabel, y termina con la piadosísima imploración con que pedimos el auxilio de la Beatísima Virgen ahora y en la hora de nuestra muerte.

A estas invocaciones hechas de viva voz se agrega la contemplación de los sagrados misterios, que ponen ante nuestros ojos, los gozos, los dolores y los triunfos de Jesucristo y de su Madre, con los que recibimos alivio y confortación en nuestros dolores, y para que, siguiendo esos santísimos ejemplos, por grados de virtud más altos, ascendamos a la felicidad de la patria celestial.

Esta práctica de piedad, Venerables Hermanos, difundida admirablemente por Santo Domingo no sin superior insinuación e inspiración de la Virgen madre de Dios, es sin duda fácil a todos, aun a los indoctos y a las personas sencillas.

¡Y cuánto se apartan del camino de la verdad los que reputan esa devoción como fastidiosa fórmula repetida con monótona cantilena, y la rechazan como buena para niños y mujeres!

A este propósito es de observar que tanto la piedad como el amor, aun repitiendo muchas veces las mismas palabras, no por eso repiten siempre la misma cosa, sino que siempre expresan algo nuevo, que brota del íntimo sentimiento de caridad. Además. este modo de orar tiene el perfume de la sencillez evangélica y requiere la humildad del espíritu, sin el cual, como enseña el Divino Redentor, nos es imposible la adquisición del reino celestial: en verdad os digo que si no os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos [7].

Si nuestro siglo en su soberbia se mofa del Santo Rosario y lo rechaza, en cambio, una innumerable muchedumbre de hombres santos de toda edad y de toda condición, lo han estimado siempre, lo han rezado con gran devoción, y en todo momento lo han usado como arma poderosísima para ahuyentar a los demonios, para conservar íntegra la vida, para adquirir más fácilmente la virtud, en una palabra, para la consecución de la verdadera paz entre los hombres.

Ni faltaron hombres insignes por su doctrina y sabiduría que, aunque intensamente ocupados en el estudio y en las investigaciones científicas, no han dejado sin embargo un día sin rezar de rodillas y fervorosamente delante de la imagen de la Virgen esta piadosísima forma.

“INGRAVESCENTIBUS MALIS”
29 de septiembre de 1937
Pío XI