Declaración sobre la Relación final del Sínodo de la familia

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28-10-2015

La Relación final de la segunda sesión del Sínodo de la familia, publicada el 24 de octubre de 2015, lejos de manifestar un consenso de los padres sinodales, constituye la expresión de un compromiso entre posturas profundamente divergentes. En ella se puede ver que se recuerdan ciertos puntos doctrinales sobre el matrimonio y la familia católica, pero también se notan lamentables ambigüedades y omisiones, y sobre todo brechas abiertas en la disciplina en nombre de una misericordia pastoral relativista. La impresión general que se desprende de este texto es la de una confusión que no dejará de ser explotada en un sentido contrario a la enseñanza constante de la Iglesia.

Por esta razón, nos parece necesario reafirmar la verdad recibida de Cristo sobre la función del Papa y de los obispos (1) y sobre la familia y el matrimonio (2), cosa que hacemos en el mismo espíritu que nos llevó a dirigir al Papa Francisco una súplica antes de la segunda sesión de este Sínodo.

1 – La función del Papa y de los obispos[1]

Como hijos de la Iglesia Católica, creemos que el obispo de Roma, sucesor de San Pedro, es el Vicario de Cristo, al mismo tiempo que es la cabeza visible de toda la Iglesia. Su poder es en sentido propio una jurisdicción a la que, tanto los pastores como los fieles de las Iglesias particulares, cada uno de ellos por separado o todos ellos reunidos, incluso en concilio, en sínodo o en conferencias episcopales, quedan obligados por un deber de subordinación jerárquica y de verdadera obediencia.

Dios ha dispuesto así las cosas para que, manteniendo con el obispo de Roma la comunión y la profesión de una misma fe, la Iglesia de Cristo no sea sino un solo rebaño bajo un solo pastor. La Santa Iglesia de Dios ha sido divinamente constituida como una sociedad jerárquica en la que la autoridad que gobierna a los fieles viene de Dios, a través del Papa y de los obispos que le están sometidos. [2]

Cuando el Magisterio pontificio supremo ha dado la expresión auténtica de la verdad revelada, tanto en materia dogmática como en materia disciplinar, no les corresponde a los organismos eclesiásticos con autoridad de rango inferior –como las conferencias episcopales– introducir modificaciones en él.

El sentido de los sagrados dogmas que ha de conservarse a perpetuidad es el que el magisterio del Papa y los obispos han enseñado de una vez por todas y del que nadie puede jamás separarse. Por consiguiente, la pastoral de la Iglesia cuando ejerce la misericordia ha de comenzar remediando la miseria de la ignorancia al dar a las almas la verdad que las salva.

En la jerarquía instituida así por Dios, en materia de fe y de magisterio, las verdades reveladas han sido confiadas como un depósito divino a los Apóstoles y a sus sucesores, el Papa y los obispos, para que lo guarden fielmente y lo enseñen con autoridad. Este depósito está contenido, como en sus fuentes, en los libros de la Sagrada Escritura y en las tradiciones no escritas que, recibidas por los Apóstoles de boca del propio Cristo o transmitidas como de mano en mano por los Apóstoles por dictado del Espíritu Santo, han llegado hasta nosotros.

Cuando la Iglesia docente declara el sentido de estas verdades contenidas en la Escritura y la Tradición, lo impone con autoridad a los fieles para que lo crean como revelado por Dios. Es erróneo decir que al Papa y a los obispos corresponde ratificar lo que les sugiere el sensus fidei o la experiencia común del Pueblo de Dios.

Como ya habíamos escrito en nuestra Súplica al Santo Padre: «Nuestra inquietud brota de la condenación que San Pío X hizo, en su encíclica Pascendi, de la acomodación del dogma a pretendidas exigencias contemporáneas. Pío X y vos, habéis recibido la plenitud del poder de enseñar, de santificar y de gobernar en la obediencia a Cristo, que es el Jefe y el Pastor del rebaño en todo tiempo y en todo lugar, y de quien el Papa debe ser el fiel vicario sobre esta tierra. Lo que ha sido objeto de una condenación dogmática no puede convertirse, con el tiempo, en una práctica pastoral autorizada».

Esto es lo que llevó a Mons. Marcel Lefebvre a escribir en su Declaración del 21 de noviembre de 1974: «Ninguna autoridad, ni siquiera la más alta en la jerarquía, puede obligarnos a abandonar o a disminuir nuestra fe católica, claramente expresada y profesada por el magisterio de la Iglesia desde hace diecinueve siglos. «Si ocurriese —dice san Pablo— que yo mismo o un Ángel bajado del cielo os enseñase otra cosa distinta a lo que yo os he enseñado, sea anatema». [3]

2 – El matrimonio y la familia católica

Acerca del matrimonio, Dios ha provisto al crecimiento del género humano instituyendo el matrimonio, que es la unión estable y perpetua de un hombre y de una mujer [4]. El matrimonio de los bautizados es un sacramento, ya que Cristo lo elevó a esta dignidad; por lo tanto, el matrimonio y la familia son de institución divina y natural.

El fin primario del matrimonio es la procreación y la educación de los hijos, que ninguna voluntad humana podría excluir realizando actos que le son opuestos. El fin secundario del matrimonio es la ayuda mutua que se dan los cónyuges, así como el remedio de la concupiscencia.

Cristo estableció que la unidad del matrimonio sería definitiva, tanto para los cristianos como para todos los hombres. Esta unidad goza de tal indisolubilidad que no puede romperse nunca, ni por la voluntad de ambas partes ni por ninguna autoridad humana: «lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre».[5] En el caso del matrimonio sacramental entre bautizados, la unidad e indisolubilidad se explican, además, por el hecho de ser el signo de la unión de Cristo con su esposa.

Todo lo que los hombres puedan decretar o hacer contra la unidad e indisolubilidad del matrimonio no corresponde ni a lo que exige la naturaleza ni al bien de la sociedad humana. Además, los fieles católicos tienen el deber grave de no unirse únicamente por el vínculo del matrimonio civil, sin tener en cuenta el matrimonio religioso prescrito por la Iglesia.

La recepción de la eucaristía (o comunión sacramental) requiere el estado de gracia santificante y la unión con Cristo mediante la caridad; la comunión aumenta esta caridad y significa al propio tiempo el amor de Cristo por la Iglesia, que le está unida como Esposa única. Por consiguiente, las personas que deliberadamente viven juntas en una unión de concubinato o incluso adúltera van contra las leyes de Dios y de la Iglesia, porque dan el mal ejemplo de una falta de justicia y de caridad, no pueden ser admitidas a la comunión eucarística y son consideradas como pecadores públicos: «El que se casa con la repudiada por el marido, comete adulterio»[6]

Para recibir la absolución de los pecados en el ámbito del sacramento de la penitencia, se requiere tener el firme propósito de no pecar más y, consiguientemente, los que se niegan a poner término a su situación irregular no pueden recibir una absolución válida.[7]

En conformidad con la ley natural, el hombre no tiene derecho a usar su sexualidad sino en el matrimonio legítimo y respetando las leyes fijadas por la moral. Por lo tanto, la homosexualidad contradice el derecho divino natural. Las uniones realizadas fuera del matrimonio, de concubinato, de adulterio e incluso homosexuales, son un desorden contrario a las exigencias de la ley divina natural y por lo tanto constituyen un pecado. No puede reconocerse en ellas parte alguna de bondad moral, ni siquiera disminuida.

Ante los errores actuales y las legislaciones civiles contra la santidad del matrimonio y la pureza de las costumbres, la ley natural no admite excepciones, pues Dios, en su sabiduría infinita, al darnos su ley ha previsto todos los casos y circunstancias, a diferencia de los legisladores humanos. Por ello no puede admitirse una moral denominada de situación, que se propone adaptar las reglas de conducta dictadas por la ley natural a las diferentes culturas. La solución de los problemas de orden moral no ha de someterse tan sólo a la conciencia de los esposos o de los pastores, y la ley natural se impone a la conciencia como regla del obrar.

La solicitud del Buen Samaritano con el pecador se manifiesta por medio de la misericordia que no transige con su pecado, lo mismo que el médico que quiere ayudar eficazmente a un enfermo a recuperar la salud no transige con su enfermedad, sino que le ayuda a deshacerse de ella. Es imposible liberarse de la ley evangélica en nombre de una pastoral subjetiva que, aunque recordara universalmente tal ley, la aboliría caso por caso. Nadie puede conceder a los obispos la facultad de suspender la ley de la indisolubilidad del matrimonio ad casum sin exponerse a que se vuelva sosa la doctrina del Evangelio y quede troceada la autoridad de la Iglesia. Pues, en esta perspectiva errónea, lo que se afirma doctrinalmente podría negarse pastoralmente, y lo que está prohibido de jure podría estar autorizado de facto.

En esta confusión extrema, le corresponde en adelante al Papa –conforme a su cargo y en los límites que le ha fijado Cristo– volver a expresar con claridad y firmeza la verdad católica quod semper, quod ubique, quod ab omnibus [8], e impedir que esta verdad universal sea práctica y localmente contradicha.

Siguiendo el consejo de Cristo: orate et vigilate, rezamos por el Papa: oremus pro pontifice nostro Francisco, y permanecemos vigilantes: non tradat eum in manus inimicorum ejus[9], para que Dios no lo entregue en manos de sus enemigos. Suplicamos a María, Madre de Iglesia, que le conceda las gracias que le permitan ser el fiel intendente de los tesoros de su divino Hijo.

Menzingen, 27 de octubre de 2015
+ Bernard FELLAY
Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X

[1] Concilio de Trento, sesión 4ª; concilio Vaticano I, constitución Dei Filius; decreto Lamentabili, n° 6.
[2] Mt 16, 18-19; Jn 21, 15-17; constitución Pastor aeternus del concilio Vatican I.
[3] Gál 1, 8.
[4] Gén 2, 18-25
[5] Mt 19, 6.
[6] Lc 16, 18.
[7] León XIII, Arcanum divinae sapientiae; Pío XI, Casti connubii.
[8] San Vicente de Lerins, Commonitorium.
[9] Oración pro summo Pontifice.

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Los nuevos cardenales del Papa Francisco

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El Papa Francisco anunció, durante el Ángelus del 12 de enero de 2014, que creará 19 nuevos cardenales en el consistorio, que tendrá lugar el 22 de febrero de este año. Estos son los primeros cardenales que serán designados por el Sumo Pontífice desde su elección en marzo de 2013. Entre los nuevos cardenales electores, se encuentran cuatro prelados de la Curia Romana figuran prominentemente: Pietro Parolin, Gerhard Ludwig Müller, Beniamino Stella y Lorenzo BALDISSERI, junto con doce arzobispos residenciales.

El Papa envió esta carta a cada uno de los cardenales que creará el 22 de febrero:

“Querido hermano, en el día en que su nombramiento en el Colegio de Cardenales se hace público, me gustaría envirarle un cordial saludo, junto con muestras de mi cercanía y mi oración. Espero que, como asociado de la Iglesia de Roma, vestidos de las virtudes y la mente del Señor Jesús (cf. Rom 13:14), usted podría ser capaz de ayudar con eficacia fraterna en el servicio a la Iglesia universal. El cardenalato no significa una promoción, ni un honor, ni un adorno. Se trata simplemente de un servicio que nos obliga a ampliar nuestra mirada y ampliar nuestro corazón. Y aunque parezca una paradoja, esta capacidad de ver más lejos en la distancia y al amor más universal con mayor intensidad sólo puede lograrse siguiendo el mismo camino del Señor: la manera de inclinarse hacia abajo (en italiano, abbassamento) y de la humildad, en la forma de un siervo (cf. Flp 2,5 -8). Por eso les pido que, por favor, para aceptar este nombramiento un corazón sencillo y humilde. Y, aunque debe hacerlo con alegría y con gozo, hacerlo de tal manera que este sentimiento este muy alejado de cualquier expresión de lo mundano, de cualquier celebración ajena al espíritu evangélico de la austeridad, la sencillez y la pobreza. Nos veremos de nuevo, el 20 de febrero, cuando vamos a comenzar dos días de reflexión sobre la familia. Quedo a su disposición, y les pido que, por favor, oren por mí y para que otros oren por mí.

Que Jesús los bendiga y que la Santísima Virgen te proteja”.

En el Consistorio del 22 de febrero, como señala Jean –Marie Guénois en la edición del 13 de enero de Le Figaro: “El Sacro Colegio numerará 122 cardenales electores con el siguiente perfil: más latinoamericanos (19) que los norteamericanos (15), una representación de Asia (13) igual a la de África (13), sólo uno de Oceanía, pero algunos europeos (61), quien simbólicamente pierden la mayoría, ya que tienen sólo el 50% de los votos . Esto es histórico, pero la tendencia sólo puede llegar a ser más pronunciada con Francisco. El Papa es soberano en esta materia, sus opciones son, por tanto, el reflejo de su política. La primera lista de Francisco se esperaba ansiosamente. Y así, nueve de los dieciséis nuevos cardenales provienen de países no occidentales: hay cinco latinoamericanos (Argentina, Chile, Brasil, Haití y Nicaragua), dos africanos (Côte d’ Ivoire, Burkina Faso), y dos asiáticos (Corea del Sur y Filipinas). Esta proporción no es espectacular, pero rara vez se ha alcanzado. “De los seis europeos, cuatro son las nominaciones ‘automáticas’ causa de los puestos ocupados por estos personajes – estos son “ministros” del Vaticano. Así es con tres italianos: el nuevo secretario de Estado, ABP.

Pietro Parolin, ABP. Beniamino Stella, Prefecto de la Congregación para el Clero, y subproductos animales. Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo de los Obispos, y también con el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el arzobispo alemán Gerhard Ludwig Müller. Por esta elección minimalista de funcionarios de la Curia -Francisco pudo haber nombrado a otros jefes de dicasterios, por ejemplo, el dominicano Mons. francés. Jean -Louis Bruguès, archivista y bibliotecario de la Santa Romana Iglesia. Este Papa está inaugurando una nueva forma en la que el capelo cardenalicio ya no está conectado con un cargo ministerial en el Vaticano necesariamente. La idea es privilegiar a los pastores sobre el terreno en el Senado de la Iglesia”.

Esta es una breve introducción a los cuatro nuevos cardenales de la Curia Romana:

Abp. Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, fue ordenado sacerdote en 1980. Pasó toda su carrera en la diplomacia vaticana. Después de entrar en la Pontificia Academia Eclesiástica, en 1983, estuvo destinado en Nigeria (1986-1989), luego en México (1989-1992). Luego fue llamado de nuevo a la Secretaría de Estado, como ministro para las relaciones con España, Andorra, Italia y la República de Saint-Marin. En 2002 Juan Pablo II lo nombró subsecretario para las Relaciones con los Estados, lo que lo el funcionario de tercer rango en la diplomacia vaticana hizo. En 2009 fue nombrado nuncio en

Venezuela. El papa Francisco lo eligió el 31 de agosto de 2013, para convertirse en su secretario de Estado, cargo que Abp. Parolin ha ocupado oficialmente desde el 13 de octubre de ese mismo año. (Ver DICI no. 281 de 13 de septiembre de 2013)

Abp. Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Nacido en Maguncia (Alemania), fue ordenado sacerdote en 1978. Como miembro de la Comisión Teológica Internacional de 1998 a 2002, trabajó junto a su compatriota el cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad Cristiana, en el marco del diálogo con los ortodoxos. Es autor de numerosos artículos y libros de teología dogmática, incluyendo una monumental Katholische Dogmatik. Fue nombrado obispo de Ratisbona, en octubre de 2002 por Juan Pablo II. Benedicto XVI fue quien pidió a él en Julio de 2012 para suceder al cardenal estadounidense William Levada al frente de la CDF. (Ver DICI no 262 del 12 de octubre de 2012; DICI no 271 fecha 1 de marzo de 2013; DICI No.288 del 17 de enero de 2014).

Abp . Beniamino Stella, Prefecto de la Congregación para el Clero desde septiembre de 2013. Ordenado sacerdote en 1966, entró en el servicio diplomático de la Santa Sede en 1970. Fue ordenado obispo por Juan Pablo II en 1987, luego fue nombrado nuncio en el Congo (1987-1992), y luego a Cuba (1992-1999) y finalmente a Colombia (1999-2007). En 2007, Benedicto XVI lo asignado a dirigir la Academia Eclesiástica Pontificia donde se forman los futuros nuncios. El 21 de septiembre de 2013, el Papa nombró a Mons. Stella Prefecto de la Congregación para el Clero, que está a cargo de los sacerdotes y los seminarios.

Abp. Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo de los Obispos desde septiembre 21, 2013. Ordenado sacerdote en 1963 para la diócesis de Pisa, consagrado arzobispo en 1992, ABP. Baldisseri tuvo una larga carrera diplomática: fue nuncio en Haití (1992-1995), en Paraguay (1995-1999), en la India (1999-2002) y en Brasil (2002-2012). El 11 de enero de 2012, él tuvo éxito

Abp . Monteiro de Castro como Secretario de la Congregación para los Obispos. De oficio se convirtió en secretario del Colegio de Cardenales. En ese cargo se desempeñó como secretario durante el cónclave marzo 2013. Por lo haya nombrado al Sínodo de los Obispos, el Papa Francis le hizo uno de los diseñadores de la reforma de la Curia, que se supone que debe dar esa institución una mayor importancia en el gobierno de la Iglesia hizo.

(Fuentes: . VIS / Apic / Imedia / Figaro – DICI no 288 del 17 de enero de

2014)

La problemática popularidad del Papa Francisco

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Casi un año después de su elección, la popularidad del Papa Francisco está en su apogeo en los Estados Unidos. Después de hacer la portada de la revista semanal progresivo The New Yorker el 23 de diciembre del año pasado y que fue elegido ” Personaje del Año “por la revista Time a principios de ese mismo mes (véase DICI no. 287 de 20 de diciembre de 2013), la publicación homosexual más antigua en los Estados Unidos, The Advocate, también le designo como él “Hombre del Año” para el 2013. Para ilustrar esta distinción, “the Advocate” reimprimió en portada de su edición de diciembre las palabras que el Sumo Pontífice había dicho a los periodistas en el avión que lo trajo de vuelta desde Río de Janeiro a Roma el pasado mes de julio: “Si una persona homosexual es de buena voluntad y está en busca de Dios , entonces, ¿quién soy yo para juzgarlo?” (Ver DICI no. 280 de 9 de agosto de 2013) .

En su editorial , la revista justifica su elección , explicando que “la persona más influyente de 2013 no surgió de nuestra batalla legal en curso , sino de nuestra batalla espiritual, en el que los éxitos son más difíciles de definir”. Y así, los editores piensan que “no hay voto y ninguna ley , sin embargo, un cambio significativo , sin precedentes ha tenido lugar este año en la forma en que las personas LGBT [lesbianas, gays, bisexuales y transexuales] son considerados por una de las mayores comunidades religiosas. ” Para la revista , “las posiciones de muchos católicos sobre cuestiones éticas no deben llevarnos a subestimar la capacidad de un papa para convencer los corazones y las mentes de estar abierto a las personas LGBT”.

La revista concluye recordando que Juan Pablo II y Benedicto XVI también recibieron un premio, pero uno negativo en su caso. Ellos estaban entre los destinatarios de la “Premio Phobia”. Para la publicación estadounidense, el “cambio profundo” en la retórica del Papa Francisco en comparación con la de sus predecesores hace su declaración “incluso más atrevida”.

¿Fue para tratar de restar importancia a este premio vergonzosa, por el que Francisco se enfrentó de esta manera en contra de sus predecesores, que el Padre Federico Lombardi intervino el 5 de enero? Lamentó la “explotación” de las observaciones formuladas por el Sumo Pontífice , declarando que cada vez que un Papa menciona el tema de la homosexualidad o de la sexualidad en general, sus palabras son sometidos a girar por los principales medios de comunicación que los reduce a simplificaciones. Por lo tanto , la afirmación de que el Papa Francisco hizo cuando regresaba de Brasil en julio pasado: “Si una persona homosexual es de buena voluntad y está en busca de Dios , entonces, ¿quién soy yo para juzgarlo” se había convertido , según el portavoz del Vaticano: “Si una persona es homosexual , ¿quién soy yo para juzgar?” (una simplificación excesiva que The Advocate no hizo).

Como preguntó Antonio Margheriti Mastino en un artículo publicado en la página web Qelsi el 1 de octubre de 2013: “Ya es hora de dejar de jugar el piacione [persona que busca complacer a todos] todos los días en los periódicos, sino que es tiempo para sopesar las palabras, por decir menos y trabajar un poco más en silencio. Antes de que él [Francisco] se vuelve totalmente indefendible – y Dios sabe cuánto veneno tragamos cada día para evitar la tentación de perder la paciencia, porque la confusión que se está creando entre los católicos es cada vez más obvia: un día dice una cosa, al día siguiente otra cosa, siempre oblicuo, medias frases deliberadamente ambiguas desechó al azar …” (Ver DICI no. 284 de 5 de noviembre de 2013) .

Una vez más en los Estados Unidos, una encuesta realizada por la cadena de televisión por cable estadounidense CNN revela que el 88 % de los católicos en ese país tiene una opinión favorable del Papa Francisco. De acuerdo con los resultados de la encuesta publicada el 24 de diciembre de 2013, el 75% de los estadounidenses en general consideran que el Papa está haciendo un buen trabajo.

El Santo Padre también ganó el título de “hombre mejor vestido de 2013” otorgado por la revista masculina Esquire estadounidense. La revista explica en su página web el 27 de diciembre que había honrado el Pontífice para la “importancia simbólica” de sus opciones de la ropa: “Él evita generalmente esplendor y siempre escogía la ropa más simples entre los que se ofrecen a él”.

Por último, el Papa Francis fue elegido por la prensa china el tercer “hombre clave” del año 2013, con motivo del décimo quinto foro de prensa internacional que se celebró en Beijing el 15 de diciembre. Según un despacho de la agencia Fides misioneros del Vaticano de fecha 7 de enero de 2014, ésta fue la primera figura religiosa que se incluirán en esta categoría decidida por 50 representantes de los medios de comunicación y de las asociaciones más influyentes del país de periodistas y diplomáticos .

(Fuentes : Apic / imedia  / defensor / esquire.com / fides / archives dici.org – DICI No.288 del 17 de enero de 2014)

Un Papa menos creíble

BISHOP FELLAY, SUPERIOR OF SOCIETY OF ST. PIUS X, PICTURED NEAR IMAGE OF PIUS X AT SOCIETY'S HEADQUARTERS

Resulta difícil dar un juicio sobre esas palabras porque un poco más tarde, o casi al mismo tiempo, se encuentran palabras sobre la fe, sobre puntos de fe, sobre puntos de moral, que son muy claras y que condenan al pecado, al demonio; afirmaciones que explican muy fuertemente y muy claramente que no se puede ir al cielo sin una verdadera contrición por los pecados, que no se puede esperar la misericordia del buen Dios sino se lamentan seriamente los pecados. Estos son recordatorios que nos alegran, ¡recordatorios bien necesarios! Pero desgraciadamente que ya han perdido una gran parte de su fuerza a causa de las aserciones contrarias.
Creo que una de las mayores desgracias de esas afirmaciones es que han quitado la credibilidad, han restado una gran parte de credibilidad al soberano pontífice, de tal manera que cuando debe hablar o deberá hablar de cosas importantes, esos dichos serán puestos al mismo nivel que los otros. Se dirá: “Trata de complacer a todo el mundo: un paso a la izquierda, un paso a la derecha”. Espero equivocarme, pero se tiene la impresión de que eso será una de las líneas de su pontificado.
Cuanto más se está en alto, en posición de autoridad, tanto más hay que prestar atención a lo que se dice y sobre todo respecto de la palabra del Papa. Pienso que habla demasiado. Por consiguiente su palabra está perjudicada, vulgarizada, puede ser que en el sentido más profundo del término. Non decet: eso no conviene; no es así como debe obrar el Papa.
No se sabe más qué es opinión privada, qué es enseñanza… Las amalgamas se hacen inmediatamente ¡Pero quien habla es el Papa! Ahora bien, el Papa no es una persona privada. Por supuesto que puede hablar como teólogo privado, ¡pero es el Papa que habla, a pesar de todo! Y los periódicos no van a decir “es la opinión privada del Papa”, sino más bien “es el Papa, es la Iglesia que dice eso, que piensa eso”.

Entrevista a Mons. Bernard Fellay, Mezingen, noviembre de 2013.

Para leer entrevista completa dirigirse a: http://www.fsspx-sudamerica.org/fraternidad/textos/dicinov13.php

Ser pobre no es cosa nueva.

San Pío X

San Pío X

San Pío X fue un Papa pobre que nunca fue servido más que por dos de sus hermanas para las que tuvo que solicitar una pensión para que no se quedaran en la miseria a la hora de su muerte. San Pío X siempre se sintió indigno del cargo de Papa e incluso no permitía lujos excesivos en sus recámaras y sus hermanas que lo atendían no gozaban de privilegio alguno en el Vaticano. Era evidente que Pío X se sentía desconcertado y tal vez un poco escandalizado, ante la pompa y la magnificencia del ceremonial en la corte pontificia. Cuando era patriarca de Venecia, prescindió de una buena parte de la servidumbre y no toleró que nadie, fuera de sus hermanas, le preparase la comida.

La sencillez de sus hábitos personales y la santidad de su carácter se ponían de manifiesto en su costumbre de visitar cada domingo, alguno de los patios, rinconadas o plazuelas del Vaticano, para predicar, explicar y comentar el Evangelio de aquel día, a todo el que acudiera a escucharle.

Humilde, muy humilde era aquel Papa que en su “Testamento espiritual” dejaría escrito a sus hijos e hijas: «Nací pobre, he vivido pobre, muero pobre».