Comunicado de la Casa General de la Fraternidad San Pío X con motivo de la consagración episcopal del R. P. Faure

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Este 19 de marzo de 2015 Mons. Richard Williamson ha procedido a la consagración episcopal del R. P. Jean-Michel Faure en el monasterio benedictino de Santa Cruz (Nova Friburgo, Brasil).

Monseñor Williamson y el R. P. Faure no son miembros de la Fraternidad San Pío X desde 2012 y 2014 respectivamente, en razón de las vivas críticas que formularan contra toda relación con las autoridades romanas, denunciando que representaban – según ellos – una traición a la obra de Mons. Marcel Lefebvre.
La Fraternidad San Pío X deplora que este espíritu de oposición resulte en esta consagración episcopal. En 1988 Mons. Lefebvre había manifestado claramente su intención de consagrar obispos auxiliares, sin jurisdicción, y en razón del estado de necesidad en el que se encontraban la Fraternidad San Pío X y los fieles católicos, con el único fin de permitir a estos fieles recibir los sacramentos a través del ministerio de los sacerdotes que iban a ser ordenados por estos obispos. Tras de haber hecho todo lo que estaba a su alcance ante la Santa Sede, Mons. Lefebvre procedió a las consagraciones el 30 de junio de 1988, hechas solemnemente en presencia de varios miles de sacerdotes y fieles, y de algunos cientos de periodistas del mundo entero. Todo mostraba que este acto, no obstante la ausencia de autorización de Roma, se realizaba públicamente por el bien de la Iglesia y de las almas.
La Fraternidad San Pío X denuncia la consagración episcopal del R. P. Faure, que, a pesar de las afirmaciones del consagrante y del consagrado, no se parecen en nada a las consagraciones de 1988. En efecto, todas las declaraciones de Mons. Williamson y del R.P. Faure demuestran constantemente que ya no reconocen las autoridades romanas, salvo de modo puramente retórico.
La Fraternidad San Pío X reafirma que el estado actual de necesidad en la Iglesia legitima su apostolado en el mundo entero, sin dispensarla de reconocer las autoridades eclesiásticas, por las cuales sus sacerdotes rezan en cada misa. Ella desea guardar el depósito de la fe y de la moral, oponiéndose a los errores – sea cual fuere su procedencia –, a fin de transmitir aquellos tesoros a través de la liturgia tradicional y la predicación, y en el espíritu misionero de su Fundador: Credidimus caritati (1 Jn. 4,16).

Menzingen, 19 de marzo de 2015

TABLAS QUEBRADAS, PÉTREA SOLIDEZ Modernismo e Iglesia, en la encíclica “Iucunda sane”

PAISAJE

Vieja barca de tablas carcomidas y de maderas por olas quebradas. Piedra fuerte, cima armada, alcázar, refugio, muralla; arx.(1)

Con estos términos y en figuras tan contrastantes describía la Iglesia San Gregorio Magno hace catorce siglos. Y con tales imágenes, cien años ha, San Pío X refería la situación que él vivía. Fácil nos resulta comprender la imagen de la barca con tablas quebradas al sufrir la agitación que vive hoy la Iglesia Romana. Vieja barca de maderas quebradas y, sin embargo, pétrea solidez en la fe de Cristo apoyada.

Aprovechemos pues, estimados lectores, esta editorial para concluir el año centenario de San Pío X, recordando su visión de la Iglesia y del mal del modernismo descripta en la encíclica “Iucunda sane” del 12 de marzo de 1904, al cumplirse el décimo tercer centenario de la muerte del Papa San Gregorio Magno.

San Gregorio Magno en “Iucunda sane”

“Cuando Gregorio asumió el supremo pontificado, era grande la perturbación de la sociedad; casi extinguida la vieja cultura, el imperio romano decaía dominado e invadido por toda suerte de barbarie… El mismo Gregorio describe la Iglesia de Roma: una vieja nave, deshecha por la violencia… que hace agua por todas partes, rota a diario por los embates de la tempestad y cuyas tablas carcomidas anuncian el naufragio”.(2) Tablas carcomidas, maderas quebradas; barca que por todas partes hace agua.

Sin embargo, “es de admirar todo lo que hizo en poco más de trece años de pontificado. Sobresalió en la restauración de la vida cristiana en general”. Fieles, religiosos, clero y obispos sintieron su fuerza y ejemplo. Roma, Italia toda, Francia, España, África se vieron bendecidas por la preocupación constante de tal padre y pastor. Coronación de su celo fue la conversión del británico pueblo. Finalmente, gracias a San Gregorio Magno, “una sociedad inspirada en el cristianismo sustituía a la romana que, con el transcurso del tiempo, había dejado de existir”.

wpid-int-71403.jpgLa pétrea solidez de la fe de Cristo

Su obra fue obra de Dios. En efecto, “tenía una increíble fuerza de espíritu, a la que continuamente proporcionaba nuevo aliento su fe viva en la palabra segura de Cristo y en sus divinas promesas. También confió plenamente en el poder divino entregado a la Iglesia, para poder cumplir bien su ministerio en la tierra”.(3)

En todo caso, los rumores de guerra angustian el corazón. Las sombras de muerte debilitan la razón. Ante esta pesadumbre de temor y pánico, el alma clama, ayer y hoy, por la paz. “El deseo de paz conmueve sin duda el corazón de todos y no hay nadie que no la reclame con vehemencia”.

Ante lo cual San Pío X exclama: “El recuerdo de todo esto, Venerables Hermanos, Nos conforta gratamente… La eficacia divina de la Iglesia no ha disminuido con el paso del tiempo, ni las promesas de Cristo han traicionado la esperanza; esas promesas son las mismas que fortalecían el ánimo de Gregorio, y las que Nos fortalecen por encima de tantas dificultades actuales y vicisitudes por las que estamos atravesando… La Iglesia, fiel a su propia naturaleza, sin romper jamás el lazo que la une al celestial Esposo, vive hasta hoy como una flor de juventud perenne, sostenida por la fuerza que proviene del corazón traspasado de Cristo muerto en la cruz”. La cierta confianza en la promesa de Cristo hace exclamar a San Pío X: in arce Ecclesiæ sanctæ tutos Nos esse sentimus; Nos sentimos seguros en la roca-fortaleza de la Santa Iglesia”.

“¿Quién ignora, escribía Gregorio al patriarca Eulogio de Alejandría, que la Iglesia Santa se apoya en la solidez del Príncipe de los Apóstoles, solidez que nos hace recordar que el nombre de Pedro proviene de piedra?” Pétrea solidez la de nuestra Iglesia, cima armada, seguro refugio.

Tablas carcomidas por el modernismo

La certeza de la indefectibilidad divina no le impide a San Pío X ver los conatos del infierno para destruir la Iglesia. Y hay veces que la barca de Pedro tanto es golpeada por las olas infernales que sus carcomidas tablas truenan amenazantes. Fue así como desde el inicio de su pontificado nuestro Santo Patrono denuncia el mal del modernismo. En “Iucunda sane”, a siete meses de asumir el Papado, lo hace con rápidas pinceladas magistralmente completadas luego por la “Pascendi” —tres años después—. Con palabras plenas de actualidad San Pío X describe el hodiernus hic error idemque maximus:

“Este error moderno, el mayor de todos y del que proceden los demás, es la causa, que tanto nos duele, de la pérdida de la salvación eterna de los hombres y de los muchos daños que sufre la religión, que se harán mucho peores si no se les aplica la medicina. Niegan la existencia de todo orden sobrenatural: que Dios sea el creador de todas las cosas y que su providencia gobierne todo; niegan que haya milagros y, negándolos, necesariamente destruyen los fundamentos de la religión cristiana. Atacan los argumentos que demuestran la existencia de Dios, y con increíble temeridad —contra los primeros principios de la razón—, se rechaza el poderoso argumento, que no admite prueba en contrario, de que la causa, es decir Dios y sus atributos se conocen por los efectos”.

Señala así San Pío X que el error comienza en el campo filosófico; primero destruye el saber natural para luego destruir la revelación sobrenatural: “Proponen una ciencia falsa que por necesidad les lleva a conclusiones también falsas. Es evidente que todo es confusión, si se parte de un falso principio filosófico”.(4)

De ahí que nuestro venerado fundador, transmitiendo la enseñanza de los Papas, mandó que Santo Tomás de Aquino no sólo fuese nuestro maestro en teología sino también en filosofía.

Se llega al extremo de disolver la unidad de la familia

Continúa la encíclica adelantándonos lo que hoy los católicos perplejos presencian con las discusiones del Sínodo de la Familia: “No son menos dolorosas las desgracias que, para las costumbres humanas y para la vida de la sociedad civil, se siguen… No queda nada para controlar las pasiones desatadas y nefandas… De suerte que Dios los abandonó a los deseos de su corazón, a los vicios de la impureza, en tanto grado, que ellos mismos deshonraron sus propios cuerpos… Se llega al extremo de disolver la unidad de la familia, que es el primer y más firme fundamento de la sociedad civil”.

Y como quien hubiese escuchado un sermón en alguna parroquia o participado en reunión del moderno episcopado: “se equivocan por completo los que, dedicándose a hacer el bien, sobre todo en los problemas del pueblo, se preocupan mucho del alimento y del cuidado del cuerpo, y silencian la salvación del alma y las gravísimas obligaciones de la fe cristiana”.

La piedra del Magisterio infalible

Hoy por hoy muchos católicos conservadores se escandalizan ante estas extremas consecuencias de los principios modernistas pues se habían obstinado a justificar los cambios revolucionarios del Concilio Vaticano II dándole una interpretación en continuidad. Hoy ya no lo pueden hacer. Confundidos quedan. Otros, perdiendo la fe en la divinidad de la Iglesia, la toman como una mera institución humana. Sin embargo, las promesas de Cristo no han traicionado la esperanza.

En efecto, antes de la crisis modernista, el cielo nos dio la gracia de la certeza del magisterio infalible que, cual firme piedra, permite soportar la tormenta tempestuosa que actualmente sufrimos. En su encíclica en honor a la Virgen María, “Ad diem illum laetissimum”, San Pío X atribuye a la Inmaculada la definición de la infalibilidad magisterial. En pregunta retórica dice: “¿qué del magisterio infalible de los Pontífices proclamado tan oportunamente contra los errores que surjan en el futuro?” (5) Nuestro Protector vio con sobrenatural intuición la necesidad que tendríamos los católicos del siglo XXI de la solidez pétrea de un magisterio firme e infalible, como fue el de los Papas antes de la infestación modernista en y post Vaticano II, para resistir a “los errores que surjan en el futuro”.

Que en este año centenario de su muerte nuestro Patrono San Pío X nos dé la gracia de unir, en nuestro combate, una visión aguda y certera contra las tablas carcomidas del modernismo junto a la pétrea solidez de la fe y esperanza en el magisterio infalible, ciudadela imbatible.

Padre Mario Trejo
Superior de Distrito América del Sur

NOTAS:

1. La palabra latina arx, arcis significa alcázar, ciudadela; altura, cima; punto culminante; plaza fuerte, refugio, muralla.

2. El texto latino guarda su natural riqueza de belleza y precisión: “vetustam navim vehementerque confractam… undique enim fluctus intrant, et quotidiana ac valida tempestate quassatæ putridæ naufragium tabulæ sonant”.

3. “Vivida fides in Christi verbo certissimo in eiusque divinis promissis et máxima fiducia in collata divinitus Ecclesiae vi”.

4. “Falso nempe philosophiae principio corrumpi omnia necesse est”.

5. “Quid de inerranti pontificum magisterio tam apte ad mox erupturos errores adserto?”

IN CHRISTO OMNIA Instaurar en Cristo todas las cosas Un mismo programa de acción.

padre-trejo

Estimados Lectores, por primera vez tengo la alegría de dirigirme a ustedes encomendando el Distrito a la Virgen Inmaculada para que Ella, sin atender a la personal miseria, lo proteja cual poderosa Reina. Cabe recordar aquí, agradeciendo, los once años de trabajo intenso y abnegado del querido Padre Bouchacourt, quien ha sido ahora nombrado Superior del gran Distrito de Francia, su tierra natal. Que nuestra Buena Madre nos conceda aquí y allí la gracia de la santidad de nuestra vocación y la fidelidad a la Iglesia y a la obra de nuestro venerado fundador.

El presente número de esta revista conmemora el centenario de San Pío X en su ingreso en la gloria celestial. Es ocasión propicia y providencial para que, evocando figura y doctrina de nuestro santo Patrono, recordemos los lineamientos de acción para una verdadera restauración. Abordaremos en esta editorial la primera encíclica de San Pío X, “E supremi apostolatus”, publicada en la fiesta de San Francisco de Asís de 1903. Las citas serán de dicho documento.

I — 1914 y 2014, un contexto común

Algún lector podría objetar falta de actualidad evocar la doctrina de un Papa que hace cien años moría. En efecto, la situación presente es distinta al inicio del siglo XX. Lo del ébola, por ejemplo, es de último momento. La crisis económica, la aparición del Estado Islámico con sus decapitaciones, dos obispos vestidos de blanco en Roma —uno emérito y otro en funciones, dicen—, los osados ensayos de reconocimiento institucional de lo contra-natural (promovido por el lobby gay), son realidades tan actuales e inimaginables ante las cuales el mensaje de nuestro Patrono podría parecer fuera de tiempo. Sin embargo, en una lectura rápida de la encíclica citada, podemos verificar que hay muchos elementos comunes entre el tiempo de San Pío X y el nuestro: tristeza y angustia en el panorama mundial, sombras de guerra y deseos de paz, rechazo de Dios y establecimiento de un orden sin Cristo o anticristo.

Primer punto común: una situación mundial desalentadora y agobiante, desesperante. “Tristísima es la situación en la que se encuentra la humanidad, humani generis conditio afflictissima”, la describía San Pío X. Y hoy, ¿cómo se vive? Robo y violencia, inseguridad y delincuencia, vida desenfrenada y corrupción, fracasos matrimoniales y desunión, falta de instrucción y ausencia de humana formación, desempleo e inflación, son algunos de los tantos elementos del mundo moderno que no transmite sino una tristeza y desesperanza galopante.

Segundo elemento común: rumores de guerra y aspiraciones de paz. San Pío X vivió una situación de confrontación mundial: “E supremi apostolatus” describe la vigilia del estallido como “una lucha de todos contra todos, fere omnium in omnes pugna”, y de hecho murió en vísperas del inicio de la Primera Guerra. Nosotros, ¿sufrimos la amenaza de una gran guerra? Recientemente el Papa Francisco advertía sobre una presente tercera guerra mundial por la cantidad de conflictos locales y la amenaza de nuevas guerras. Quizás. El tiempo lo dirá.

En todo caso, los rumores de guerra angustian el corazón. Las sombras de muerte debilitan la razón. Ante esta pesadumbre de temor y pánico, el alma clama, ayer y hoy, por la paz. “El deseo de paz conmueve sin duda el corazón de todos y no hay nadie que no la reclame con vehemencia”.

– El rechazo de Dios: “apártate de nosotros”. Otro elemento que perdura desde el tiempo de San Pío X: el rechazo de Dios. “La sociedad actual, más que en épocas anteriores, está afligida por un íntimo y gravísimo mal que la está llevando hasta la muerte… Es la defección y la separación de Dios, defectio abscessioque a Deo”. Esta es la causa de la muerte del mundo. “Contra su Autor se han amontonado las gentes y traman las naciones planes vanos; parece que de todas partes se eleva la voz de quienes atacan a Dios: apártate de nosotros”. “No se tiene en cuenta la ley de su poder supremo en las costumbres, ni en público ni en privado”. Hoy, basta abrir el periódico para constatar la actualidad del análisis de San Pío X. Burlas y odio contra Dios y su Iglesia son el amargo pan cotidiano de nuestra existencia. ¡Apártate de nosotros!

– Un orden sin Cristo o anticristo. “Quien considere todo esto tendrá que admitir de plano que esta perversión de las almas es como una muestra, el prólogo de los males que debemos esperar en el fin de los tiempos; o incluso pensará que ya habita en este mundo el hijo de la perdición de quien habla el Apóstol”.

Este orden social sin Cristo —o más bien, anticristo— consiste en quitar la religión, destruir la piedad, impugnar los documentos de la fe revelada (revelatae fidei documenta oppugnari), apartar a Dios del hombre.

¿Y qué hará el hombre al quedarse sin Dios? Él mismo se hará dios: “Esta es la señal propia del Anticristo… El hombre mismo, con temeridad extrema ha invadido el campo de Dios, exaltándose por encima de todo aquello que recibe el nombre de Dios… Se ha consagrado a sí mismo este mundo visible como si fuera su templo, para que todos lo adoren. Se sentará en el templo de Dios, mostrándose como si fuera Dios”.

II – El Concilio que promovió el culto al Hombre

Vemos aquí un factor propio de nuestro tiempo que San Pío X no sufrió, aunque quizás con temor intuyó. Un mal acaecido entre 1914 y 2014: Vaticano II, que oficializó un vuelco antropocéntrico de la religión católica. Lo que San Pío X (Papa verdaderamente santo, aclaración ex professo intercalada al compararlo con algunos nuevos supuestos beatos y santos)(1) señalaba sobre el culto al hombre, se ha hecho realidad, ay, en el mismo templo santo de Dios que es la Iglesia: “nosotros —y más que nadie— tenemos el culto del hombre”, orgulloso proclamó Pablo VI al terminar el Concilio. El culto del hombre…

Vale la pena recordar brevemente la homilía citada, del 7 de diciembre de 1965, siendo ella paradigmática. Pablo VI reconoce allí que la característica de este Concilio ha sido su gran interés por el hombre moderno. “El valor del Concilio es grande porque todo se ha dirigido a la utilidad humana”. Ha sido un cambio de actitud —del habitus mentis en el texto latino— en comparación a los últimos tiempos de la Iglesia cuando se enfrentaba abiertamente al mundo. Adrede se evitó la condena y el enfrentamiento al Hombre moderno: “La religión, es decir, el culto del Dios que se ha querido hacer hombre, se ha encontrado con la religión —porque tal es—, esto es, el culto del hombre que se quiere hacer Dios. ¿Qué ha sucedido? ¿Un choque, una lucha, una condenación? Certamen, proelium, anathema? Podía haber sido pero no se produjo… Un inmenso amor a los hombres todo lo ha penetrado…” El motivo invocado para este cambio es entonces la caridad… Aquí uno sorprendido le podría preguntar al Concilio: ¿sólo ustedes han tenido caridad? Los Papas anteriores, los obispos durante veinte siglos, han llegado a un enfrentamiento con el mundo ¡¿por no tener caridad?!

El Papa conciliar continúa: “Vosotros, humanistas modernos, que renunciáis a la trascendencia de lo supremo, atribuid al Concilio siquiera este mérito y reconoced nuestro nuevo humanismo: también nosotros —y más que nadie— tenemos el culto del hombre, nos etiam, immo nos prae ceteris, hominis sumus cultores”. Incluso afirma que la Iglesia se ha hecho, en cierta manera, sierva y esclava de la humanidad: Ecclesia quodammodo se professa est ancillam humani generis. Concluye Pablo VI recordando que este Concilio, si bien es auténtico, no es magisterio infalible y que toda su riqueza doctrinal viene de que está al servicio del Hombre.

Ésta será, lo verificamos con el paso de los años, una nueva modalidad en la Iglesia: los que enseñan, tienen autoridad pero ya no invocan la infalibilidad. Son los órganos auténticos de magisterio —Papa, obispos, concilio—, sí, pero con un nuevo lenguaje y nuevo discurso pues ya no versa sobre la verdad de la divinidad sino principalmente sobre los problemas de la humanidad y de su divinización… Hay un riesgo inmenso de desvincular así la autoridad de la verdad de Dios, pues poder sin sumisión a la verdad fácilmente degenera en maquiavelismo o en autoritarismo.

III – Instaurarlo todo en Cristo

1914 y 2014. Algunos elementos comunes (angustia generalizada, rumores de guerra, rechazo de Dios) y uno propio de nuestros tiempos (el culto del hombre en el templo santo, la Iglesia). ¿Qué hacer?

“En nuestro pontificado no tenemos sino un propósito: instaurarlo todo en Cristo, para que efectivamente todo y en todos sea Cristo” (Ef. 1, 10 y Col. 3, 11), sentenciaba el Papa Santo Pío X. El remedio, entonces, era —es y será siempre— Jesucristo, el Dios hecho hombre. Para salvar al mundo y traer la paz es necesario que Cristo reine, que su doctrina se extienda, que su Ley guarde y su amor florezca. Que Cristo vuelva a ser el fundamento de la vida social y privada. “Si alguno nos pide una frase simbólica, que exprese nuestro propósito, siempre le daremos sólo esta: instaurare omnia in Christo!

“Es necesario afirmar y revindicar el supremo dominio de Dios sobre los hombres y las criaturas, de modo que su derecho a gobernar y su poder reciban culto y sean fielmente observados por todos. Lo cual se realizará por Jesús el Cristo pues nadie puede poner otro fundamento, fuera del que está ya puesto, que es Cristo Jesús (I Cor 3, 11)”. ¿Y por qué camino llegar a Cristo? Por la Iglesia. “Cristo encomendó su doctrina y los preceptos de sus leyes a la Iglesia, la enriqueció con sus dones de gracia y salvación; a ella sola, a la Iglesia católica, apostólica y romana. Así debemos empeñarnos en hacer volver la sociedad humana a la doctrina de la Iglesia: ut consociationem hominum ad Ecclesiae disciplinam revocemus”. Éste era, en resumidas cuentas, el programa de acción de nuestro Santo Patrono.

– El “omnia in Christo” de Monseñor Lefebvre. A Monseñor Lefebvre muchos le preguntaban el motivo por el cual había dado a la Fraternidad el nombre y el patronazgo de San Pío X. ¿Por la bandera antimodernista enarbolada? “Sí, era cierto, pero no lo era lo primero —contaba recientemente Monseñor Tissier de Mallerais, testigo presencial de esos primeros años—, la primera intención para nombrarlo nuestro patrono era la centralidad que San Pío X había dado al misterio de Jesucristo, centralidad reflejada en el in Christo omnia y la preocupación que tuvo por la formación y santidad sacerdotal. Ese había sido su primer motivo”.

Ciertamente, el que cree y ama a Jesucristo, lucha fieramente contra lo que atenta contra su doctrina y santidad. De ahí la lucha contra el modernismo declarada abiertamente por San Pío X y sostenida por nuestro fundador. El progresismo religioso y doctrinal diluye la verdad de Nuestro Salvador y destrona a Cristo poniéndolo al servicio del mundo y de los poderes que lo gobiernan.

Contra ese modernismo, por el honor y verdad de Cristo, se ha de luchar. Así, Monseñor Lefebvre nos legó, como inefable herencia, la fe y la Misa de siempre, el sacerdocio católico, los sacramentos canales de la gracia y de la transformación de las almas, el amor por el reino de Cristo que es la Iglesia. Lo que él había recibido, nos transmitió: en Cristo, todo; sin Cristo, nada.

– Nuestro “todo en Cristo”. Y éste debe ser nuestro combate, nuestra bandera: volver al fundamento puesto por Dios que es Cristo Jesús. “Habrá que proclamar con más firmeza las verdades transmitidas por la Iglesia, toda su doctrina sobre la santidad del matrimonio, la educación doctrinal de los niños, la propiedad de los bienes y su uso, los deberes para y con quienes administran el Estado”, palabras de San Pío X que guardan extraordinaria actualidad en medio de la crisis sin precedentes que vivimos. Proclamar la doctrina a tiempo y a destiempo, defender el matrimonio verdadero, llevar el catecismo verdadero, apoyar la educación cristiana en nuestras escuelas, pelear por el bien común, y cuántas lecciones más podemos sacar de los textos de nuestro Patrono.

Todo en Cristo, sin Cristo nada.

Que el programa de acción de San Pío X, legado de nuestro fundador, se encarne en nuestras vidas por el amor a la doctrina y Misa de siempre, por el deseo de que Cristo sea todo en todos. Que la Virgen Santa nos conceda esta gracia. Con mi bendición.

Padre Mario Trejo
Superior de Distrito América del Sur

NOTAS:

1. Sobre beatificaciones y canonizaciones posteriores al Vaticano II, ver números 134 y 145 de nuestra revista.

Tomado de la revista IESUS CHRISTUS 147, Editorial.

¿Qué unidad está siendo ofrecida a la Sociedad de San Pío?

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07.11.2014
El 20 de octubre de 2014, en una entrevista concedida al semanario Famille chrétienne francés, el arzobispo Guido Pozzo (en la foto), secretario de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, ha explicado – después de la reunión entre el cardenal y obispo Fellay Müller (23 de septiembre) – el objeto de la discordia entre Roma y la Fraternidad San Pío X: “los aspectos controvertidos tienen que ver en parte con la evaluación de la situación eclesial desde el Concilio Vaticano II y las causas que produjeron un cierto tumulto teológico y pastoral en el período del post concilio, y, más generalmente, en el contexto moderno. Y en parte, tienen que ver con cuestiones específicas relacionadas con el ecumenismo, el diálogo con las religiones del mundo y la cuestión de la libertad religiosa”.
A la pregunta, “¿Hay alguna manera de disociar un acuerdo jurídico de una discusión doctrinal? Para configurar una prelatura personal, sin dejar de perseguir a los debates sobre los puntos teológicos polémicos, en una escala más a largo plazo”, el prelado romano respondió: “La Congregación para la Doctrina de la Fe siempre ha considerado la superación de los problemas doctrinales como la condición indispensable y necesaria para proceder a un reconocimiento canónico de la fraternidad” y agregó: “Permítanme, sin embargo, señalar que la superación de las dificultades doctrinales no significa que las posiciones de la FSSPX sobre determinados aspectos que no son del dominio de la fe, sino más bien la preocupación de temas pastorales o de la enseñanza prudencial del Magisterio, los que tienen que ser retirados o cancelados por la Fraternidad. El deseo de proseguir el debate y en un estudio más profundo de temas tales como estos que son un problema para la Fraternidad San Pío X, en vista de las ultimas especificaciones y aclaraciones, no sólo es aún posible, pero – al menos en mi opinión- es deseable y debe fomentarse. En consecuencia, no pedimos que sean menos exigentes en un cierto número de temas“.
Un poco más adelante, el arzobispo Pozzo afirmó: “No es cierto que la Santa Sede desea forzar la Fraternidad San Pío X a capitular. Por el contrario, se les invita a ponerse a su lado, en un contexto común de principios doctrinales necesarias para garantizar una común adhesión a la fe ya la doctrina católica sobre el Magisterio y la Tradición, mientras que todavía deja espacio para el estudio y la exploración de determinados aspectos y formulaciones de los documentos del Concilio Vaticano II, y en ciertas reformas que siguieron, pero que no se refieren a cuestiones dogmáticas o doctrinalmente indiscutibles. No hay duda de que las enseñanzas del Concilio Vaticano II tienen un grado muy variable de la autoridad y el carácter convincente“.
Comentario:
En esta entrevista, el arzobispo Pozzo no dijo si él estaba hablando en su propio nombre – excepto cuando se especifica “por lo menos en mi opinión” – o en nombre de sus superiores. Tampoco sabemos si debemos considerar estas aperturas hacia la Sociedad de San Pío X como similares a las que Francisco ha hecho recientemente hacia los carismáticos. En un discurso pronunciado ante los miembros de la Fraternidad Católica de Comunidades y Asociaciones Carismáticas de Alianza, el 31 de octubre de 2014, el Papa insistió fuertemente en la noción “de unidad en la diversidad”. “La unidad no es uniformidad, no significa necesariamente hacer todo junto, o pensando de la misma manera, o la pérdida de la propia identidad”, explicó. “La unidad es en la diversidad, que es exactamente lo contrario, que es reconocer y aceptar con alegría las diferencias que el Espíritu Santo concede a cada persona y colocarlos al servicio de todos los miembros de la Iglesia.” Y le preguntó a su audiencia “no hay que olvidar que la Renovación Carismática es, por su propia naturaleza ecuménica”. En un sentido amplio como “contexto ecuménico “, las cuestiones doctrinales mencionadas por el arzobispo Pozzo son ciertamente de una importancia muy relativa.
(Fuentes: Famille chrétienne / APIC – DICI NO.304 07 de noviembre 2014).

Amenazas de excomuniones a la FSSPX pueden ser ilegales.

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LONDRES, 4 de noviembre de 2014 – La Federación Internacional Una Voce, que busca promover las tradiciones, particularmente las tradiciones litúrgicas de la Iglesia Católica Romana dentro de las estructuras oficiales de la iglesia, cuestionaron hoy la legalidad de una “notificación” fechada el 14 de octubre de 2014 emitida por la Sede Romana de Albano, Italia, donde afirma la excomunión de quienes reciban los sacramentos de, o asistan a servicios religiosos por la Sociedad de San Pío X (SSPX).

La Federación cuestiona la legalidad de otra “notificación”, en términos similares, de S.E.R. Mons. Óscar Sarlinga, obispo de la Diócesis de Zárate-Campana en la Argentina, publicada el 3 de noviembre de 2014.

La Federación, que es un movimiento laico independiente de cualquier comunidad sacerdotal o religiosa, cree que la preservación de la doctrina, legislación y justicia, así como buena práctica pastoral, dentro de la iglesia es importante. La Federación cree que estas “notificaciones” tienden a implicar que cualquier persona que haya asistido a los servicios de la SSPX no es o no será bienvenida en las parroquias en estas diócesis.

Este punto de vista es claramente contradictorio con el énfasis del Sumo Pontífice, Papa Francisco, respecto a la misericordia y perdón, así como la “apertura de corazón”, solicitada por el Papa Benedicto XVI como un preludio a una sanación o reparación de divisiones “en el corazón de la iglesia”.

El obispo de Albano, Italia, es S.E.R. Mons. Marcello Semeraro, portavoz de prensa de la Conferencia Episcopal Italiana y Secretario del Consejo interno Pontificio compuesto por 9 consejeros.

La Federación está solicitando a la Santa Sede que aconseje que estas “notificaciones” están parcialmente incorrectas y que requieren ser modificadas con el fin de cumplir con la ley canónica y las decisiones de la Santa Sede.

TRASFONDO

El 14 de octubre de 2014, la Cancillería de la Diócesis de Albano emitió una notificación a los párrocos afirmando que quien asiste a los servicios de la SSPX, incluyendo, al parecer, los niños, tal modo “rompen a comunión con la iglesia católica” y sólo pueden ser readmitidos a la Iglesia después de “un camino personal adecuado de reconciliación”. La notificación dice:

“Los fieles católicos no pueden participar en la misa, ni solicitar o recibir los sacramentos de o en la Sociedad (SSPX). Actuando lo contrario significaría romper la comunión con la iglesia católica. Por lo tanto, cualquier fiel católico que solicite y recibe los sacramentos en la Sociedad de San Pío X, se colocará él mismo, de facto, en la condición de no estar en comunión con la Iglesia Católica. Una readmisión a la Iglesia Católica debe ser precedida por una trayectoria personal adecuada de reconciliación, según la disciplina eclesiástica establecida por el Obispo.”

S.E.R. Mons. Óscar Sarlinga, obispo de Zárate-Campana en Argentina, en una carta a su diócesis con fechada el 3 de noviembre de 2014, establece:

“No es lícito para los fieles católicos participar en la celebración de la Misa en estas condiciones, ni solicitar ni recibir los sacramentos por parte de los sacerdotes de la mencionada “Sociedad de San Pío X”, incluyendo en lugares privados convertidos en lugares de culto, y sin excluir, en caso de obstinación, también incurrir en sanciones “ferendae sententiae” que pueden aplicar, según el espíritu eclesial y la protección de los fieles. En el caso de ruptura de la comunión eclesiástica por los motivos fundados antes mencionados, para ser readmitido en la Iglesia Católica (y eventualmente de la eliminación de la censura canónica), una trayectoria personal de reconciliación será necesaria, según la disciplina asesorada por la Santa Sede y la propia Diócesis, establecida por el Obispo diocesano”.

RESUMEN CANÓNICO

La actitud de la Santa Sede siempre ha sido que los fieles laicos que reciben los sacramentos de sacerdotes de la SSPX no están excomulgados. Los ejemplos son los siguientes.

A. En 1991, S.E.R. Mons. Joseph Ferrario, obispo de Honolulu (Hawái, EE.UU.), declaró que seis laicos católicos quedaron excomulgados por motivos cismáticos al haber solicitado los servicios de un obispo de la SSPX para administrar el sacramento de la Confirmación. Estos apelaron ante la Santa Sede que, a través de S.E.R. Joseph Cardenal Ratzinger como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, declaró dicho Decreto inválido porque su acción, aunque considerada reprochable, no constituía un cisma.

B. El 5 de septiembre de 2005, la Santa Sede, a través de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, afirmó que “los fieles que asisten a las Misas de la fraternidad mencionada no están excomulgados, y los sacerdotes que las celebran tampoco no lo están — de hecho los últimos, de hecho, están suspendidos.” (Protocolo n. 55/2005, firmado por el entonces Secretario de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, Mons. Camille Perl).

C. El 27 de septiembre de 2002, citado y reafirmado el 18 de enero de 2003, la Santa Sede, a través de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, afirmó “En sentido estricto usted puede cumplir con el precepto dominical asistiendo a una misa celebrada por un sacerdote de la Sociedad de San Pío X.” (Cartas firmadas por Mons. Camille Perl).

“Para romper la comunión con la Iglesia Católica”, es decir, excomunión, sólo puede incurrirse donde hay tanto una “violación externa de una ley o precepto” y es “gravemente imputable por dolo o culpabilidad” (canon 1321) y sólo si el castigo adecuado es propiamente la excomunión.

La excomunión no es la pena adecuada para quienes “participan en la misa” o “solicitan o reciben los sacramentos” por parte de los sacerdotes de la SSPX o en lugares de culto administrados por la SSPX. Por lo tanto:

A. Por consiguiente no es correcto que se incurrió en la excomunión en tal modo.

B. En ningún caso, los menores de 16 años no pueden incurrir en una penalidad (canon 1323.1); Esto aplicaría a los menores de esta edad que recibieron el Bautismo o la Confirmación.
Aún basando un argumento canónico en la suposición de que la SSPX no tiene ningún estatuto canónico dentro de la Iglesia y que sus sacerdotes están suspendidos, tras la ordenación sin las cartas dimisorias, no quiere decir que aquellos fieles laicos que busquen los sacramentos por parte de estos sacerdotes cometen un acto ilegal.

Afirmar lo contrario también entra en conflicto con la disposición canónica (canon 1335) para la suspensión de cualquier prohibición de la celebración de los sacramentos o sacramentales, o el ejercicio de potestad de gobierno, cuando uno de los fieles lo solicita para “cualquier razón justa”.

Además, las notificaciones parecen impugnar el decreto de la Congregación para los Obispos, fechado el 21 de enero de 2009 respecto al levantamiento de las excomuniones de los obispos de la SSPX y en cambio parecen que quieren volver a imponer las excomuniones, dentro de cada diócesis, contrariamente al decreto emitido por esta Congregación de la Santa Sede.

Por otra parte, sería incongruente por el legislador levantar la excomunión de los Obispos (de la SSPX) al imponer o mantenerla en los fieles laicos a quienes ministran.

CONCLUSIÓN

La Federación está obligada así a cuestionar las notificaciones ya que parecen socavar la legislación pontificia y el Derecho Canónico.

Tomado de Stat Veritas