Aparición de la Santísima Virgen en Lourdes

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Desde el 11 de febrero hasta el 16 de julio de 1858 cuatro años después de la definición de la Inmaculada Concepción por Pío IX, se apareció la Virgen Santísima dieciocho veces a Bernardita Soubirous, pastorcita de catorce años en la gruta de la roca Massabille, en Lourdes. El 25 de marzo dijo a esta niña: «Yo soy la Inmaculada Concepción». Desde entonces se ha convertido Lourdes en un centro de peregrinación, donde multitudes de todo el mundo se suceden, deseosas de testimoniar su devoción a María. Innumerables curaciones y conversiones han hecho de el un lugar privilegiado de gracia, al mismo tiempo que de oración.

¡Oh Dios!, que por la Inmaculada Concepción de la Virgen preparaste a tu Hijo digna morada, te rogamos, suplicantes que, celebrando la aparición de la misma Virgen, consigamos la salud del alma y del cuerpo.

Oración Colecta de la Santa Misa del día.

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El Santo nombre de María.

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“Qué privilegio y qué dignidad las tuyas, Virgen María, que sin menoscabo de tu integridad te ves Madre del Salvador. Oh Virgen, Madre de Dios, el que no cabe en todo el orbe, hecho hombre, se ha encerrado en tu seno”.

Según costumbre de los judios, ocho días después del nacimiento de la Virgen, sus padres le impusieron el nombre de María. La liturgia, que ha fijado algunos días después de Navidad la fiesta del santo nombre de Jesús ha querido instituir también la fiesta del santo nombre e María poco después de su Natividad. Celebrada primero en España, esta fiesta fue extendida a toda la iglesia por el papa Inocencio XI, en 1683.

El nombre hebreo de María, en latín Domina, significa Señora o Soberana; y eso es ella en realidad por la autoridad misma de su Hijo, soberano Señor de todo el universo. Gocémonos en llamar a María Nuestra Señora, como llamamos a Jesús Nuestro Señor; pronunciar su nombre es afirmar su poder, implorar su ayuda y ponernos bajo su maternal protección.