Asunción de la Santísima Virgen

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Dichosa me llamarán todas la generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el Poderoso.

“María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo”. San Agustín.

Dogma proclamado por Pío XII, según el cual al final de su vida terrestre, la Virgen María fue elevada en cuerpo y alma, a la gloria del cielo. Así el 1 de noviembre de 1950 se publicó la bula Munificentissimus Deus en la cual el Papa, basado en la tradición de la Iglesia católica, tomando en cuenta los testimonios de la liturgia, la creencia de los fieles guiados por sus pastores, los testimonios de los Padres y Doctores de la Iglesia y por el consenso de los obispos del mundo, declaraba como dogma de fe la Asunción de la Virgen María.

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El Santo nombre de María.

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“Qué privilegio y qué dignidad las tuyas, Virgen María, que sin menoscabo de tu integridad te ves Madre del Salvador. Oh Virgen, Madre de Dios, el que no cabe en todo el orbe, hecho hombre, se ha encerrado en tu seno”.

Según costumbre de los judios, ocho días después del nacimiento de la Virgen, sus padres le impusieron el nombre de María. La liturgia, que ha fijado algunos días después de Navidad la fiesta del santo nombre de Jesús ha querido instituir también la fiesta del santo nombre e María poco después de su Natividad. Celebrada primero en España, esta fiesta fue extendida a toda la iglesia por el papa Inocencio XI, en 1683.

El nombre hebreo de María, en latín Domina, significa Señora o Soberana; y eso es ella en realidad por la autoridad misma de su Hijo, soberano Señor de todo el universo. Gocémonos en llamar a María Nuestra Señora, como llamamos a Jesús Nuestro Señor; pronunciar su nombre es afirmar su poder, implorar su ayuda y ponernos bajo su maternal protección.