Asunción de la Santísima Virgen

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Dichosa me llamarán todas la generaciones, porque ha hecho en mí grandes cosas el Poderoso.

“María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo”. San Agustín.

Dogma proclamado por Pío XII, según el cual al final de su vida terrestre, la Virgen María fue elevada en cuerpo y alma, a la gloria del cielo. Así el 1 de noviembre de 1950 se publicó la bula Munificentissimus Deus en la cual el Papa, basado en la tradición de la Iglesia católica, tomando en cuenta los testimonios de la liturgia, la creencia de los fieles guiados por sus pastores, los testimonios de los Padres y Doctores de la Iglesia y por el consenso de los obispos del mundo, declaraba como dogma de fe la Asunción de la Virgen María.

Oración a la Virgen de Guadalupe

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Préstame Madre tus ojos, para con ellos poder mirar, porque si con ellos miro, nunca volveré a pecar.Préstame Madre tus labios, para con ellos rezar, porque si con ellos rezo, Jesús me podrá escuchar.Préstame Madre tu lengua, para poder comulgar, pues es tu lengua patena de amor y santidad.Préstame Madre tus brazos, para poder trabajar, que así rendirá el trabajo una y mil veces más.Préstame Madre tu manto, para cubrir mi maldad, pues cubierta con tu manto al Cielo he de llegar.Préstame Madre a tu Hijo, para poder yo amar. Si tu me das a Jesús, qué más puedo yo deseary ésta será mi dicha por toda la eternidad. Amén.

San Pío X

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Santa María estaba muy presente en el corazón del Papa Pío X, le gustaba llevar entre manos el santo Rosario. Diariamente visitaba la gruta de Lourdes, en los jardines Vaticanos. Interrumpía cualquier conversación para invitar a sus interlocutores al rezo del Angelus. Como preparación inmediata para el acontecimiento del 50 aniversario de la proclamación de la Inmaculada Concepción publicó su encíclica Ad diem illum.

 

María es el camino más seguro hacia Jesús

La razón por la que el cincuenta aniversario de la proclamación de la inmaculada concepción de la Madre de Dios debe provocar un singular fervor en el pueblo cristiano, radica para Nos sobre todo en lo que ya Nos propusimos en la anterior carta encí­clica: instaurar todas las cosas en Cristo. Pues ¿quién no ha experimentado que no hay un camino más seguro y más expedito para unir a todos con Cristo que el que pasa a través de María, y que por ese camino podemos lograr la perfecta adopción de hijos, hasta llegar a ser santos e inmaculados en la presencia de Dios? En efecto, si verdaderamente a María le fue dicho: Bienaventurada tú que has creí­do, porque se cumplirá todo lo que el Señor te ha dicho 4, de manera que verdaderamente concibió y parió al Hijo de Dios; si realmente recibió en su vientre a aquel que es la Verdad por naturaleza, de manera que engendrado por nueva manera y con nueva natividad… el invisible en su divinidad se hiciese visible en nuestra humanidad 5; puesto que el Hijo de Dios hecho hombre es autor y consumador de nuestra fe, es de todo punto necesario reconocer como partícipe y como guardiana de los divinos misterios a su Santísima Madre en la cual, como el fundamento más noble después de Cristo, se apoya el edificio de la fe de todos los siglos.

Extracto de la encíclica Ad diem illum.